Otros mundos son posibles

Redacción Animal Político · 10 de marzo de 2023

Otros mundos son posibles

A mis 18 años me encontraba sola, en un estado donde preguntar sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos era un tabú, buscando entre algoritmos revictimizantes en redes sociales y topándome con información que me llenaba de dudas y me alejaba de respuestas honestas. Estaba al borde de ser una mexicana más expuesta a situaciones de riesgo que podían vulnerar mi integridad física, mental y económica, cuando llegaron ellas.

Listas desde el primer contacto nervioso que establecí, ese grupo de mujeres desconocidas me recibió sin estigmas, con datos confiables y, aunque no me conocían, no me soltaron hasta que dejé de necesitarlas. Esa fue la primera ocasión que las mujeres organizadas se presentaron en mi vida y, sin ser consciente de ello, recibí mi primer acompañamiento feminista.

Luego me volví a encontrar con ellas en una protesta. En medio de la plancha del zócalo de Puebla, sosteniendo el megáfono mientras leía un pliego petitorio dirigido a las autoridades, reconocí a la mujer que me había ayudado en todo el proceso. En cuanto vi la oportunidad me acerqué, le toqué el hombro y le pregunté si me recordaba; ella me abrazó asegurando que sabía quién era y pude agradecerle.

“Me salvaste la vida”, le dije entre lágrimas y a partir de ese instante todo cambió.

Surgió en mí la motivación de cambiar mi entorno y eso me llevó a elegir una licenciatura en ciencias sociales. Hoy puedo decir que la lucha de otras mujeres me salvó y yo a cambio estaba eligiendo el activismo y la investigación feminista como ruta de vida para, a su vez, ayudar a otras mujeres. Meses después de comenzar el camino autodidacta de los saberes feministas, los estudios de género y la deconstrucción de mis relaciones más personales y mis conocimientos arraigados, llegó la oportunidad que cambió mi vida: participar en la Escuela de Liderazgos REDefine y ser parte de las redes de activistas jóvenes del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.

Fue gracias a un cartel en redes sociales que encontré la convocatoria a ese espacio y desde el primer encuentro de REDefine México se consolidaron mis impulsos por querer cambiar el contexto que habitaba, me unieron a personas con la misma agenda y nos dotaron de las herramientas necesarias para resistir en un estado en el que  ser mujeres precarizadas y jóvenes a favor del avance de los derechos sexuales y reproductivos nos pone en un constante estado de vulnerabilidad, incluso hoy.

Así, durante los últimos 5 años de mi activismo en este espacio he visto de todo en el estado donde los ángeles pueden subir campanas, pero no garantizar derechos.

Iniciativas que van y vienen para despenalizar el aborto, servidores públicos con más miedo a los costos políticos que a arriesgar vidas humanas, oposiciones yunquistas, criminalización, feminismo blanco que solo se viste de naranja y morado, pero comparte los mismos métodos hegemónicos de siempre, ciberacoso divulgando datos personales de activistas, infiltraciones de funcionarios y agentes vestidos de civiles en las movilizaciones, violencia institucional y hasta amenazas a las personas que dedican la vida para garantizar la dignidad de todas, todes y todos por parte de quienes deberían asegurarnos justicia.

Y aunque es vital nombrar y visibilizar los aspectos negativos de este largo trayecto como defensora de derechos humanos en un estado como Puebla, eso no es más que un pedazo de una realidad en la que también he experimentado las mejores experiencias de mi vida: los avances por nuestros derechos, la colectividad que sostiene, todas las actividades donde otras personas te agradecen por llevar hasta sus entornos la información que necesitan y en general todo el trabajo de mis compañeras feministas, de la diversidad sexual, les trans, los universitarios y las buscadoras de desaparecidos que resisten y nos demuestran una y otra vez que en este estado el silencio no es opción.

No me atrevería a romantizar el movimiento feminista que me rodea y tampoco creo que tengamos que dedicar la vida a luchar por nuestros derechos cuando la obligación del estado es garantizarlos, pero hoy sé que es necesario hacerlo.

No podemos cederle espacio a los movimientos antiderechos o micrófonos a quienes han ostentado históricamente el poder desde los privilegios y los discursos cargados de intereses personales, fobias y misoginia. Necesitamos hacer presencia porque, más allá de las movilizaciones en las que nos encontramos año con año y los cambios inmediatos en nuestras vidas, nuestra realidad exige que cada día seamos más las, les y los interesados en cambiar nuestros entornos, que seamos terreno fértil hoy para sembrar más historias como la mía mañana.

Soy consciente de que los feminismos (así en plural) necesitan repensarse constantemente, como la lucha viva y diversa que somos, y estoy segura de que estamos cambiando las vidas de quienes están a nuestro alrededor, desde las acciones cercanas a la cotidianidad  seguimos siendo esperanza y digna rabia. Pero hoy ya no quiero simplemente cambiar al mundo que me rodea, después de todos estos años solo deseo habitar aquello que imaginaron las mujeres antes de mí, esas que me hicieron llegar hasta aquí.

Gracias por salvarme. Sigamos luchando por habitar los otros mundos posibles.

* Zavine Magadán (@zavinemg) es vocera de REDefine Puebla (@REDefinePuebla), de la red de jóvenes por los derechos sexuales y reproductivos del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (@ISBeauvoir).