Otras formas de acción son posibles

blogeditor · 4 de mayo de 2022

Otras formas de acción son posibles

Se nos fue abril, con ello se fue la polémica consulta de Revocación de Mandato, y el mes de la Ciencia Ciudadana, dos importantes formas de participación social, la segunda poco conocida e impulsada mayormente por organizaciones de la sociedad civil y miembros de la academia.

Y es que la vía electoral es solo una de las muchas formas en que los ciudadanos podemos involucrarnos en la vida pública de nuestro país, en la resolución de las problemáticas que le aquejan, en su transformación y en su reconstrucción de fondo, así como en la implementación y evaluación de programas gubernamentales.

En este espacio me gustaría hablar sobre algunas de esas otras formas de hacer ciudadanía, de los distintos niveles de incidencia que se pueden alcanzar y de casos concretos que invitan a la acción, desde la esfera de las ONG, las instituciones académicas, como desde los gobiernos.

Según el modelo de cambio sistémico de la organización civil Ashoka, como ciudadanos y agentes de cambio es posible incidir en distintos niveles: a partir de prestar un servicio directo, a partir de un servicio directo escalado, generando un cambio sistémico o un cambio de mentalidad. La primera opción se refiere a realizar acciones que respondan a las necesidades inmediatas de determinados individuos o comunidades, por ejemplo, otorgar becas, limpiar playas, reparar inmobiliario, etc. La segunda tiene que ver con replicar las mismas acciones a un nivel regional o nacional.

Como ejemplo del primer nivel de incidencia está el Programa de Mejoramiento Barrial que impulsa el gobierno de la Ciudad de México, el cual consiste en el involucramiento de los habitantes de los barrios, pueblos y colonias con alto y muy alto grado de marginalidad, para el mejoramiento y rescate de los espacios públicos a partir de actividades de limpieza, pintura etc. y de procesos organizados de consenso y corresponsabilidad entre las personas y el gobierno para decidir e intervenir de forma planificada.

En este programa los vecinos se organizan a través de asambleas vecinales y comités promotores unificados para diagnosticar las necesidades que tienen los espacios públicos en materia de recuperación, rehabilitación, ampliación, rescate o construcción, y en común acuerdo toman decisiones, inciden y diseñan posibles intervenciones ad hoc a sus inquietudes y expectativas de transformación y cambio.

Posteriormente se lleva a cabo una convocatoria para la presentación de proyectos, los vecinos desarrollan un ante proyecto y en caso de ser aprobado gestionan los permisos, tramites y procesos administrativos consecuentes. De esta manera el cambio se debe dar de manera directa en las condiciones del hábitat a nivel de los barrios y colonias, en el establecimiento de lugares de encuentro y convivencia dignos.

Un aspecto relevante de esta forma de participación es que los ciudadanos, como principales conocedores y habitantes de los espacios, cocrean y diseñan junto a los expertos en materia técnica los planos para las soluciones de infraestructura que consideran mejores con el conocimiento vivencial que poseen de las necesidades que tienen según las condiciones climatológicas y culturales, el perfil de los principales usuarios de los lugares, etc.

Por otra parte, está el tercer nivel de incidencia que menciona Ashoka, el cual tiene que ver con generar un cambio de fondo, es decir incidir en la causa raíz de una problemática de tal manera que se logre cambiar la forma en que un sistema opera. Por ejemplo, implementar acciones de ecoturismo, generar super alimentos derivados de hojas, etc. como nuevas formas de utilizar los árboles vivos aparte de la industria maderera, es decir impactar en la forma que se desarrolla la cadena de valor o de mercado.

Un caso interesante en este sentido es el de la Red Oceanográfica, proyecto de Ciencia Ciudadana que realiza la asociación civil Conservación y Biodiversidad (COBI) de la mano de universidades como Stanford, Georgia y el Instituto de Investigación Monterey Bay Aquarium, además de 11 cooperativas de la industria pesquera de Baja California que conforman la FEDECOOP.

COBI, personal científico de las universidades y los grupos de pescadores, se han dado a la tarea de trabajar de forma colaborativa para monitorear de forma constante las condiciones de acidez, temperatura y oxigenación del océano. Desde 2017 los pescadores y sus cooperativas se han involucrado con el quehacer científico recolectando datos e información que ayude y construya conocimiento basado en evidencia para determinar los cambios en el ecosistema marino derivados del cambio climático y tomar las mejores decisiones en materia de pesca sustentable.

Así, junto a otras instituciones, los pescadores han generado un impacto relevante en el sistema de la pesca, la cadena de mercado, y en los programas de conservación en la medida que, gracias a sus acciones de cooperativismo para el bien común, manejo de los recursos, adquisición de concesiones pesqueras y liderazgo comunitario, han generado información valiosa que ya repercutió en cambios en cuanto a las temporadas de explotación del mar permitidas por la federación, el establecimiento de 39 reservas marinas, etc.

“Nosotras generamos un impacto al colaborar de forma igualitaria para la recopilación de datos, esto crea resultados y genera la espinita en otras comunidades. Esto motiva a seguir trabajando por la comunidad”, cuenta Elsa, buza monitora.

En la actualidad México se encuentra en una etapa de inmadurez en cuanto a participación social se refiere. Máxime si los distintos actores en la esfera pública se dedican a desestimar y tergiversar los ejercicios de involucramiento ciudadano. Hoy día la noción de ciudadanía está exclusivamente o muy fuertemente ligada al ámbito político-electoral.

No permitamos que esa idea tan limitada coarte nuestro potencial creativo, de acción e incidencia. Es imperioso que introyectemos el concepto bajo un nuevo sentido, uno más amplio que implique tomar los espacios, físicos y simbólicos, institucionales e informales que por derecho nos corresponden.

Los dos ejemplos mencionados permiten dar cuenta de que más allá de las urnas, más allá del voto, la ciudadanía tenemos las capacidades y los conocimientos tradicionales, de experiencia vivencial y también profesionales para generar impactos positivos en nuestros distintos entornos y contextos de vida en un primero, segundo, tercero o cuarto nivel.

Esta es una invitación al involucramiento, es momento de dar un mayor impulso a distintos tipos de modelos que tomen en cuenta a las personas de forma activa, creativa, propositiva, es momento de dar un mayor impulso al financiamiento de estas metodologías colaborativas, a su reglamentación y reconocimiento ante la ley, puesto que nadie conoce más a fondo la naturaleza de los problemas como las personas que lidian con ellos todos los días.

* Andrea García es Comunicóloga por la UABC especialista en Metodología de las Ciencias Sociales por el CIECAS-IPN. Está interesada en la generación y socialización del conocimiento basado en evidencia para la toma de decisiones.

 

Fuentes:

COBI. (2022). La Red Oceanográfica: una historia de ciencia ciudadana y cambio climático en la península de Baja California. México. Disponible aquí.

Precoma, M. (2021). Ciencia ciudadana en pro de la sostenibilidad pesquera. México: COBI. Disponible aquí.

Comunidad y Biodiversidad A.C. (2022). Abril mes de la ciencia ciudadana. México. Disponible aquí.

Tomasi, C. (2022). La ciencia ciudadana como herramienta innovadora para el desarrollo sostenible. Argentina: UNDP. Disponible aquí.

Gobierno de la Ciudad de México. (2022). Gaceta oficial de la Ciudad de México. México. Disponible aquí.

Aashoka. (2022). Sobre Ashoka Mexico. México. Disponible aquí.