¿Para qué buscar el negrito en el arroz?

Alejandro Martí · 30 de marzo de 2011

Hace unos días fuimos testigos de un evento sin parangón en nuestro país: la firma de un pacto, voluntario, entre los principales medios de comunicación para acordar criterios mínimos editoriales y de seguridad en la cobertura de los hechos de violencia. En lo personal celebro este acuerdo porque evidencia que más allá de las legítimas diferencias que puede haber entre los distintos medios, existe el fin ulterior de contribuir a que México vuelva a ser el país tranquilo que todos deseamos que sea. Los dueños y directivos de televisoras, periódicos, radiodifusoras y páginas de internet que rubricaron el documento dieron un gran ejemplo. Hoy el país enfrenta circunstancias extremas que obligan a plantear soluciones creativas y, por qué no, extraordinarias.

Claro que el acuerdo es perfectible y evidentemente no puede satisfacer a todo mundo, sobre todo tratándose de algo tan difícil de homogeneizar como la política editorial de medios que luchan todos los días precisamente por diferenciarse, pero no debemos perder de vista que es el primer ejercicio de esta naturaleza.

Aunque era previsible la aparición de esas voces que ven cualquier cosa con sospechosismo y advierten las más descabelladas conspiraciones en todo lo que no vaya con su forma de pensar, no deja de sorprenderme que a estas alturas del partido haya quien le siga regateando su apoyo a iniciativas como esta, sobre todo cuando las críticas por lo regular no vienen acompañadas con propuestas. No se vale decir eso está mal sin proponer cómo podría hacerse mejor.

No se trata de alinearse para tratar de escamotear la crítica o sesgar la realidad. Al contrario, como bien decía Pascal Beltrán del Río en Twitter: la firma de este acuerdo provocará que haya una mayor atención de la ciudadanía sobre cómo se aborda el tema de la violencia en los medios y eso, a mi parecer, ya es ganancia.

Y en este punto tenemos que tener muchísimo cuidado, porque la repetición y la escalada de abominaciones cometidas por los delincuentes tarde o temprano terminan por insensibilizar a la opinión pública. No pueden dejar de dolernos y de indignarnos las atrocidades de quienes piensan que por tener un arma pueden violentar la vida de los demás. No podemos convertirnos en cómplices pasivos que ven la desgracia ajena con indiferencia.

Por eso es importante este alto en el camino, por eso es importante que se abra la reflexión y el debate. Que quienes no estén de acuerdo lo digan y planteen otros métodos. Todo lo que sea en favor de la concientización y la acción ciudadana es bienvenido.
Lo que no se vale es insistir en encontrar el negrito en el arroz sin propuestas, sin alternativas. Porque ahí sí, sin querer o queriendo, le están haciendo el juego a quienes hoy tienen secuestrada la tranquilidad de todo el país.