blogeditor · 1 de febrero de 2016
Por: José Domingo Schievenini (@DomSvn)
Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, […]
Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, toda planta verde les será para comer. Y fue así.
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.
(Génesis, 1:29,1:30 y 1:31)
En México, aproximadamente el 90% de la población profesa, de algún modo u otro, la religión católica.[i] Aunque dentro del imaginario de esta religión se condena el consumo de drogas ilegales, es difícil precisar por qué fumar mariguana —con fines medicinales o recreativos— merece estigma social y castigo.
En materia de drogas, no es fácil distinguir la línea que separa represión moral de sanción judicial. Varias conductas alrededor del consumo de mariguana —incluso su exclusivo uso medicinal— son consideradas por la legislación mexicana “delitos contra la salud” y se sancionan con castigos penitenciarios de naturaleza cuasi inquisitoria. En este espacio ya hemos explorado lo retórico de esa tipificación penal y la ilegítima criminalización judicial a su alrededor.[ii] Pero poco se ha ahondado en las bases sobre las que se condena moralmente al individuo que decide —libre y responsablemente— consumir cualquier sustancia. Como sea, existe un paralelismo argumentativo entre grupos de poder: tanto gobierno como Iglesia colocan a la “salud” como el bien que pretenden proteger al prohibir la mariguana.
De acuerdo con el catecismo de la Iglesia Católica, “pecado” es toda “palabra, acto o deseo contrarios a la ley eterna.”[iii] Dado que el individuo consumidor de drogas dañinas puede afectar su “salud” (dañándose/matándose a sí mismo), el catecismo apunta que este acto transgrediría el “quinto mandamiento” (“no matarás”). Las encíclicas o cartas papales, por su parte, condenan el consumo de drogas y las “adicciones” porque atentan contra el valor sagrado de la vida, y por los daños que provocan a la “salud” y a la sociedad.[iv]
Siguiendo la lógica de la religión católica, la transgresión al quinto mandamiento por consumo de drogas no se castiga en calabozos, ni con torturas inquisitoriales (como en siglos pasados ocurría por el uso de varias plantas); este consumo se sanciona con la pérdida de la “gracia” divina y con amenaza de castigos postmortem. Cabe señalar que tanto el catecismo, como las encíclicas papales, basan su contenido en interpretaciones institucionales de los textos bíblicos. Por esto —al ser la Biblia un texto de suma complejidad hermenéutica— cientos de argumentos podrían relativizar la posición de la Iglesia en torno a las drogas en general y a la mariguana en particular. Con tan solo una revisión superficial de esos argumentos, varios apuntes pueden esbozarse:
[contextly_sidebar id=”b9XJ7c6RZyrykXVMSV5EoLECwBqcbzwv”]1) No obstante que esta planta se usaba libremente desde tiempos del Antiguo Testamento, la Biblia no hace un solo comentario condenando el cannabis; 2) sin perder de vista su lenguaje y estructura metafórica, el Génesis implica bondad intrínseca en toda “planta verde” (ver epígrafe de este artículo); 3) la droga más común en el lugar y tiempos donde se desarrollaron los pasajes bíblicos (la uva fermentada) ha llegado a tener significado ritual no obstante que también puede “matar”, generando “adicción” y dañando la “salud”; 4) a Jesucristo se le atribuye la contundencia de estas palabras: “Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura. Lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. El que tenga oídos que escuche”[v]; 5) son particularmente interesantes las hipótesis sobre profecías y testimonios evangélicos resultado de experiencias mágico-místicas inducidas —no sólo por los efectos del vino— sino por el consumo de diversas clases de enteógenos[vi]; 6) a lo largo de dos mil años los textos bíblicos han sido objeto de todo tipo de interpretaciones, muchas de las cuales son criticadas por responder a una intención institucional que busca sosegar a sectores subalternos de la sociedad.[vii]
En el siglo XVI, el primer obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, impulsaba abiertamente el cultivo de cannabis.[viii] Y nadie lo acusaba de pecador. Tiempo después, cuando los indígenas la conocieron y comenzaron a usarla en curaciones y rituales (siglos XVII y XVIII), ésta y otras plantas fueron condenadas por el tribunal de la inquisición. Más tarde (siglos XIX y XX), las clases desfavorecidas y los sectores marginales fueron señalados por consumir mariguana, lo cual provocó que las sanciones ya no fuesen solamente morales, sino que se extendieron al terreno del derecho penal.
La idealización de un modelo particular de ciudadano; el miedo a grupos sociales percibiendo la realidad desde perspectivas alternativas; la industrialización de sustancias; la represión de ciertos tipos de placer; así como el fomento de sociedades conformadas por sujetos distanciados (despreciándose entre sí en función de nociones impuestas de “normalidad” y “anormalidad”), son algunas de las variables involucradas en cinco siglos de prohibición.
En varios puntos de Latinoamérica, las estrategias gubernamentales de control social han encontrado un buen aliado en la argumentación moral. Esta mancuerna ha provocado que en los últimos cinco siglos ciertas conductas sean mal vistas a través del imaginario social, y que otras sean aceptadas; ¿cuántos individuos involucrados en actividades verdaderamente delictivas exigen —envueltos en delirios de superioridad moral— castigos y desprecio para los consumidores de mariguana? No deja de sorprender cómo el consumo de esta planta ha permeado en el imaginario de una parte significativa de la sociedad mexicana como un “pecado” casi de la misma magnitud que conductas delictivas como la violencia de género, la pederastia y la corrupción.
Hace un par de meses, el trigésimo quinto sucesor de Fray Juan de Zumárraga, el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, emitió una declaración que desentona con los siglos de condena moral en torno al cannabis: “sobre la propuesta para que la mariguana sea utilizada para fines de la salud, la Iglesia nunca ha tenido ningún problema en recomendar que todos los elementos de la naturaleza que sirvan para la dignificación, para la salud, para una mejor vida de los ciudadanos sea aprovechada.”[ix] El arzobispo primado incluso dio testimonio sobre su experiencia personal con los usos terapéuticos del cannabis.[x]
Norberto Rivera ya lo había señalado anteriormente: la guerra contra las drogas “tiene raíces perversas.”[xi] Y si bien el comentario que hizo sobre la mariguana fue moderado, su postura sobresale al abordar un tema por el cual, en México y Latinoamérica, miles de personas se encuentran encarceladas en condiciones inhumanas.[xii] Se trata de una problemática alrededor de la cual proliferan asesinatos en mercados ilegales, y por la que el “quinto mandamiento” ha sido más que profanado.
También, la declaración del cardenal mexicano pone el dedo sobre una llaga abierta por deficiencias institucionales que por décadas han vulnerado la salud pública. La han vulnerado, por un lado, al orillar a millones de personas a consumir una droga que se produce y comercializa en la clandestinidad, y por lo tanto es peligrosa y potencialmente dañina; por el otro lado, estas deficiencias institucionales afectan la salud pública al privar a millones de individuos de un medicamento accesible y científicamente comprobado como insustituible para el tratamiento de varias enfermedades.
Cabezas de la Iglesia Católica en Colombia y Filipinas también han hecho público su apoyo al uso medicinal de la planta.[xiii] Pero estas opiniones parecen no coincidir con la postura del Vaticano: Francisco I se ha pronunciado en múltiples ocasiones contra la legalización de las drogas.
Al analizar sus declaraciones parece que el Pontífice está preocupado por las adicciones a sustancias químicas. Sin embargo —aunque los niveles de adicción a la mariguana son prácticamente nulos—, la desaprobación de Francisco I al uso de esta planta se encuentra implícita en sus palabras. Días después de la histórica regulación estatal en Uruguay, por ejemplo, comentó: “Los intentos, aunque sean limitados, por legalizar las denominadas drogas recreativas, no solo son altamente cuestionables desde un punto de vista legal, sino que tampoco consiguen los efectos deseados”. En esa declaración también señaló que “la droga es un mal y con el mal no se pueden hacer compromisos.”[xiv]
Contenida por un discurso ideológico que la considera maliciosa/pecaminosa, la imagen de esta planta ha sido víctima de todo tipo de prejuicios. Además, al encontrarse en el terreno de la ilegalidad y el crimen, poca es la información que históricamente ha salido a la luz sobre sus efectos reales: no hay que olvidar que fue apenas hace unos cuantos años cuando ciencia y academia comenzaron a acercarse formalmente al cannabis. Sin embargo —a pesar de la represión y desinformación—, el acopio de experiencia empírica ha impulsado a contrapelo otra representación social de la mariguana: una identidad que ha trascendido a partir de la integración de la planta en un sinnúmero de prácticas culturales. Estos usos aceptados socialmente, por cierto, no se pueden reducir a solamente “recreativos” y “medicinales”: existe también un amplio espacio donde esos dos usos, y más todavía, se encuentran entrelazados.
En estos días (12-18 de febrero de 2016), Francisco I se encontrará pisando suelo mexicano. El Pontífice podría intercambiar opiniones con el jerarca de la religión más numerosa en un país aterrorizado por la guerra contra las drogas: un arzobispo que en sus declaraciones sobre el consumo de mariguana ha dejado ver una posición sensata, distinta a la del Vaticano. Tampoco estaría de más que Francisco I escuchara en voz del presidente de México las razones por las que el máximo tribunal de justicia de este país (la Suprema Corte de Justicia de la Nación) declaró inconstitucional la prohibición del consumo de mariguana[xv]: razones relacionadas directamente con la violación de derechos fundamentales y con la negligencia de aquellos que en México tienen el poder para legislar.
La institución que Francisco I representa avala tácitamente la criminalización de los usuarios de drogas. Esta posición ha influido por siglos en la aceptación de injustas leyes penales dentro de una sociedad mayormente católica, como la mexicana. Si dentro del universo conceptual de quienes profesan esa religión se considera que consumir mariguana es o no pecado, esa es una cuestión de creencias. El problema radica, más bien, en avalar políticas públicas fallidas, violatorias de derechos humanos, contrarias a la evidencia científica que constata las propiedades del cannabis.
Y sí, por supuesto que existen casos donde el consumo de mariguana implica riesgos para la salud física y mental, pero estos casos son excepcionales y podrían prevenirse con información y con un marco regulatorio orientado a proteger la salud pública, no con represión moral y judicial derivadas de la estigmatización y el castigo.
En la Biblia puede leerse aquella frase de “La verdad os hará libres”.[xvi] No hay duda de que la libertad de muchas personas se beneficiaría a partir de un posicionamiento público del Pontífice. Una declaración de Francisco I en pro del derecho a la salud de los consumidores de cannabis —y en pro de la libertad de todo ser humano—, ayudaría a evaporar el espíritu represivo impregnado por siglos dentro de algunas leyes penales en México y en decenas de países más.
El camino hacia la libertad implica consenso entre posturas diversas; la obstinación, en cambio, es el fundamento para que cada quien asuma una posición divergente y elija su propio camino. En función del punto al que ha llegado el debate público y ante la evidencia científica surgida en las últimas décadas, es indispensable que la Iglesia Católica realice una revisión conceptual actualizada en torno a la mariguana. Sin duda, esta revisión desestabilizaría uno de los pilares que sostiene la política de drogas en México y en gran parte de Latinoamérica: el pilar del dogmatismo moral.
* Jose Domingo Schievenini es Abogado e Historiador. Actualmente realiza el Doctorado en Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México.
[i] Estimación realizada a partir de cifras del INEGI, disponible aquí.
[ii] “Apología legal del consumo de mariguana en México”, disponible aquí.
[iii] Catecismo de la Iglesia Católica, Librería Editrice Vaticana, 2005. La definición de “pecado” citada en este catecismo se toma de San Agustín (Summa Theologiae, Siglo XIII).
[iv] “Carta Encíclica Humanae Vitae de S.S. Pablo VI”, 25 de julio de 1968;
“Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis del Sumo Pontífice Juan Pablo II”, 30 de diciembre de 1987; “Carta Encíclica Laudato Si del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la Casa común”, 24 de Mayo de 2015.
[v] Marcos, 7:15.
[vi] Strassman, Rick, DMT and the Soul of Prophecy. A New Science of Spiritual Revelation in the Hebrew Bible, Park Street Press, EUA, 2014; Robert McNamara (editor), The Psychology of Religious Experience, Westport, CT: Praeger/Greenwood, EUA, 2006; Roberts, T. B. (editor), Psychoactive Sacramentals: Essays on Entheogens and Religion, Council on Spiritual Practices, EUA, 2001.
[vii] Woodward, Kenneth, Making Saints: How The Catholic Church Determines Who Becomes A Saint, Who Doesn’t, And Why, Touchstone, EUA, 1996. (Esta obra fue escrita con base en una exhaustiva revisión de los archivos del Vaticano).
[viii] Zavala, Silvio, El servicio personal de los indios en la Nueva España, T.I. El Colegio de México-El Colegio Nacional, 1984.
[ix] Declaración emitida el 20 de diciembre de 2015, disponible aquí.
[x] Se refirió a “friegas” en las que se le untaba ungüentos para aliviar dolores propios del cansancio físico. Estas “friegas”, de acuerdo con varios yerberos, son resultado de macerar varios gramos de marihuana en un frasco de vidrio con un litro de alcohol. Antes de la aplicación, el contenido del frasco debe permanecer tapado, en un lugar templado, durante tres o cuatro semanas.
[xi] “Arzobispo primado opina sobre narcotráfico, aborto y zapatistas.” 25 de diciembre de 2012, disponible aquí.
[xii] Para mayor información revisar los datos presentados en: Reformas a las políticas de drogas en América Latina: discurso y realidad, Centro de Estudios Drogas y Derecho (CEDD), 2015, disponible aquí.
[xiii] “Iglesia ve con buenos ojos legalizar marihuana con fines medicinales“, El Tiempo, 13 de Noviembre de 2015; “Catholic bishops declare support for medical marijuana”, Pangea Today, 19 de Agosto de 2015.
[xiv] “El papa Francisco condenó la legalización de la marihuana”, La Nación, 20 de junio de 2104.
[xv] Comunicado de prensa de la SCJN, disponible aquí.
[xvi] Juan, 8:32.