blogeditor · 10 de abril de 2020
La demanda interna de gas natural y la disponibilidad de tecnologías para el mejor aprovechamiento de recursos energéticos pueden motivar inversiones para aumentar el uso de gas natural asociado proveniente de los campos de petróleo en México. Utilizando las tecnologías apropiadas, y respaldada por la regulación de emisiones de metano que México posee, el complejo procesador de gas de Nuevo Pemex podría abastecer una porción significativa de la demanda interna de gas natural. Esto reduciría el volumen de gas importado desde los Estados Unidos, y representaría una oportunidad de creación de empleos locales. También, beneficiaría al medio ambiente al reducir las emisiones dañinas de metano y al mismo tiempo contribuiría a las políticas de seguridad energética y de desarrollo económico de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.
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Casi tres cuartas partes del petróleo mexicano y alrededor de la mitad de la producción de gas natural del país proviene de dos campos en la zona de Campeche: Ku-Maloob-Zaap (KMZ) y Cantarell. La producción de gas en el activo de Cantarell ha aumentado gradualmente con los años. Sin embargo, gran parte de esta producción es de nitrógeno. La mayoría del gas natural asociado se quema por falta de infraestructura y capacidad inadecuada por la eliminación de nitrógeno.
La quema de gas asociado se realiza en lugar de liberar el gas directo a la atmósfera (desfogue) o de colocarlo en un gasoducto para su procesamiento y aprovechamiento como combustible. La quema de gases contamina el aire y contribuye al calentamiento global debido a la emisión de contaminantes como el metano. Es importante resaltar que la quema de gas representa un desperdicio considerable de recursos energéticos nacionales.
La quema y venteo de gas natural en México durante 2019 fue equivalente a 270 millones de pies cúbicos diarios (con cifras de la CNH). Con un estimado conservador de $2 dólares por cada mil pies cúbicos, esto equivale a una pérdida potencial de ingresos de gas doméstico de más de medio millón de dólares por día.
Proyecciones estimaban que Pemex aumentaría la producción de petróleo a 2.7 millones de barriles por día y de gas natural a 6.5 mil millones de pies cúbicos por día en 2024. Esta cifra indiscutiblemente se ajustará en relación al acuerdo alcanzado por la OPEP+ el jueves pasado, en el cual México accedió a reducir su producción por 100 mil barriles diarios.
Sin embargo, independientemente del nivel de aumento de la producción, al menos durante los próximos 5 años, México seguirá dependiendo del gas natural importado de Estados Unidos. Mientras tanto, la demanda interna seguirá creciendo. El aumento de las importaciones de gas de Texas a través del gasoducto Sur de Texas-Tuxpan puede proveer más gas al interior de México, pero esto no resolverá el problema de la demanda de gas de las regiones sur y sureste de México. Estas regiones han sufrido un déficit de suministro de gas natural luego de una década en la cual la producción nacional fue disminuida.
El presidente López Obrador ha declarado que México tiene la intención de equilibrar sus prioridades económicas con una gestión ambiental responsable. También ha dicho que México requiere una mayor producción de petróleo y gas y reducir sus importaciones de hidrocarburos. Con una mayor producción de petróleo, se incrementa la producción de gas asociado. México requiere una estrategia de gas natural que incluya soluciones para monetizar este valioso recurso energético, un recurso que actualmente no se aprovecha.
Las regulaciones de metano con que cuenta México apoyan la salud y la prosperidad de su población, y pueden ayudar a que el país alcance sus objetivos de seguridad y eficiencia energética. EDF cuenta con sólidos recursos técnicos y científicos que están a la disposición del gobierno mexicano, para colaborar con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en apoyar los objetivos de eficiencia energética de Pemex.
* El Dr. Daniel Zavala es científico internacional y la Dra. Shareen Yawanarajah es coordinadora de asuntos internacionales del programa de energía, ambos del Environmental Defense Fund (EDF).