blogeditor · 21 de marzo de 2016
Barack Obama intenta abrir nuevos capítulos en la truculenta historia de las relaciones estadounidenses con Latinoamérica. Lo hace visitando Cuba y Argentina, dos naciones que han padecido graves desencuentros con el coloso norteamericano y su Big Stick. ¿República Imperial, tal como la definió Octavio Paz en su momento?
Sin restarle méritos al capítulo inicial cubano de esta saga, recta final de la gestión de Obama donde invariablemente los ocupantes de la Casa Blanca –la de Washington: no la peñista de Las Lomas- buscan redactar la Historia con mayúsculas, será en la segunda parte de su jornada que podremos aprender –quizá- más lecciones aplicables a nuestra realidad.
Obama hará escala después de su viaje relámpago a Cuba, en Argentina. Va a estar ahí cuando se cumplan cuarenta años del golpe militar que derrocó a Isabel Martínez de Perón, tal vez la época más oscura de toda su historia, con un gobierno que aplicó sin el menor empacho sistemáticas medidas terroristas de Estado, declarando la guerra contra sectores amplios de su población.
[contextly_sidebar id=”rAi8Hmaxid2nU7m2pe8hduKLHY9uk2O2″]¿Será tema de alguno de sus discursos, la participación activa en esos eventos de Henry Kissinger, ex asesor de seguridad nacional y canciller de Richard Nixon y Gerald Ford, actual elder statesman involucrado en crímenes contra la humanidad en Latinoamérica, vía el Plan u Operación Cóndor, y también en Camboya, Timor Oriental y muchas otras naciones a quien defiende con fervor su amiga -candidata aventajada demócrata, y muy probable futura presidenta de los Estados Unidos- Hillary Clinton?

Como parte de sus actividades durante la visita oficial, Obama visitará el Parque de la Memoria de Buenos Aires (también conocido como Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado), espacio finalmente inaugurado en 2007 con la participación de académicos, defensores de los Derechos Humanos y funcionarios de distintos niveles de gobierno en la Argentina. Conocerá los alcances y trascendencia del proyecto.
Con toda probabilidad, para no extraviar el contexto, su equipo de avanzada le habrá informado de casos como éste:
El 12 de mayo de 2016 se cumplen 39 años de la desaparición de Pablo Miguez, secuestrado a los 14 años de edad junto a su madre Irma Beatriz Márquez Sayago, en su domicilio en Avellaneda.
Su familia era una de las tantas apasionadas por la política, en la búsqueda por lograr una sociedad más justa. Pablo y su hermana hicieron la primaria en la Escuela Armenia Argentina. En 1973 sus padres se separaron e Irma y sus hijos cambiaron de escuela y de barrio. Pablo comenzó el secundario [sic] en Lomas de Zamora y luego pasó al Industrial de Avellaneda, donde cursaba segundo año cuando lo secuestraron.
El 12 de mayo de 1977 un grupo armado perteneciente al Ejército fue a buscar a Irma y a su pareja, ambos militantes del ERP, y los llevaron junto con Pablo al centro clandestino de detención conocido como “El Vesubio”, ubicado en el partido bonaerense de La Matanza.
Los detenidos de los Centros Clandestinos de Detención por los que pasó lo llamaban “Pablito”. Luego de unos meses en el Vesubio lo trasladaron a la ESMA. Pablo nunca apareció.
Pablo Míguez fue una de las víctimas más jóvenes de la barbarie institucionalizada. (Aquí abordamos, no hace mucho, el tema de los jóvenes estudiantes de secundaria torturados en cárceles clandestinas y muertos por fuerzas de seguridad en La Noche de los Lápices). Cuando Pablo fue asesinado, tenía 14 años de edad. Era uno de los aproximadamente quinientos niños que fueron secuestrados junto con sus padres durante la Guerra Sucia. Atisbamos algunos aspectos finales sobre su vida en cautiverio durante la reclusión forzada en la Escuela de Mecánica de la Armada, gracias al testimonio de Lila Pastoriza, colaboradora de Rodolfo Walsh, escritor y periodista desaparecido por la dictadura argentina en 1977; autor de Operación Masacre, libro que abreva directamente de los recursos de la no-ficción, y obra precursora del New Journalism muchos años antes de A Sangre Fría, bestseller por excelencia escrito por Truman Capote.
La periodista y ex detenida desaparecida Pastoriza ratificó en el juicio por los crímenes cometidos en la ESMA la presencia del menor Pablo Míguez, de 14 años, quien fue secuestrado junto a su madre, torturado y “trasladado” en uno de los llamados “vuelos de la muerte”.
El menor fue detenido por fuerzas irregulares del Ejército junto con su madre, Irma Beatriz Márquez de Míguez, delante de quien fue torturado con picana eléctrica en otro centro clandestino conocido como “El Vesubio”, para que la mujer firme “unos papeles de cesión de bienes”.
Si bien los sobrevivientes de este último campo de concentración, que funcionó en la autopista Richieri y General Paz tuvieron información respecto de que Pablo había sido entregado en “un reformatorio”, el chico apareció en la ESMA y formó parte de un traslado de detenidos, según reveló Pastoriza en la audiencia del juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 5.
En un conmovedor relato, Patoriza recordó que el chico permaneció durante un mes y medio a su lado sin que nadie lo interrogue y recordó que uno de los guardias que custodiaban a los prisioneros comentó “mirá a lo que nos dedicamos ahora nosotros”, cuando observó la presencia del adolescente.
“Era imposible pensar que mataran a ese chico. Pablito era flaco y esmirriado, al principio me parecía una chica y se pegó a mi. La mayoría de los guardias lo dejaba moverse y le ponían una capucha blanca que usaba como vincha”, relató.
Sin embargo, “un día vi cómo se lo llevaba uno de los Pedros (guardias militares) de la mano a Pablo y nunca más se supo de él”, reveló la testigo quien recordó que ese día hubo traslado de detenidos.
Pastoriza, a quien sus compañeros conocían como “Burbuja”, fue detenida el 15 de junio de 1977, cuando bajaba de un colectivo de la línea 55 en inmediaciones de la plaza Julio Cortazar en el barrio de Palermo de esta capital, por un grupo armado del Servicio de Inteligencia Naval (SIN) comandado por uno de los acusados en el juicio, el ex oficial Jorge García Velazco.
Si bien la testigo no quedó a disposición del grupo de tareas GT3.3.2 que comandaba el represor Jorge “Tigre” Acosta, fue torturada y alojada en dependencias de la ESMA que utilizaba el SIN, mostrando un marcado enfrentamiento entre ambos sectores de la Armada.
La mujer atribuyó a ese enfrentamiento el hecho que hubiera sobrevivido, al explicar que Acosta la había amenazado en varias ocasiones, debido a las discusiones que se atrevía a mantener con el temido ex capitán naval, y que fue salvada por el jefe del SIN, Luis D Imperio alias “Abdala”.
Pastoriza detalló detallada información acerca de los traslados de detenidos durante el período que permaneció en cautiverio en la ESMA, reveló decenas de nombres de desaparecidos y circunstancias y ratificó haber visto a la monja francesa Leonie Duquet, una de las dos religiosas secuestradas junto al grupo de La Santa Cruz, conformado por familiares y madres de desaparecidos que se unían para reclamar por el destino de sus hijos.
Recordó que al ser transferida al GT3.3,2 pasó a cumplir tareas de archivo periodístico para las que había sido recomendada por ex compañeras de militancia, y aseguró que la mayoría de los que la secundaron en esos trabajos fueron luego asesinados.
Entre otros citó a Mario Galli, un ex marino que participó de un alzamiento de jóvenes oficiales de la Armada en 1972 antes del regreso del ex presidente Juan Perón a la Argentina, quien fue secuestrado junto con su esposa y su madre, y que permanecen desaparecidos.
“Secuestros, torturas y traslados eran continuos”, recalcó a recordar que uno de esos “más terribles ocurrió el 1o de agosto de 1977”, cuando fueron llevados Galli, su mujer y su madre.
A su turno, otro de los sobrevivientes, Andrés Castillo reconoció que otro de los acusados, el ex capitán Juan Carlos Rolón, uno de los dos presentes durante la audiencia, le había salvado la vida.
“El que me salvó la vida fue Rolón”, admitió al señalar que con él tenía “un trato personal”.
Castillo también dijo haber visto a una de las dos religiosas que podría haber sido Duquet, cuando salía de una sesión de tortura, y “por la forma de caminar” dedujo que había haber sido sometida “a picana eléctrica en la zona de los genitales”.
Además, sindicó a otro acusado, Antonio Pernías, alias Trueno, como “el torturador principal”, que cuando salía de las sesiones tenía “cara de loco y empapado totalmente”.
La escultura “Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez”, de la artista Claudia Fontes, puede observarse desde la orilla del Parque, sobre la superficie del Río de la Plata donde una aeronave de las Fuerzas Armadas arrojó su cuerpo al agua, como el de muchas otras víctimas de esta guerra total sudamericana.


Pablo Míguez, en la escultura de Claudia Fontes. Reconstrucción del retrato. Así se trasladó la escultura a su destino final en el río.


El Parque de la Memoria cuenta con varias obras de arte público, entre las que se encuentran las siguientes:

Carteles de la Memoria, elaborados por el Grupo de Arte Callejero. Foto de su página.

Monumento al Escape, de Dennis Oppenheim.

Nicolás Guagnini, Retrato de su Padre (desaparecido).
Herida abierta. Plano del Monumento a las Víctimas del terrorismo de Estado.

Avión de la Muerte, hoy chatarra. Foto tomada por Joao Pina, para Cóndor, su libro multipremiado.
Nuestra historia, cortapega mexicana, ¿será capaz de incorporar algo similar al Parque de la Memoria -o a la antigua ESMA en Buenos Aires- al eventual proceso de catarsis colectiva? ¿Se intentará realizar algo que se le parezca, así sea de manera parcial, en los terrenos del AICM? ¿Incluiremos el rescate de la memoria colectiva en la ‘misión metropolitana’ de sus promotores –presentes y futuros- dentro del gobierno? ¿Qué tal, hacer el intento en el truculento Campo Militar Número Uno? ¿Tendrá el o la presidente, en futuros sexenios, la intención de nombrar a un civil como Secretario de Defensa, tal y como sucede en países sudamericanos?
Me temo que –si lo permitimos- podrían pasar varios años, o décadas, antes de que tengan respuesta clara estas preguntas; y no son ociosas.