De la otredad y otros “demonios”

Redacción Animal Político · 11 de octubre de 2023

De la otredad y otros “demonios”

La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo”.

Isaac Newton

“Estás llorando y no haces nada por comprender a nadie, excepto a ti…”.

Estrechez de corazón, Los Prisioneros.

La identidad social es la relación que tenemos con nuestros “iguales”, aquellos que conforman nuestras esferas y círculos sociales y de quienes obtenemos reconocimiento y aceptación; refiere al “nosotros” y por ende nos es vital para subsistir como animales sociales que somos. En este sentido, todo lo que sale de “nuestras” concepciones, improntas y códigos -es decir, lo diferente a nosotros, lo diferente a mí es visto como “el otro”– y se configura como un espejo que me devuelve lo que soy y lo que no soy, impulsa el surgimiento del miedo a lo desconocido, el temor por aquello que nos es ajeno y sobre lo que no tenemos control: la otredad.

La otredad confronta e incomoda, cuestiona las creencias y construcciones que tenemos del mundo y de la vida, la realidad misma. Desde sus inicios, el ser humano ha buscado proteger lo que conoce y rechazado aquello que no. Dejar entrar al otro, a lo diferente, implicaría cuestionar y hasta cierto punto desestabilizar las certezas que se tienen y con ellas las bases en las que se han construido culturas, sistemas, ideologías y religiones. Por ello, resulta esencial abordar la otredad desde un enfoque diferente, como el cimiento de la pluralidad que, paradójicamente, conlleva al fortalecimiento de las múltiples identidades que integran las sociedades.

El rechazo a lo diferente es reforzado por la voz del “nosotros”, centrada en una noción hermética y poco flexible. Presupone que la visión de aquel que piensa, siente, opina y actúa diferente a mí está equivocado; no se cuestiona ni se asume como un pensamiento válido, simplemente de se descalifica y se anula.

En el mejor de los casos se convierte en una discusión en redes sociales donde el hate y la descalificación se ha vuelto una válvula de despresurización social, como el caso de Yahritza y su Esencia y la avalancha de odio hacia el grupo musical por manifestar su desagrado por la comida mexicana. En este hecho no solo afloró nuestra “identidad” y orgullo nacional, afloró también el profundo racismo que como mexicanos tanto nos cuesta acepar, señalando que los integrantes de la agrupación no tenían derecho a esta opinión dados sus rasgos físicos.

En los peores escenarios el rechazo a la otredad conlleva a agresiones entre grupos sociales, a la violencia física, a ataques con ácido a mujeres, a golpizas contra adolescentes y profesoras de kínder, a peleas campales entre aficionados de futbol, a la fractura de sociedades, al desgarre del tejido social, a la polarización de un país.

Esto no es un fenómeno nuevo, la historia ha vivido casos extremos como el genocidio de Ruanda y el de Camboya, que han buscado callar y matar la voz de los otros. Es sumamente preocupante cómo se ha naturalizado el rechazo hacia lo diferente a partir de espacios fértiles a la desacreditación, a discursos de fragmentación que imposibilitan la convergencia de la pluralidad y la diversidad, que sentencian que quien no piensa como yo está equivocado y debe ser silenciado. El tema cobra relevancia en un escenario mundial cada vez más diverso y menos tolerante, en un país en el que su presidente mantiene una constante línea de confrontación hacia quienes difieren de él, asumiéndolos como adversarios, conservadores y fifís.

El peligro del no reconocimiento de la otredad radica en pensarnos el centro absoluto, en afirmar y asumir que nuestra realidad es LA realidad y no una más dentro de un abanico de realidades, construida por la historia de cada individuo, por cada contexto vivido. Pensemos en el día a día, en las ocasiones en que nos alejamos de una persona por tener una opinión distinta a la nuestra, las veces en que hemos bloqueado a alguien de nuestras redes sociales porque irrumpe la armonía y comodidad de mi cámara de ecos alimentadas por el algoritmo que busca validar mis posturas político, sociales y culturales. Pero, claro, a ninguno nos gusta que nos desafíen y mucho menos que atenten contra nuestras creencias, porque finalmente nuestras vidas están construidas sobre esas creencias.

Al igual que un espejo, la otredad permite ver lo que queremos, pero también lo que no queremos, aquello de lo que buscamos alejarnos y que no queremos reconocer porque duele o incomoda, porque dentro de mi normalidad yo también soy diferente para alguien más. Ese otro diferente nos regala la capacidad de reconocernos y de nutrir, modificar y transformar nuestra propia identidad. La diferencia enriquece, no atenta. La diversidad suma, amplía los escenarios y favorece al tejido social a partir de la exigencia y cumplimiento de derechos para todos.

Tengo la fortuna de trabajar en lo que me apasiona, me dedico a la comprensión de comportamientos humanos y por ende al conocimiento y entendimiento de los contextos individuales y colectivos. Contextos conformados por condiciones, situaciones, circunstancias y variables que tejen las decisiones del día a día. Siempre, siempre hay un contexto que explica las cosas. Volvamos a preguntarnos el por qué, démonos la oportunidad de comprender que cada percepción, cada opinión responde a historias de vida de seres humanos, que nada, absolutamente nada, es de a gratis.

* Yolanda Barrita (@Yolanda_Barrita) es socia fundadora y Chief Strategy Officer en Altazor Intelligence (@Altazor_Intell), agencia de investigación de mercados y opinión pública.