blogeditor · 25 de marzo de 2014
La filósofa española Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, a la que sigo con atención, plantea que en una sociedad pluralista y compleja no basta con la enseñanza de la moral y se hace necesario el aprendizaje de la ética.
Las fuentes de la inspiración moral, dice, son la familia, los amigos, la escuela, las redes sociales y los medios de comunicación, pero nadie puede asegurar que estas influencias enseñen necesariamente lo que es mejor moralmente.
[contextly_sidebar id=”88349d143cc4f12a53c9825ddde2527f”]Por esto mismo es indispensable, es una exigencia de las sociedades pluralistas y complejas, que se enseñe la ética. Debe ser objeto de estudio y parte del currículo escolar y universitario tanto la ética general como también de las profesiones (deontología).
La enseñanza de la ética, que ahora no forma parte del currículo de la preparatoria, que era donde antes se enseñaba, y tampoco está en el de las distintas carreras universitarias, a no ser la de filosofía, debe estar presente en las aulas.
En la Maestría de Comunicación de la Ibero, desde hace cinco o seis años, enseño la materia Ética y Medios. A mis alumnos planteo que esta reflexión de segundo grado, que no es evidente, resulta fundamental, para su vida y el ejercicio de su profesión.
La ética nos ayuda a reflexionar sobre cuál debe ser el mejor comportamiento del ser humano, en independencia o más allá de la moral que se nos transmitió en la familia o los principios de la religión que profesemos.
Es absolutamente necesario como lo plantea Fernando Savater, citando al filósofo alemán Odo Marquerd, distinguir con mucha claridad que no es lo mismo tener conciencia moral que convertirse en conciencia moral de los demás.
“Tener conciencia moral, dice Savater, es algo que desasosiega y obliga a una permanente autocrítica: en cierta forma, tener conciencia es siempre tener mala conciencia” y añade que “eso puede arreglarse convirtiéndose uno mismo en la conciencia moral que critica a los demás y les recuerda los altos deberes que han vulnerado: de ese modo, la conciencia es siempre para uno buena conciencia”.
El ser éticos implica la exigencia personal del cumplimiento de los valores que plantea la ética, pero no en convertirse en juez y conciencia moral de los otros. La historia demuestra con mucha evidencia que en la medida que ocurre lo segundo se deja precisamente de ser ético.
En términos bíblicos sería aquel pasaje que hace referencia a siempre estar listos para ver la paja en el ojo ajeno y la incapacidad de ver la viga en el ojo propio, que no es más que la justificación, precisamente, para no vivir la ética personal.