Oríllese a la orilla

Marco Cancino · 8 de junio de 2011

Oríllese a la orilla

5:30 p.m. de un viernes de quincena.

 

Salgo corriendo a buscar mi coche que lo estacioné sobre Concepción Béistegui en la del Valle y le noto algo raro. Le doy la vuelta, lo vuelvo a mirar y no logro identificar qué es, pero tiene algo distinto. Le pregunto a la güera:

 

-Oye, ¿no le notas algo raro al zapato?

Zapato es el nombre de mi pequeño coche.

-Mmmmm, deja veo, deja veo… ¡le gobagon los espejos!

-¡Hijos de suchi…! Con razón veía tan raro al chaparro.

-¿Y ahoga qué?

-Pues nada, a buscar una patrulla y hablarle al seguro. Según yo, cubre el robo de las partes.

-¿De las tuyas?

-Jajajaja, no, de las del coche.

Mi domadora empieza poco a poco a dominar ese gran arte que es el albur.

 

40 minutos después por fin pasa una patrulla, ya saben, con dos obesos policías que muestran una apatía e indiferencia cuando les empiezo a hacer señas para que se detengan y pueda contarles que me habían robado los espejos.

 

-Oficiales, buenas tardes, se han robado los espejos de mi coche.

-Buenas joven. ¿Y qué quiere que hagamos?

-Pues no sé, no tengo idea, ¿qué es lo que procede?

-¿Su coche tiene seguro?

-Sí.

-¿Cubre el robo de autopartes?

-Parece que sí.

-Entonces, ¿para qué la arma de tos?

-Bueno, creo que es lo prudente avisarles que me robaron los espejos.

-Sí joven, pero le repetimos, ¿qué quiere que hagamos nosotros?  Aquí mi pareja y yo debemos de avisarle al jefe todo lo que vayamos a hacer y pus tiene que ser algo realmente cañón para que nos movamos, para que hagamos algo, si no, la mera verdad, ni pa qué meternos y además, tiene seguro, ya no tiene de qué preocuparse.

-Entonces, ¿Me jodo y me aguanto?

Les contesto ya con un tono más enojado.

-Mire, ni se ponga así, que lo único que si va a lograr es que nos enojemos con usted y nos lo terminemos llevando a la delegación. Además, aquí mi pareja es muy sensible porque es diabético, ¿verdá? Así que bájele a su tonito.

Clarines, mi vieja dice que soy el mejor marido, porque soy re dulce, jajajaja.

Decía su chiste mientras se frotaba su enorme panza.

-¿Es en serio que no pueden hacer nada?

-En serio que no, ¿verdá pareja?

 

Arrancan su patrulla y se van. No sé qué fue lo que me molestó más, que me hayan robado los espejos del coche o la indiferencia y la burla de los policías.

 

-¡Ya llegó el del segugo!

-Buenas tardes joven, están ustedes bien.

-En lo que cabe.

-¿Qué le pasó a su coche?

El agente del seguro camina rodeando el coche.

 

¡Újule! ¡Qué cabrones! Si le volaron los espejos de su coche tan bonito. ¿Qué modelo es?

-2010.

-¿Es triptonic o manual?

-Ni idea, creo que es automático.

-¿Cómo que automático? ¿Me muestra su póliza por favor?

-Claro, aquí está.

-Procederé a tomarle unas fotos, me firma aquí, acá y estas dos hojas y listo. Su seguro sí le cubre el robo de los espejos.

-Menos mal, por la lana que me cuesta.

-Vi que se iba una patrulla cuando llegué.

-Sí, pero no me quisieron ayudar.

-A ellos les vale madres, aunque no los culpo, tienen que cubrir cuotas y luego también, les da hueva ponerse a buscar a los cacos. Luego uno no sabe si ellos también tienen que ver con eso de los robos.

-¿Usted cree?

-Sí, luego nos vamos enterando de todo eso en la aseguradora, ya sabe que en nuestro negocio hay que estar bien informado para que sea negocio y para saber dónde terminan los coches o las piezas robadas que en muchos casos, dependiendo del modelo, acaban en patrullas o taxis.

-¿En verdad?

-¿Porqué le iba a mentir a usted? De hecho, las primas de los coches que son el mismo modelo que usan las patrullas o los taxis son más altas, porque luego se los andan conejeando para conseguir piezas. Como no a todos los polis les arreglan sus patrullas, ellos tienen que andar consiguiendo las piezas y pagarlas de su bolsa.

-¡Qué caray!

-Oiga, ¿y sabe qué pasa cuando agarran a algún ladrón en flagrancia?

-Pues a veces mejor se hacen weyes, porque luego es un verdadero desmadre. Mire, primero tienen que llevar al caco o a los cacos ante el eme pe, luego llenar un informe larguísimo, tienen que ir a ampliar su declaración las veces que sean necesarias al reclu, y para eso tienen que pedirle permiso a su jefe cada vez que tenga que ir. Luego, muchas veces las familias de los cacos, o sus amigos, los andan amenazando que se los van a madrear o los van a matar. Entonces, ¿para qué agarrarlos? Son más las broncas en las que se meten y luego para que los eme pes o el juez los dejen salir con una lana. Aquí en México ya sabe, si tienes lana no vas pal bote, si no tienes ni en qué caerte muerto, tambo seguro.

-¿Y usted, cómo sabe todo esto?

-Pues porque fui poli y precisamente por eso me salí. Era una chinga. Cuando vaya a la agencia que usted quiera a que le pongan los espejos, nomás les muestra este papel rosa y listo, nomás tendrá que pagar el deducible.

-Muchas gracias.

-Suerte joven. Adiós señorita. ¿De dónde es usted que tiene un acento muy raro?

-De Austria.

-¿De donde son los canguros?

-¡No! De A-u-s-t-r-i-a, de donde era Mozart.

-¡Ah!, sí Mozart, cantaba re bonito. Buenas noches.

 

7:25 p.m.

Todo esto me recordó lo que CIDAC dice sobre la inseguridad en México. Prácticamente tan sólo 1 de cada 100 delitos terminan con el responsable de cometerlo en la cárcel, y la mayoría de los delitos -que les llaman del fuero común como robo de coches, autopartes, asalto a casa habitación, asalto a transeúntes y extorsión- son los que más nos afectan a los ciudadanos de a pie. Sin embargo, son los delitos de mayor impacto mediático, como el secuestro, la extorsión y el narcotráfico, los que contribuyen más a crear una sensación de inseguridad.