La Odisea y el eterno regreso de los clásicos al cine

Animal Político · 23 de julio de 2026

La Odisea y el eterno regreso de los clásicos al cine

Por Carlos Andrés Mendiola*

La Odisea nunca termina. Cada año, como si se tratara de un eterno retorno, se anuncian nuevas versiones de clásicos. Este 2026 ya ha visto “Cumbres borrascosas”, “La novia”, “La Odisea” y pronto verá “Sensatez y sentimientos”. Las dudas que siempre asaltan son por qué o para qué una nueva versión, máxime cuando quizás en algunos casos existe ya una que es considerada también un clásico del cine. La versión de “Sensatez y sentimientos” de Ang Lee fue nominada a siete premios Oscar y ganó el de Mejor Guion Adaptado; “La novia de Frankenstein” de James Whale ha sido considerada por muchos como la obra maestra del director, amén de una de las mejores secuelas en la historia e incluso forma parte de la Biblioteca del Congreso en EE. UU.

“La Odisea” es el ejemplo del momento. La épica clásica tiene más de una decena de adaptaciones sólo al cine, y datan de 1911 en una versión muda italiana. Hace tan sólo dos años, en 2024, se estrenó “El regreso” con Ralph Fiennes. Vaya, apenas terminaba ese año cuando Chrisopher Nolan anunció que ése sería su próximo proyecto. Entonces, ¿por qué?, ¿acaso no hay más historias?

En principio hay que decir que adaptar no es un proceso sencillo. Hablar de todo lo que implica requeriría un libro. Baste decir por el momento lo central. Por un lado, el cine y la literatura, aunque cuentan historias, lo hacen a través de recursos distintos. La literatura describe, cuenta acción o diálogos; el cine puede hacerlo todo a la vez. El cine tendrá que comprometerse, a todo esto, con una versión o apariencia de todo lo que se materializa en la imaginación cuando se lee.

Por otro lado, la literatura se puede permitir por su mismo formato desarrollar subtramas, mientras que el cine debe centrarse a una historia principal dado que está sujeto a tiempos promedios.

Si la historia es corta, el cine tendrá que elaborar para que dé la duración requerida como en la adaptación de “El príncipe Caspian” de las Crónicas de Narnia. Eso ya responde, en parte, a por qué una adaptación puede no ser suficiente. En todo lo anterior hay decisiones que van de lo estético a lo narrativo y que hacen que cada nueva versión conserve una misma esencia, pero tenga elementos propios. Por ejemplo, “¿Dónde estás, hermano?” es una adaptación de “La Odisea” realizada por los hermanos Coen que sucede en el EE. UU. de los 30, mientras que “Bride y Prejudice” es una contemporánea de “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen que sucede en India.

La necesidad de nuevas versiones obedece en muchos casos a nueva tecnología que permite resolver de manera más efectiva con efectos prácticos o visuales aspectos que antes pudieron ser resueltos de forma menos efectiva. Ahí están las tantas versiones de “Drácula”, “Alicia en el país de las maravillas”, “Peter Pan” o “La Bella y la bestia” para dar cuenta de ello. Con todo, todo lo anterior sigue sin ser el motivo de peso para una nueva versión o adaptación y que “La Odisea” de Christopher Nolan muestra tan bien como lo hicieron de manera reciente las de “Frankenstein” y “Pinocho” de Guillermo del Toro. La respuesta es sencilla y puede resumirse en una palabra: el discurso. El discurso refiere a lo que el director quiere decir sobre un tema, el que considera el más relevante, y alrededor del cual construye su interpretación de la historia. Esta otra palabra, “interpretación”, es también esencial, pues cada nueva adaptación puede considerarse como un nuevo “original”, bajo la mirada de un nuevo autor.

“La Odisea” es un texto que aborda temas como la venganza, la justicia, la fe y el destino asociado con la intervención de los dioses, la determinación, la lealtad y la hospitalidad. La versión de Nolan los toca todos de una manera u otra, pero lo que está al centro es “xenia”, palabra griega que refiere a la hospitalidad y que está expresada en numerosas ocasiones a través de “la ley de Zeus”. Esa ley es un código moral donde se espera que el anfitrión reciba de manera cálida con comida, techo y sin pedir razones a cualquier visita (que podría ser un dios disfrazado); la visita debe ser respetuosa.

La ley de Zeus se menciona al inicio de “La Odisea”, se plantea, y luego cobra importancia esencial en la conclusión. Durante todo el filme es expresada a través de las visitas que reciben en Ítaca, en especial a través de los pretendientes que rondan a Penélope, esposa de Odiseo, y quien no puede darse el lujo de simplemente echarlos. Más aún, está en cada uno de los lugares que visitan Odiseo y tripulación y donde no siempre son bien recibidos. Lo esencial, sin embargo, está en lo que se teje, como en el telar de Penélope y que en este caso no se deshace, por el contrario, está en lo que asimila Odiseo. Al entrar en el caballo de madera a Troya han ido en contra de la ley. Sí, el pasaje es uno de los más famosos y la estrategia es también una de las mejor consideradas en términos de tácticas de guerra. Nolan le da otra dimensión.

La filósofa Julia Kristeva puntualiza que “todo texto”, entendido en el sentido amplio que antes apuntara el semiólogo Juri Lotman donde un texto es cualquier producto cultural que puede leerse o entenderse, es un “mosaico de citas… donde todo texto resulta de la absorción y transformación de otros textos precedentes”. Entonces, cada nuevo texto y en ese caso cada nueva adaptación es el resultado de una nueva interpretación que también estará sujeta del nuevo contexto. El uso que Christopher Nolan hace de la ley de Zeus le da solidez a su filme y también lo hace relevante social, filosófica y políticamente en la actualidad. Habrá textos que hablen de ello y que exploten con detalle qué hace y como hila su discurso. El punto es que en un mundo globalizado y donde siempre hay quien está recibiendo visitas o llegando, pasando un tiempo o haciendo una vida en otro terrero, la ley de Zeus, su respeto o falta a ello, tiene consecuencias. Tiene raíces de cientos de siglos y es lo que Odiseo va a expiar en el desenlace. Es la explicación que Nolan da de las divisiones políticas actuales y también una cierta solución.

De “La Odisea” como de muchos otros clásicos hay y habrá nuevas versiones. Por ponerlo claro, cuántas no hay de “Romeo y Julieta” que versa del amor, pero lo que se dice del amor puede ser muy distinto en cada una de ellas, poniéndole un foco o énfasis a algún aspecto en especial. Ahí está “Rosalina”, una comedia romántica, que le quita lo romántico e idealizado al clásico de Shakespeare en su desenlace al poner una secuencia donde al final Romeo y Julieta, habiendo fingido su muerte, se dan cuenta que más allá de la pasión no saben qué le gusta al otro y cuando lo descubren están en un problema. Es trágicamente divertido.

Así que habrá más versiones de clásicos. Los clásicos nunca se agotan. “La Odisea”, además, ha dado cuenta que uno épico, bien contado, con un elenco espectacular, técnicamente impecable, y con un discurso sólido funciona. Con 249 millones de dólares en su primer fin de semana, críticas especializadas del 95 en el meta sitio Rotten Tomatoes y aún mejores (97%) del público, su presupuesto de 250 millones de dólares será cubierto sin problemas. Es también ya una favorita para el Oscar 2027. El viaje de Odiseo es de 20 años, el de Nolan fue de un par de años más. Son odiseas terminadas, pero “la odisea” nunca termina. Los clásicos regresarán y regresarán tantas veces como sea posible, tantas veces como necesitemos recordatorios de lo que nos hablan, tantas veces como haya nuevas interpretaciones.

*Carlos Andrés Mendiola es Profesor Asociado y Director Asociado del Departamento de Medios y Cultura Digital en el Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe. Académico, crítico de cine, storyteller y promotor cultural mexicano. Coordina el movimiento cultural y la colección editorial “Motivos para amar a México”.

[email protected]

@carlosamendiola