Daniel Gershenson · 28 de marzo de 2011
Con gratitud y la admiración de siempre, al Maestro Jesús Robles Maloof.
La fecha fijada fue el lunes 21 de marzo. Un grupo de ciudadan@s trazaríamos una banqueta para peatones a todo lo largo de Puentes de los Poetas, porque sus constructores: COPRI, promotora de carreras políticas, proyectos inmobilliarios ecocidas y vías rápidas de cuota como la Supervía y el Viaducto Bicentenario no se tomaron la molestia de incorporarla al diseño de este acceso de Avenida Centenario a Santa Fe. Era un día feriado, y la escasa afluencia de automóviles facilitaría los trabajos, que duraron cuando menos siete horas.
El experimento se había realizado con éxito, con alta participación inspirada en el ejemplo de diversas ONG de Guadalajara, cuyos representantes lograron habilitar una ciclovía largamente anunciada sólo en el discurso por las autoridades municipales en esa ciudad.
Finalmente, y como en el caso de nuestros amigos y colegas tapatíos, la sociedad civil actuaba en defensa del interés público: de forma civilizada, y llenando los vacíos institucionales dejados por actores mucho más interesados en favorecer a sus aliados en las empresas.
Bien poco nos duró el gusto. Las y los peatones que tienen que arriesgar sus vidas sorteando el tráfico en esa vía rápida, tuvieron que regresar al riesgo cotidiano cuando dos días después fue borrada la línea verde (y los esténciles, y cualquier otro rastro de independencia) que con tanto trabajo y entusiasmo se habían colocado a todo lo largo de ese camino.
Trascendió que había sido la Asociación de Vecinos de Santa Fe (grupo subsidiado por el Gobierno del Distrito Federal y controlado por los especuladores inmobiliarios de marras), el que había solicitado eliminar esta pequeña concesión a la movilidad alterna en tiempo récord, y que el titular de Obras Fernando Aboitiz incluso había desdeñado nuestros esfuerzos, tachándolos de ‘clandestinos’.
Quedó palmariamente demostrada la relación casi incestuosa que existe entre las autoridades del Distrito Federal -quienes se ostentan como defensoras del Medio Ambiente y la sustentabilidad- y compañías que se han dedicado a depredar el entorno urbano con seudosoluciones que sólo nos remiten a repetir el pasado de urbes como Los Ángeles o Seúl, que tratan de desandar el camino que eligieron en los años cuarenta o cincuenta, y que produjo interminables carreteras urbanas, tráfico fuera de control, una desertificación irreversible, desorden generalizado y la consecuente degradación del tejido social en esas ciudades.
Era predecible el repudio tajante: otra vuelta de tuerca en contra de las propuestas de la sociedad civil por parte de la administración que encabeza Marcelo Ebrard. Ya se habían rechazado mañosamente las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), en el sentido de suspender la construcción de la Supervía: obra viciada de origen, mediante una improcedente “aceptación parcial” y una consulta a modo mientras continúan los trabajos ininterrumpidos.
Lo verdaderamente novedoso fue la forma y los medios utilizados para reiterar el desdén por las causas ciudadanas y el cinismo que campean en el entorno inmediato de la Corte de los milagros ebradistas.
En enero ya se habían descarado dos operadores del GDF en redes sociales, quienes quedando bien con el jefe se solazaban hace algunas semanas por la (imaginaria) ‘putiza’ tuitera propinada por uno de ellos a Andrés Lajous, después de que éste publicara su más certero artículo exhibiendo las carencias y verdaderos alcances de la Supervía.
Ahora le tocaría a Marcelo Ebrard externar su molestia. La madrugada del 24 de marzo, a unas horas de que sus huestes defendieran la cancelación de nuestra #wikibanqueta, tuvo a bien enviarme un críptico tuit desde su cuenta oficial. Decía a la letra:
“Se ve para quién trabajas.”
Era su típico modus operandi. Marcelo tiraba la piedra y escondía la mano. Como suele ocurrir en estos casos, su exabrupto desató una polémica [#seveparaquientrabajas] que reveló a las claras el abismal desconocimiento que existe entre algunas personas del trabajo de las Asociaciones Civiles legítimas en México. También, la prevalencia de opiniones que valoran la devoción irrestricta que ‘se merecen’ las figuras de autoridad, ante actitudes críticas que son interpretadas como un sacrilegio por sus detractores.
A Ebrard lo derrotó un acceso de incontinencia verbal en agosto de 2006, cuando cuestionó a 100 intelectuales que habían firmado un exhorto a la cordura después de las elecciones federales. En aquella ocasión, pronunciaba una frase memorable. “A ellos les decimos que abran los ojos y cierren las carteras”. No podía esperarse otra reacción.
Tampoco le eran ajenos los esfuerzos de distintas Asociaciones Civiles y grupos ciudadanos por implantar un régimen de Acciones Colectivas de vanguardia en el Distrito Federal durante la IV Legislatura de la Asamblea.
Ante el impasse federal que significó un intento de descarrilar las negociaciones que se llevaban a cabo en las dos Cámaras durante marzo del 2009, se llevó a cabo un gran esfuerzo a nivel local que pudo dictaminarse a favor gracias al apoyo de tres fracciones parlamentarias, incluyendo la mayoría de los perredistas ahí representados.
La capital pudo haber hecho historia (como ocurrió en otros temas sociales de avanzada), pero nuestro proyecto nunca se subió para su aprobación en el Pleno. La razón fue el veto directo de Ebrard, quien se negó a incluir este tema durante el periodo extraordinario que pactó con las fracciones involucradas.
Trascendió que Jorge Gaxiola, uno de los cabilderos empresariales y bancarios (quien dicho sea de paso, redactó la pésima propuesta federal de ley secundaria que en días próximos deben rechazar los diputados), participó en ese entonces como “asesor” (sic) de la Consejería Jurídica del GDF.
Es obvio que desde el principio de su gestión, el Jefe de Gobierno contemplaba la posibilidad de fortalecer sus aspiraciones políticas mediante el uso intensivo del bulldozer, sin legitimaciones enfadosas a favor de los Derechos Humanos, el Medio Ambiente o grupos vulnerables. Como alumno aventajado, buen priísta y mal privatizador, había que seguir condenando a los grupos que no le son afines al ostracismo.
Tuvo incluso la oportunidad de defender lo indefendible. En ese entonces y durante una emisión del programa de Carmen Aristegui en la radio, se comprometió en público a presentar una iniciativa ‘mejorada’ de Acciones Colectivas cuando yo externé mi desconcierto con ella después de que el tema se consignó al basurero de la ALDF en 2009. Obviamente, nunca tuvo la intención de hacerlo. Seguimos esperándolo.
La crónica de sus abusos de autoridad y simulaciones sigue incrementando ejemplos diversos. Intimida con operativos de seguridad desmesurados a vecinos directamente afectados por su carretera urbana; ‘encapsula’ y agrede, por la misma vía, a grupos feministas que reclamaron justicia por el asesinato de Marisela Escobedo en Reforma y frente a la PGR; permite que la Procuraduría del DF urda un montaje que derivó en el arresto de tres jóvenes ambientalistas que le ‘hacían sombra’ repartiendo volantes durante la cumbre de Alcaldes que tuvo lugar en la Ciuidad de México. La lista de abusos adicionales es mucho más extensa, e incluye la privatización de Áreas Verdes emblemáticas para construir un estadio en Azcapotzalco, entre otras lindezas.
No es de extrañar el sesgado pragmatismo del alcalde verde. Sus compromisos reales en la materia no resisten la prueba del ácido, pues están supeditados a contingencias electorales. Requiere de grandes apoyos empresariales para abrir la esclusa del financiamiento, y para eso se requiere pensar a lo grande.
La paupérrima calidad de su gabinete únicamente ha servido para obnubilarlo, porque no hay nadie dispuesto a enmendarle la plana. Martha Delgado, su secretaria del Medio Ambiente se pronunció en contra del segundo piso de López Obrador cuando era diputada local. Ahora se ha vuelto principal defensora de la Supervía y la ampliación de los segundos pisos (porque como lo ha expresado con elocuencia, el DF ‘no es la Selva Lacandona’).
Marcelo Ebrard trabaja para consolidar el culto a su personalidad, y la ‘necesidad’ cortoplacista de contar con un candidato confiable para los peores intereses en México (los mismos que descollaron durante el sexenio de Carlos Salinas, y que se embarcaron en proyectos tan elefantiásicos e inviables como Santa Fe). Sabe que las causas ecológicas no me son ajenas, porque llevo más de cinco años tratando de convencer a las autoridades que la pérdida acelerada de nuestro Patrimonio Ambiental es una de las grandes tragedias de ésta, y otras grandes ciudades de México.
Se han establecido canales de comunicación con el GDF para garantizar que el Juicio Ciudadano al Estado Mexicano promovido por el Movimiento Cinco de Junio (que tendrá lugar en el Zócalo el domingo 29 de mayo a las 11 horas), transcurra sin contratiempos.
Al hacer cuestionamientos insidiosos hacia mí, Ebrard desvirtúa por asociación la labor de otras agrupaciones con las que he tenido la oportunidad de interactuar.
¿Por qué lo sigue haciendo? Porque para él, l@s que no formamos parte de su clientela: que no somos sus incondicionales, nos convertimos automáticamente en sus enemig@s. Tanto, como Úrsula Esquivel, quien demostró su abierto (y valiente) rechazo a la Supervía durante una ceremonia oficial en la que fue premiada.
Habrá que seguirle demostrando a @m_ebrard, que la ciudad de México ya es otra. Los usos y costumbres del DDF camachista de los noventa, son cosa del pasado.