Jorge Avila · 12 de mayo de 2026
Sé que este espacio ha sido constante en su crítica a Morena y el oficialismo, que una semana y otra también nos ofrece un nuevo ejemplo de sus errores y desinterés por el bienestar del pueblo de México, que presumen representar. El frustrado recorte al ciclo escolar para terminar el 5 de junio y no el 15 de julio como estaba programado es otro ejemplo de ello, pero tras la decisión presidencial de echar atrás esa decisión, tomada unilateralmente por el Secretario de Educación, queda poco por decir. Más bien, me gustaría enfocar mi atención a la oposición, que condenada a su irrelevancia he de admitir que pocas veces la he considerado.
El caso de Rubén Rocha Moya y 9 figuras políticas y policiacas más de Sinaloa les había dado la oportunidad perfecta para capitalizar el momento, de cara no sólo al mundial sino al próximo año electoral. Pocas son las oportunidades que ofrece la vida pública para iniciar anticipadamente una campaña electoral, ¿y qué hizo la oposición con ello? Traer a una política irrelevante de España a una gira que causó más pena ajena que emoción o polémica. En un claro gesto de internacionalismo reaccionario, la visita de Isabel Díaz Ayuso buscaba darle aire al Partido Acción Nacional, que desde su relanzamiento ha sido una absoluta nulidad.
Su bitácora de viaje es, como la propia Ayuso, gris, sin propuestas o contenidos y más pensada en dos o tres momentos qué capitalizar en redes, por lo que no merece mayor comentario, más allá de lo que parece una vacación en la Riviera Maya con costo a los ciudadanos de la Comunidad de Madrid. Más que hacer alguna denuncia de ella que, vamos, no pasa de ser una burla y el remate de un par de chistes malcontados llamado la derecha reaccionaria española, quisiera hacer un señalamiento al panismo. En realidad, creo que a nadie le hace falta el PAN hoy, es claro que la derrota que han vivido desde 2018 resolvió de manera trágica para el legado del partido lo que fue una prolongada crisis interna que inició con la derrota en las elecciones de 2012.
A pesar de ello, el señalamiento es el siguiente: su irrelevancia y terquedad es peligrosa para nuestro país. En lugar de asumir la responsabilidad pública de representar a un sector de la población que reivindica los valores cívicos liberales, y de un cierto conservadurismo social de arraigo católico, deciden darle foro en su partido a grupos y propuestas antidemocráticas, reaccionarias y de corte fascista. En vez de aceptar que la salida a su irrelevancia requiere reconciliar su proyecto con la representación de una ciudadanía que se asume de clases medias, quieren hacer propia una internacional reaccionaria que sólo los concibe como una ventanilla de entrada para desecharlos a la menor provocación.
En este momento donde el proyecto morenista empieza a mostrar sus grietas y debilidades lo último que necesitamos es una oposición de ocurrencias reaccionarias. Basta ver lo ocurrido el fin de semana en Guerrero con los ataques de los grupos Los Ardillos, o la represión morenista y monrealista a los productores de frijol y la comunidad de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Necesitamos canalizar las demandas y conflictos para evitar que el hervidero social agrave la tensión permanente en que vivimos, y eso pasa porque la gente encuentre partidos que organicen y ofrezcan soluciones.
El panismo es en gran medida responsable del México que vivimos hoy desgarrado por la violencia, entregado a empresas extractivistas y que un día sí y otro también acepta sin reservas las imposiciones estadounidenses en materia de economía y seguridad. Pero no ignoro que incluso las tendencias conservadoras necesitan salidas dentro de los marcos democráticos, antes que exabruptos reaccionarios. Y la única manera es que encuentren un partido que canalice a los sectores agraviados, que no reconocen una causa popular o progresista. Si en lugar de traer a una marioneta reaccionaria, les interesara plantear un proyecto alternativo de nación, no serían un partido irrelevante.