blogeditor · 9 de diciembre de 2013
Por: Verónica Granados
¿Cómo hablar de Mandela y ser objetivos? En mi cabeza vienen sólo buenos pensamientos. Vienen palabras que el lenguaje apenas alcanza a expresar: bondad, compasión, sed de justicia, paz, reconciliación, perdón, tal como lo mencionó el arzobispo Tutu en su artículo del día siguiente a la prensa sudafricana.
Hay una canción de Johnny Clegg (compositor y cantante sudafricano) dedicada a Mandela. Se llama Asimbonanga, que significa : cruzar el río ardiente. Escribió esta canción en 1986, la peor década del apartheid.“Mandela, llévanos a cruzar el agua ardiente. Sálvanos”.
Con todo y la pobreza, poco crecimiento económico y corrupción del gobierno, Mandela si cruzó el agua ardiente para los sudafricanos y aunque el país está lejos de ser la utopía hecha realidad, la lucha encabezada por Mandela, los hizo ciudadanos.
En muchas imágenes de la TV escuchamos a Mandela en una rueda de prensa decir: “está en sus manos ahora”…y “ustedes no me llamen; yo los llamaré”.
El “gran árbol del Baobab ha caído, pero sus raíces habrán de nutrir el suelo para siempre”, declara el Congreso Nacional Africano (CNA), y no habría mejor metáfora que ésta para describir lo que es Mandela para Sudáfrica. Un gran árbol que rindió frutos hasta su último aliento, pero que vuelve a la tierra para quedarse ahí, floreciendo.
Mandela no querría, sin embargo, ser idealizado ni tratado como un santo. Muy lejos de otros líderes carismáticos que quisieran monumentos y lugares especiales para su póstuma adoración, Madiba quería pasar la estafeta a su pueblo, su pueblo de negros y blancos, su nación arco iris que logró reinventarse y que ahora canta un mismo himno…en cinco idiomas.
Mandela es un hombre donde pensamiento, palabras y acciones son congruentes. De nada valen las palabras y el pensamiento si no son respaldadas por acciones, como tristemente demostró Heidegger en su tiempo (quizás el más importante filósofo del siglo XX- se une al partido Nazi en Alemania y “traiciona” a todos sus colegas, judíos y no judíos, pero sobre todo, traiciona al pensamiento mismo).
Mandela bien decía que el apartheid no sólo era inmoral sino estúpido. Yo creo que se refería justamente a eso, a la irracionalidad y estupidez de un sistema fundamentado en la diferencia racial. El episodio nazi de Heidegger molesta justamente por eso: por la ausencia de razón en un hombre de la estatura intelectual de Heidegger.
Mandela siempre hizo hincapié en que su liderazgo tenía raíces en cosas mucho más grandes que su propia persona. Su estatura moral estaba basada en principios y valores que venían de varias tradiciones. Siempre admiró la ley, el derecho, y su idea de paz estaba ligada a principios democráticos y de justicia. El llamado a las armas de UmkhontoWeSizwe (el ala armada del CNA) nunca fue atacar asentamientos humanos, solo símbolos del régimen del apartheid.
El radicalismo per se no era válido, las batallas deben servir siempre a la causa por la que se lucha sin romper la concepción ética de los ideales que fundaron dicha causa, nada que pueda oscurecer la visión de los líderes es aceptable.
Eso era Mandela, un hombre con los ojos abiertos (que irónicamente se quedó prácticamente ciego por picar piedra caliza en Robben Island)…
Es increíble escuchar a los líderes de las naciones, empezando por Obama, hablar de Mandela. Nadie está leyendo un libreto, hay expresiones de verdadero dolory duelo, de admiración y respeto en cada uno de ellos. Los noticieros, los portavoces de las agencias de noticias, miraban hacia abajo, hacían pausas largas, tragaban saliva…como aguantando un nudo en la garganta.
Mandela fue un verdadero líder, de los que luchan no por su engrandecimiento personal sino por el bien de aquellos que lo siguen (y también por el bien de los que no lo siguen).
Las palabras de Obama: “él pertenece a la historia ahora…” nos dicen bien que su legado es para la humanidad entera, no sólo para Sudáfrica.
Hay varias anécdotas que contar:
Oprah Winfrey que conoció a Mandela y pasó días en su casa dijo cosas muy lindas y ciertas de Mandela. Dijo que si pudiésemos emular una ínfima fracción de lo que fue Mandela, si pudiésemos emular un poco de su coraje y humildad, seríamos mejores seres humanos.
Otra anécdota narra como una vez estaba Mandela con Bono, quien le preguntaba cómo había conseguido que MargaretThatcher (ex primer ministro del Reino Unido) le hiciera una donación de 20mil libras para su fundación, si era bastante cuidadosa de su cartera. Mandela le contestó que “nunca se consigue lo que se quiere si no se pregunta” y luego, en un tono de cómplice, le confiesa a Bono que varios de sus colegas se enfurecieron y le dijeron: “¿qué no trató Margaret Thatcher de eliminar nuestro movimiento en su momento?” a lo que él les contestó: “¿Y qué De Klerk, no aplastó a nuestra gente como si fuesen moscas? Pues la semana que entra tomo el té con él y quién creen que va a pagar la cuenta…”. Todo con aquél sentido del humor característico de Mandela.
Creo que el momento del premio Nobel de la Paz junto a De Klerk es una imagen que debemos evocar. Tan indignante como puede parecer ver a un hombre como Mandela compartir el premio Nobel con un miembro y representante del Apartheid, la imagen es una verdadera epifanía en el sentido de que retrataba bien lo que Mandela deseaba que sucedería en Sudáfrica: una reconciliación y un perdón, la paz con el afrikáner.
Poco después Mandela echaría a andar la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, tan criticada como ha sido por muchos: blancos y negros dentro y fuera de Sudáfrica, la TRC por sus siglas en Inglés, fue un momento fundacional de la nueva Sudáfrica, y fue el último, de una larga lista de recursos, que ayudó a evitar la guerra y la venganza.
Es verdad que la etimología de la palabra amnistía es amnesia, falta de memoria, olvido. Sin embargo no es que Mandela haya dado el mandato de olvidar y seguir adelante. Yo prefiero oponer los términos PERDÓN en lugar de VENGANZA a los comúnmente utilizados por los críticos de la TRC: OLVIDO en lugar de JUSTICIA.
Creo que aquellos críticos y pesimistas con respecto de la comisión, se les olvida que Mandela puso el ejemplo: salió de la cárcel a hablar de perdón y reconciliación. Y es con su ejemplo que se legitima su petición de perdonar a los blancos.
UBUNTU es la palabra que se usó para tratar de reconciliar el concepto occidental del perdón con el concepto africano.
UBUNTU es uno de esos términos intraducibles, pero la poeta Sudafricana (afrikáner) AntjieKrog, en su hermoso y muy recomendable libro “Country of my Skull” intenta una definición, una traducción: UBUNTU es un término que apela a concepciones africanas de harmonía del individuo con respecto a su comunidad y que se puede resumir en la siguiente fórmula: yo SOY por que nosotros SOMOS y como nosotros SOMOS por lo tanto YO SOY. Una persona es humana no como una entidad individual sino justamente por estar envuelta en la comunidad con otros seres humanos.
Creo que de eso se trató la reconciliación y ese es el legado de Mandela a fin de cuentas. No podemos existir sin los otros. Y esos otros son de todos colores.
Para Sudáfrica era UBUNTU o la guerra generalizada. Ubuntu también podría traducirse, si queremos, como PAZ. Es un concepto de paz, más que de perdón.
El filósofo Jacques Derrida dice que hay tal cosa como el perdón imposible: lo imperdonable, el crimen contra la humanidad. Sin embargo, ese perdón imposible fue dado, en un, también imposible, acto de generosidad por Nelson Mandela (recién salido de 27 años en la cárcel, veintitantos de trabajos forzados), quien invitó sus congéneres a hacer lo mismo.
En Mandela, lo imposible cobra vida.
Me quedo con varias imágenes:
Una muy personal: mi suegra, una mujer blanca afrikáner, arrodillada en la cocina fregando el piso porque algo había ensuciado el suelo…yo le digo: pero Gail, no dejas que lo haga la empleada? (quien estaba preparando el té); a lo que ella me responde: “nadie nunca, nadie de su raza, se va a arrodillar en mi casa, ella va a estar de pie, yo me arrodillo…”
Otra imagen: Mandela, en 1989, va a ver al entonces presidente P.W. Botha. Llevaba un traje nuevo y zapatos nuevos. El guardia de la prisión (pues seguía preso aunque con libertades limitadas y empezaban las pláticas para su liberación) se da cuenta que llevaba las agujetas desabrochadas- después de tantos años de no usar agujetas, pues estaban prohibidas en la cárcel. Mandela había olvidado como hacerlo. El guardia de la prisión, un guardia blanco, afrikáner, se arrodilló para amarrar las agujetas de Mandela.
Yo me quedo con dos voces que me recuerdan estas dos acciones, la de mi suegra y la del guardia arrodillado frente a Mandela.
Escucho la voz de AntjieKrog en su hermoso poema con el que termina el libro mencionado, la oigo llorar cuando dice:
“perdón, perdón perdóname
a ti, (a ustedes) ha quien he hecho daño
por favor,
llévame”
contigo”.
Y oigo las voces negras, a las que se unen las voces blancas, cantar el bellísimo himno: Nkosi Sikeleli Afrika:
“Sí, te perdonamos y que Dios salve a Africa”.
Adios Madiba.
MADIBA, PARA SIEMPRE MADIBA.
* Verónica Granados estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Es Maestra en Filosofía (Middlesex University, Londres), Doctoranda en Filosofía (UIA) y Pasante de Maestría en Psicoanálisis (Centro Eleia)