blogeditor · 7 de diciembre de 2011
El viernes catorce de octubre pasado, en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, Nepomuceno Moreno rompió el protocolo que el Estado Mayor Presidencial había establecido para el segundo diálogo del Ejecutivo con integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.


El padre de Jorge Mario Moreno León: secuestrado y desaparecido por policías estatales junto con tres de sus amigos, se acercó al lugar donde estaba sentado el presidente. Le entregó un sobre y fotos de su hijo, explicándole que las autoridades de Sonora no lo habían atendido. Se burlaban, incluso, de él. Con firme elocuencia, y sabedor de que contaba con poco tiempo, don Nepomuceno concluyó su relato y regresó a su lugar en la sección de invitados junto con otros familiares de víctimas y representantes de la sociedad civil.
El lunes veintiocho de noviembre al mediodía en Hermosillo, don Nepo murió frente a un Oxxo en Reforma y Eduardo Pesqueira. Lo acribillaron dentro de su camioneta -donde llevaba el estandarte con las fotos de los jóvenes desaparecidos que trajo consigo en la Marcha al Zócalo, las Caravanas y otros eventos en donde participó desde su incorporación al Movimiento- después de frenar ante un tope en el camino. A su hijo se lo habían llevado de otra tienda Oxxo, pero en la localidad de Vícam y desde la cual habló por última vez con Nepomuceno, en aquel lejano e inconcebible primero de julio de 2010. Personal de la tienda le confió que en las cámaras de la tienda se veía quiénes eran los elementos de seguridad estatal que habían secuestrado a Jorge Mario. Nunca le dieron ese material, ni las grabaciones de la caseta desde donde habían emprendido la persecución del coche donde iban los muchachos.
Nepomuceno dedicó cuerpo y alma a investigar, por su cuenta y riesgo. Descubrió que después de la desaparición forzada de su hijo, el celular había recibido llamadas de números en la Procuraduría de Sonora.

Él sabía que su vida iba a terminar así: lo compartió con muchas y muchos de nosotros, a todo lo largo del proceso que enfrentó, sólo y sin ayuda alguna del gobierno.
Nepomuceno Moreno (como lo revela admirablemente Marcela Turati en su artículo en Proceso), era un hombre condenado en toda la extensión de la palabra.
Tuve el enorme privilegio de conocer a Don Nepomuceno: un hombre que transformó su dolor en exigencia.. Un ser humano que nunca se dejó vencer por las circunstancias: que asumió una responsabilidad compartida con aplomo y el gran sentido del humor que lo caracterizaba, aunada al indeclinable compromiso de encontrar a Jorge Mario y sus acompañantes.
Formé parte del grupo que voló a Hermosillo para acompañar a su familia y amigos a su velorio, y entierro, la semana pasada.
La procuraduría estatal circuló un comunicado que prácticamente atribuía a don Nepomuceno la causa de su propia muerte. Deliberadamente filtró versiones que sabía que eran falsas.

Fuimos todos a Santa Ana, donde creció y se relacionó entre la gente que habló de él con un gran afecto y solidaridad. Platicamos con sus cinco hermanos y seis hermanas. Su madre había fallecido apenas el año anterior: el 13 de noviembre de 2010. A uno de sus hijos, a quien la procuraduría encabezada por Abel Murrieta inventó cargos y que actualmente se encuentra en prisión, lo dejaron despedirse de su padre en la funeraria veinte minutos cuando mucho.


Después de la misa en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en el centro del pueblo, a Nepomuceno lo enterraron junto a su mamá en el ejido de La Sangre. Su familia acosada por la delincuencia y funcionarios estatales, tuvo que abandonar la entidad.



A invitación expresa del titular del gobierno estatal, una pequeña comisión sostuvo una entrevista con él en su despacho. No olvidamos que Padrés había prometido no ratificar a Abel Murrieta, procurador en la administración del priísta Eduardo Bours y uno de los principales responsables de la operación de encubrimiento y protección de dueños y funcionarios a raíz del incendio en la Guardería ABC. El gobernador sugirió se formara una Comisión Especial (como suele suceder en estos casos), y por enésima ocasión pidió se le otorgara el beneficio de la duda. Únicamente con hechos se tendría que probar el alcance de su compromiso, pero no soy optimista.




Después hubo una reunión con ONG’s, quienes se comprometieron a dar seguimiento y proporcionar coadyuvancia. Habrá reunión con ellos y después con Padrés, la segunda semana de enero 2012
Hasta hoy Murrieta sigue firme en el puesto: lo mismo sucede con Juan Molinar, Daniel Karam y demás funcionarios que ratifican la vocación impune de administraciones locales, estatales y federales que actúan como si Nepomuceno Moreno -o los niños fallecidos y lesionados en la Guardería ABC, para el caso, o miles de víctimas de la violencia institucionalizada y sus seres queridos- simplemente no existieran.
Tenemos la obligación de preservar la memoria de don Nepo. Dotar de sentido su ausencia, y participar en la construcción de un país que no tolere que vidas como la suya, o la de incontables personas absurdamente sacrificadas en esta guerra interminable, sigan extraviádose en el vórtice o limbo de la desesperanza.
