Daniel Gershenson · 11 de junio de 2012
La niña nos mira y sonríe hacia la cámara, con perfecta naturalidad. La imagen fue tomada por su padre. Está ataviada como una catarina, su cumpleaños el 22 de marzo casi coincide con la llegada de la Primavera y no ha querido quitarse el disfraz bajo ninguna circunstancia. Sólo cede antes los insistentes ruegos, y permite que se lave el traje rojo sólo para volver a ponerselo en cuanto esté seco. La princesa que más admira es Fiona: la pareja de Shrek, porque es un ser independiente que sabe defenderse y nunca se deja. Como los demás cuarenta y nueve ausentes que no debieron morir; como la infinidad de criaturas que enfrentan lesiones graves y pulmones expuestos y problemas sicológicos, Emilia Fraijo Navarro posee una hermosura indescriptible y especial. Su recuerdo, plasmado en las imágenes y anécdotas de los que la amaron y conocieron es tan vívido, que imanta nuestros actos y nos la hace aún más entrañable.
A Abraham Fraijo lo conocí primero en el DF y después en Hermosillo, allá por agosto de 2009: a unas cuantas semanas del suceso que sin duda marcará más hondo este terrible sexenio de dolor y muerte. La Guardería ABC se había incendiado el viernes 5 de junio, y un grupo de padres llegó a México para manifestarse frente al edificio del Seguro Social en Reforma. Después encabezaría una Marcha hasta la representación estatal de Sonora en la Ciudad de México, que se encuentra en la calle Goldsmith de Polanco.
Abraham no fue a esa primera marcha, pero me lo encontré cuando un grupo de padres recibió la noticia de que la Suprema Corte ejercería su facultad de investigación. ‘Sabía que mi hija iba a ser una gran diferencia en México, pero nunca me imaginé a qué precio’.
La primera vez que fui a Hermosillo platiqué con los padres y otros miembros del Movimiento Cinco de Junio Unison en la Universidad de Sonora. Abordé el tema de las Acciones Colectivas y puse como ejemplo la posibilidad de que ellos demandaran preventivamente al Seguro Social, Sedesol e ISSSTE para garantizar protocolos de seguridad de Primer Mundo.
Desde entonces, hemos coincidido muchas veces. Se cambió al Distrito Federal, y vivió en la ciudad un tiempo ejerciendo la fotografía. Parte de su obra relacionada con el Movimiento fue publicada aquí en Animal Político.
A Abraham le ha tocado vivir en carne propia algunos de los momentos más difíciles y emotivos de esta lucha que parece no tener fin, pero que ha arrojado buenos resultados y se resolverá, eventualmente, a favor de los padres agraviados. Habrá un buen Reglamento para la Ley 5 de Junio que ellas y ellos mismos cabildearon en el Poder Legislativo, sin duda. Millones de niños podrán recibir cuidados de Primer Mundo en estancias infantiles gracias al trabajo incansable y desinteresado que los hizo viajar múltiples veces a la Ciudad de México.
A mediano plazo, se construirá un Memorial ABC en el sitio del trágico incendio, gracias a que no han quitado el dedo del renglón y cuentan con el apoyo y solidaridad de muchísimas personas en México y fuera del país. La Justicia es lenta, pero también tendrá que llegar.
Sin embargo, no ha sido fácil la ruta. Abraham tuvo que entregar una carta en Los Pinos durante la reunión a la que convocó Felipe Calderón para padres de Hermosillo. Le habían solicitado tener un encuentro en Hermosillo, varios papás se declararon en huelga de hambre y durante meses Calderón había escurrido ese bulto. Circularon peticiones en ese sentido, firmadas por miles de ciudadanos, que se entregaron en su oportunidad a la oficina del jefe del Ejecutivo. En este caso, la misiva demandaba su presencia inmediata.
Cuando la Ley 5 de Junio estaba en peligro de naufragar, tres padres de la Guardería ABC hablaron ante la Comisión de Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados. Gracias a ellos, el dictamen de esta ley pudo aprobarse, y votarse a favor por unanimidad en el pleno.
Abraham acompañó a Diego Osorno a varias presentaciones de su libro ‘Nosotros somos los culpables’, en víspera de las discusiones en la Suprema Corte sobre el proyecto de Arturo Zaldívar sobre el incendio de la Guardería ABC. Sus testimonios forman una parte importante de esa obra, que debería ser lectura obligatoria en escuelas.
Hace poco y después de una larga ausencia, Abraham regresó a la Ciudad de México. Participó en un evento con familiares del Casino Royale y el News Divine en el Museo de la Memoria y Tolerancia. Con Julio César Márquez, extendieron una invitación a los jóvenes estudiantes de #Yosoy132, para que marcharan con él del Zócalo al Ángel de la Independencia el domingo 3 de junio: 2 días antes de cumplirse el Tercer Aniversario de la tragedia que sin duda marcará al sexenio que acaba.
Abraham portaba una bandera: la blanca, que representa a víctimas sobrevivientes del incendio, y en recuperación. Las 49 restantes: 25 rosas y 24 azules, le seguían.

Fui a Hermosillo al día siguiente, y pude verlo en la Vigilia que organizaron los padres frente a la Guardería, el 4 de junio. Estaba extenuado, pero consciente del trabajo pendiente. También, de los indiscutibles avances que han logrado a lo largo de tres años de lucha.
No estuvo en la Marcha de Aniversario. Creo que el cansancio, y la enormidad del suceso que le quitó a lo más preciado de su vida, le impidió acompañar a decenas de miles de personas que salieron a exigir Justicia y compartir su dolor.
Mientras pueda yo -como muchísimas más personas- no dejaremos de acompañar a Padre Abraham y a todos los deudos de la Guardería ABC. Son nuestra familia. Es nuestra obligación.
