Un país que trataba a sus niñas y niños como parias

Redacción Animal Político · 30 de mayo de 2023

Un país que trataba a sus niñas y niños como parias

La salud moral de una sociedad se puede medir por la forma en que trata a sus niñas, niños y adolescentes (NNA). Una comunidad en la que las NNA están expuestas a la violencia, la carencia y la negligencia es una comunidad que adolece del tejido ético básico, un lugar sujeto a la ley de la selva, un lugar en donde, como decía Thomas Hobbes, homo homini lupus –“el hombre es el lobo del hombre”. A México le falta muy poco para llegar ahí.

Desprotegidos, abusados, destruidos

Las NNA mexicanas vienen al mundo en una sociedad que escatima recursos para su desarrollo y que, año con año, se da más licencias para golpearles, vejarles e ignorarles.

Por una parte, la última publicación del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) sobre la pobreza infantil y adolescente en México revela el fracaso de nuestra sociedad para proteger a las infancias de la escasez. Más de la mitad de las NNA vive en pobreza multidimensional, es decir, experimenta carencias en los espacios que habita y los servicios que hay en casa, en su alimentación, salud y/o educación. En la medición de 2020, la proporción de mexicanas(os) en esta situación fue de 43.9 %, pero si contamos solamente a las personas de 0 a 17 años, el porcentaje se eleva a 52.6 %. En el mismo reporte se destaca que las NNA son el grupo de edad más desprotegido por la seguridad social y más afectado por los bajos ingresos del hogar. Las NNA son también el grupo de edad más afectado por la pobreza extrema, pues 10.6 % de ellas y ellos está en esta circunstancia, mientras que el porcentaje se reduce a 7.6 entre las personas mayores de 18 años.

Por otra parte, cada año se incrementa el número de niñas y niños que llega a las salas de urgencia mexicanas con fracturas, crisis emocionales graves, quemaduras, contusiones y enfermedades de transmisión sexual. En 2013 se contabilizaron 3,625 casos, mientras que menos de una década después esta cifra ya alcanza los 14,000 casos anuales. Y aún en este milenio, en este mundo en el que se cuadruplicó la riqueza total en tan sólo 50 años, en México hay niñas que mueren a los diez años pesando lo que un bebé de año y medio. No hay discurso político contemporáneo que alcance a representar esta tragedia por su indiferencia, por su crueldad, por su injusticia. No hay indignación que sea suficiente comparada con la realidad.

Como si fueran parias

Este estado de privación y desprotección sólo se ve en grupos sociales sometidos a una discriminación sistemática, legitimada y legalizada por sociedades y gobiernos, como es el caso de los dalit, parias o harijan, una casta de sirvientes que aún existe en países como la India, Bangladés y Pakistán, entre otros. Los dalit, o casta de los intocables, sufren toda clase de abusos –físicos, sexuales, económicos— debido a que en los países que habitan se les considera infrahumanos, lo que en algunos casos es un estado legal.

¿Qué pasa entonces en este país que lleva décadas creando instituciones y leyes para, (supuestamente) proteger a las NNA? ¿Qué fórmula maldita de negligencia, odio y desinterés está transformando esta sociedad en un pésimo lugar para ser niña(o)?

Hagamos un contraste para ubicarnos: México, hoy en día, es un pésimo lugar para ser mujer. De acuerdo con el ranking de la Universidad de Georgetown, México ocupa la posición 88 de 170 países por las condiciones en las que viven las mujeres. Pues bien: México es aún peor para ser niña o niño, pues de acuerdo con la organización Save the Children, en este rubro México ocupa el lugar 91 de 180. En el caso de las mujeres, tenemos teorías probadas sobre el conjunto de condiciones, creencias y circunstancias que les hacen blanco de violencia dirigida, sistemática e invisibilizada. En el caso de las infancias, nuestra mejor hipótesis tiene que ver con el adultocentrismo. Como publicamos en Los invisibles (2014), las NNA en primera infancia, por ejemplo, no suelen ser la prioridad en la agenda pública debido a que sus problemas son invisibles para la mayoría de las y los mexicanos.

Detengamos el boicot al derecho a aprender

Esta conjunción de desventajas pareciera estar diseñada para truncar el porvenir de las NNA. Desde hace años, sabemos que la pobreza y la violencia afectan el desarrollo cerebral, social y emocional de NNA, lo que destruye las condiciones esenciales para el cumplimiento del derecho a aprender. En el estudio que desde Mexicanos Primero publicamos el mes pasado, por ejemplo, hallamos que las NNA que viven en hogares sin baño tienen promedios de matemáticas casi 10 puntos más bajos que las que tienen por lo menos uno. Además, las NNA que se sintieron peor tratadas durante el confinamiento tuvieron promedios en matemáticas casi siete puntos más bajos que quienes dijeron haber sido tratadas igual.

No debería ser sorpresa para nadie que ser pobre y sufrir maltrato impiden aprender. Lo que sí debería sorprendernos es el bajo nivel de importancia que le otorgan a las infancias las autoridades de los tres niveles de gobierno. A nivel federal, la degradación de mecanismos como el SIPINNA (Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes) es una medida que ejemplifica lo que no debería estar sucediendo en la política pública para las infancias. La dirección de esta evolución debería ir orientada a fortalecer el vínculo con las familias o personal de cuidados desde varias instancias de las administraciones públicas, especialmente desde la educación pública, la asistencia social y la protección integral. Es urgente crear mecanismos que garanticen compromisos creíbles por parte de todas y todos los mexicanos a fin de detener el deterioro de la vida de NNA y de todos sus derechos.

La esperanza en el porvenir debe fincarse en la confianza de que superaremos la miseria moral con la que hemos permitido que nuestras NNA vivan como parias.

@Mexicanos1o