Jorge Avila · 19 de marzo de 2026
Todos los días camino por Avenida Universidad como parte de mi rutina: para ir al mercado, asistir a reuniones, hacer ejercicio o tomar el Metro. Sin embargo, atravesar su cruce con Miguel Ángel de Quevedo se ha convertido en una situación de peligro cotidiano: autos estacionados sobre pasos peatonales, taxis en doble fila, motociclistas invadiendo la banqueta y unidades de transporte público que aceleran para ganarle al semáforo. En esa glorieta del sur de la Ciudad de México, peatones y ciclistas parecemos un estorbo dentro de un sistema diseñado para la prisa.
Avenida Universidad y Miguel Ángel de Quevedo: el riesgo cotidiano para peatones y ciclistas
Avenida Universidad no tiene por qué funcionar así. Como advierte Jeff Speck en Walkable City, el diseño de una callenunca es neutral: o protege a las personas o prioriza a los motores. Radios de giro amplios, semáforos que relegan el cruce peatonal y carriles pensados para maximizar el flujo vehicular envían un mensaje claro sobre a quién pertenece la calle. Llegar al Metro implica asumir un riesgo que no tendría que existir.
Esta no es una percepción personal. Datos de la Secretaría de Movilidad muestran que los siniestros de tránsito en la Ciudad de México se concentran de manera sistemática en avenidas e intersecciones de alto flujo vehicular.
Seguridad vial, movilidad y diseño urbano: la ciudad que prioriza autos
Son los espacios donde el diseño urbano privilegia la velocidad y el volumen de autos por encima de la capacidad de reacción de quienes caminan o pedalean. Corregir esta situación no es solo un asunto de cultura vial individual, sino de decisiones públicas: redistribuir el espacio, reducir velocidades y diseñar infraestructura que ponga la vida al centro.
La discusión adquiere una urgencia particular en vísperas del Mundial 2026, que tendrá como sedes a la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Más allá del entusiasmo que despierta el evento, también abre preguntas sobre el tipo de ciudad que estamos construyendo y para quién.
Estadio Azteca, aeropuertos y obras visibles: las prioridades del Mundial
La promesa de derrama turística y proyección internacional domina el discurso, pero las intervenciones anunciadas —desde el mejoramiento del entorno del Estadio Azteca hasta la iluminación de edificios emblemáticos, la renovación de terminales aeroportuarias o el embellecimiento de ciertos corredores— responden, en buena medida, a obras de alta visibilidad.
Estas obras, cuya localización y calendario atienden la lógica del evento y no las urgencias de un tejido urbano donde se juega la calidad de vida de millones, evidencian una tensión persistente con las necesidades ciudadanas.
Si bien proyectos como la remodelación del aeropuerto cumplen funciones relevantes, la priorización de otras obras de alta visibilidad frente a intervenciones de bajo costo y alto impacto, capaces de avanzar hacia una ciudad más justa y resiliente, refleja una forma frecuente en que se han definido las prioridades ante grandes eventos.
Qué legado urbano debería dejar el Mundial 2026
El riesgo es que, con ello, se pospongan transformaciones esenciales para la experiencia diaria de quienes habitamos la ciudad. Invertir recursos significativos en rutas turísticas mientras cruces como Universidad y Miguel Ángel de Quevedo —y muchos otros en la capital— continúan siendo inseguros, mal conectados y poco accesibles, refuerza una tendencia ya documentada: diseñar la ciudad para ser vista, más que para vivirse.
Pensar la Ciudad de México como un hogar implica cambiar el criterio de inversión pública; significa priorizar lareducción de riesgos urbanos y la calidad de vida cotidiana por encima de la imagen de un evento temporal.
Cruces seguros, transporte público confiable, espacios públicos de barrio, vivienda bien conectada e infraestructura verde integrada —árboles, corredores biológicos, soluciones basadas en la naturaleza— construyen un legado urbano mucho más profundo.
Ciudad de México: de escaparate internacional a hogar para quienes la habitan
El Mundial 2026 ofrece una oportunidad excepcional para acelerar este tipo de transformaciones estructurales. Desaprovecharla no es solo un problema de recursos, sino de prioridades: de cómo se distribuye el gasto público entre proyectos visibles y transformaciones que reducen riesgos, desigualdades y vulnerabilidades urbanas, en un entorno de crisis climática y desigualdad persistente.
Las ciudades no se transforman por los eventos que albergan, sino por las decisiones que toman cuando pocos las ven. El día del partido inaugural, millones tendremos la mirada puesta en la cancha; semanas después, las cámaras y los turistas se irán. Lo que permanecerá será la ciudad que habitamos, recorremos y usamos todos los días.
Apostar principalmente por la ciudad como escaparate implica privilegiar la visibilidad sobre el bienestar. Pensarla como un hogar exige algo distinto: políticas públicas que asignen recursos primero donde el riesgo es mayor y el beneficio social es más amplio, y solo después donde la visibilidad es inmediata.
Es momento de entrarle al reto; en WWF México cumplimos 30 años de trabajo en México y la meta es traer la naturaleza de vuelta.
* Álvaro Rodríguez es oficial de Ciudades Sustentables en WWF México.