Mala Madre · 4 de octubre de 2011
Eran miles. Llegaron puntuales a la cita en auto, micro y metro. Algunos hasta de morado se vistieron, yo los vi. Con una diligencia que envidiaría cualquier cuerpo de seguridad, controlaban boletos, vigilaban a la tropa y sorteaban con éxito el maltrato del personal de OCESA.
Arribaron al Foro Sol con el efectivo suficiente para surtir todos los recuerditos que cualquier admiradora de Justin Bieber pudiera llevar de a diez, de a diez, todo de a diez: el sello con la firma, la estrella o el corazón que al mozalbete popstar le encanta dibujar con sus manos. La pulsera, el collar, la foto “autografiada”. El banderín. Los justincitos de papel.
Después, se las arreglaron para ubicar la puerta de acceso correcta, que no fue la que decía el boleto. Miles de los asistentes tuvieron que hacer una caminata de unos 40 minutos para rodear el escenario, porque por alguna misteriosa razón ya no se podía entrar por donde estaba previsto. Hasta que, lotería, dieron con los anhelados lugares. Por fin. Lo habían logrado.
No, no hablo de las bielibers, sino de sus padres. De ellos quiero contarles hoy.
Quiero platicarles de esos progenitores que se las arreglaron para conseguir boletos. Que se organizaron para llevar a sus hijas y a las amigas de sus hijas a tan esperado concierto. Que pagaron 150 pesos por un estacionamiento público habilitado para la ocasión, en una cancha de fútbol cercana al Foro. Que guardaron un pequeño presupuesto para comprar dentro del mismo los binoculares de 70 pesos y el vaso de palomitas de 40 que no eran tal, sino esa especie de bagazo que queda en el paquete que uno mete al micro. Que dejaron algo para la salida por si se ofrecía la bufanda y la almohada de 20, el cuaderno de 50, la camiseta y el póster de 100.
De esos padres que, sobre todo, tuvieron que resolver imprevistos. Como la angustiada madre que me tocó ver en la puerta de acceso general, tratando de razonar con un funcionario de OCESA. Dentro del foro le acababan de robar los boletos que compró en Internet por ticket fast y que uno imprime por su cuenta. Tuvo la precaución de anotar los números y llevar la tarjeta de crédito e identificación oficial. Estaba esperando que su marido llegara con una reimpresión de los mismos. Le advirtieron que si ya se habían usado los boletos no podían hacer nada.
Porque en efecto, contrario al compromiso de seguridad ofrecido en la compra, no revisaban tarjeta de crédito ni identificación, sólo leían el código de barras del papel impreso, como esta mala madre lo pudo comprobar. Espero que no se hayan perdido el concierto.
También quiero contarles de esos otros padres que ni se enteraron de que el Justin deleitó a sus fans con 21 canciones de su repertorio, por enfrentarse a un personaje muy singular creado por OCESA: los bájate de la silla. Como lo leen. Se trata de la mejor forma que encontró esta empresa de resolver una pésima instalación para disfrutar de un concierto. Porque digo, para qué hacer en la explanada central un desnivel o poner gradas tipo estadio, como las que ya existen fijas en el semicírculo que forma el foro, si se puede contratar gente que se la pase todo el espectáculo peleándose con adolescentes de 12 a 15 años que lo único que quieren es ver a su ídolo.
Por suerte, las chavas de la fila de adelante iban con una mamá muy aguerrida que se la pasó conteniendo al de seguridad, un hombre joven y circunspecto que se tomó muy en serio su papel de impedir que se subieran a las sillas, en contraste con la flexibilidad que mostraron sus compañeros que vigilaban las filas subsiguientes. Resultado: las cuatro horas que duró el concierto fue un subir y bajar chamacas de los asientos, acompañado de discusiones interminables sobre esas reglas que deben ser parejas para que funcionen.
Pero en particular, quiero contarles de esos padres que, por cuestiones de presupuesto, se quedaron afuera esperando a sus hij@s. De esos padres que l@s acompañaron hasta la puerta de acceso y repasaron exhaustivamente los detalles de seguridad: ¿Traes los boletos? ¿Cargaste el celular? ¿Guardaste el dinero? Agarras bien a tu hermanita y no se separen. Me marcas cuando estén sentados y me avisas cuando ya salgan. Acá los espero.
Me tocó ver a un par de jóvenes de entre 18 y 16 años, con la hermana de unos 10. Los papás le hicieron al mayor las últimas recomendaciones y se quedaron esperando ahí las cuatro horas. Cuando salimos ahí seguían, junto con miles de padres que dentro y fuera del foro, celular en mano, coordinaban el reencuentro con sus hijos sanos y salvos.
Esos padres aprovecharon gradas, suelo y pasto para esperar a sus bodoques. Iban preparados con libros, periódicos, radios, ipods o conversaciones con las que esperaban hacer menos tediosa la espera. Los admiro porque todavía no me imagino haciendo lo mismo que ellos. Sé que me va a tocar y ni siquiera concibo todavía a qué edad mis hijas puedan ir sin nosotros a un concierto.
Y menos a un lugar como el Foro Sol, donde miles de bielibers y padres pasamos las de caín para tratar de salir del mismo. Porque explíquenme ustedes cómo, un centro de espectáculos con capacidad para unas 50 mil personas, tiene salidas por puertas tan angostas que forman peligrosos embudos.
Explíquenme por qué, con los precios que cobran, OCESA y el Foro Sol no pueden ofrecer un buen servicio y corresponder de manera honesta y profesional a esos padres y público en general que vamos preparados para pagar cantidades exorbitantes, porque ya estamos ahí. Y porque si compro palomitas a 40 pesos, lo menos que espero son… palomitas.
Porque, señores de OCESA, con precios que van de los 300 a los 8 mil pesos por boleto (los del paquete platino VIP), lo menos que pueden ofrecer es personal capacitado que oriente de manera diligente y sin riesgos por dónde se puede salir. Digo, como un detalle de su parte con esos padres que nos la rifamos por nuestros hijos y que, como buenos clientes cautivos, seguiremos asistiendo a su horroroso foro cada vez que decidan traer a México a un ídolo juvenil o al artista de nuestra preferencia.
En el Auditorio Nacional lo organizan muy bien. No veo por qué en este caso no puedan hacer lo mismo.