blogeditor · 17 de noviembre de 2016
Por: Marcos Martínez
El 8 de noviembre, mientras observaban la recta final de los reportes televisivos de los resultados electorales en la explanada de la Universidad de California, en Berkeley, una pareja de mujeres gay fue atacada con insultos por un hombre blanco de unos 50 años de edad. Después de agredirlas con insultos homofóbicos y racistas, el hombre también les escupió. El hecho fue calificado por la policía universitaria como un crimen de odio. Días más tarde, mientras caminaban por la céntrica calle Market, en el centro de San Francisco, una familia mexicana fue agredida por un hombre quien desde su vehículo les gritó “¡vamos a construir un muro!”. El ambiente en vastas regiones de Estados Unidos está crispado por una ola de odio que comenzó en las campañas presidenciales y que parece cobrar fuerza conforme se aproxima la transición del poder de la administración de Barack Obama a Donald Trump.
Los latinos y los miembros de la comunidad LGBT no son los únicos que han sido blancos de ataques. Mujeres musulmanas han sido atacadas en los últimos días en distintos estados de la unión americana. El FBI reportó ayer un incremento del 67 por ciento en los crímenes de odio en contra de la comunidad musulmana.
El impensable triunfo de Trump no sólo cimbró al sistema político sino al frágil tejido social estadounidense. Las recientes muestras descontroladas de odio hacia las minorías han tensado el ambiente y miles de familias temen mayores actos de represión. La inminente era de Trump elevó los sentimientos nacionalistas y aislacionistas que millones de estadounidenses añoraban desde hace tiempo. Millones de votantes avalaron la propuesta de preservar y fortalecer el rostro blanco de Estados Unidos que en las últimas décadas se vio trastocado por una creciente diversidad y multiculturalidad que hasta antes de la elección muchos consideraban imposible de detener.
La ola de intolerancia en contra de las minorías surgida después de la elección no tiene precedente en la era posterior a la lucha de los derechos civiles. Líderes civiles y políticos han mostrado una aparente disposición a oponerse a la retórica de odio y división que permeó el periodo electoral y específicamente a la campaña republicana.
En medio de la incertidumbre de millones de inmigrantes, millones de estadounidenses han decidido emprender una profunda reflexión sobre las implicaciones del triunfo de Trump y de las crecientes muestras de odio hacia las minorías. Millones de norteamericanos aún están dispuestos a preservar la diversidad cultural y étnica de su país y a recibir a los inmigrantes que deseen buscar oportunidades. El problema es que el presidente electo aparenta ir en sentido contrario. Apenas esta semana, Trump nombró como su asesor principal a Stephen Bannon, quien ha sido identificado como uno de los líderes de la derecha alternativa, agrupación que defiende la supremacía blanca y que por lo tanto se opone a la inmigración y multietnicidad en los Estados Unidos.
* Marcos Martínez es estudiante investigador de posgrado del Programa de Periodismo de Investigación y del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de California, en Berkeley.