Odile, la lección que no hemos aprendido

blogeditor · 23 de septiembre de 2014

Odile, la lección que no hemos aprendido

La prevención, esa gran ausente

Si se tratara de un terremoto en la península de Yucatán es posible que en efecto estuviéramos frente a un evento inesperado, poco probable, fuera de lo común, imposible de pronosticar, un outlier. En cambio, la ocurrencia de un huracán en el Océano Pacífico durante el mes de septiembre es un evento con alta probabilidad de ocurrencia. Fácil de pronosticar y monitorear. Así lo muestra la experiencia. Basta recordar Acapulco hace exactamente un año. No es un evento azaroso, tampoco se trata de un evento súbito. Se puede rastrear desde su origen, conocer su trayectoria y magnitud, así como tener una buena estimación de su duración, potencia y destino final. No es una ciencia oculta, prevenir un huracán es algo factible. Por si el lector ocupa –como dicen en la Baja– un buen sitio para monitorear tormentas tropicales es el National Hurricane Center de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration).

Mapa Rodrigo OK

Fuente imagen: NOAA

Entonces, ¿por qué no podemos prevernir estos eventos y nos siguen sorprendiendo de esta forma? ¿Por qué no hay todavía protocolos bien establecidos ante estas eventualidades? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo generar los protocolos de actuación y coordinación de las distintas dependencias? No estamos ante sucesos novedosos: como el incremento de la violencia como consecuencia de la estrategia de combate del gobierno contra el crimen organizado, o el surgimiento de un movimiento guerrillero oculto por años en la Selva Lacandona. No es así. Se trata de un temporal climatológico previsible, recurrente, periódico, facilmente monitoreable y claramente identificable. Dentro de toda las posibilidades de riesgos potenciales para el territorio nacional y su población, un huracán es relativamente fácil de prevenir.

Desde el momento en que se detecta una zona de inestabilidad atmosférica hay varios días para tomar medidas adecuadas. En el transcurso de este tiempo se puede: alertar a la población, tomar las medidas necesarias de prevención como movilizar a la población en zonas de alto riesgo, implementar centros de acopio y distribución de agua y víveres en lugar seguro, se puede desplazar a elementos del ejército con anticipación, así como cuadrillas de personal de Protección Civil, Marina, Conagua, Sedesol, Salud, CFE, etcétera. De hecho, en teoría, debe estar ya instalado el Comité Estatal de Protección Civil listo para actuar y en coordinación con el federal y los municipales. Hay suficiente tiempo para tomar medidas que permitan reducir la incertidumbre de la población y estar listos para una pronta reacción. En esta ocasión, no hubo graves pérdidas humanas, lo que fue un acierto de las autoridades locales y estatales.

Por lo tanto, o seguimos distraídos en algunas otras cosas o no le damos la importancia que se merece. Todo indica que los funcionarios a cargo de las labores de Protección Civil del gobierno federal siguen sin entender su papel. Aún no dominan el tema de la prevención, mucho menos el de tener una reacción oportuna y adecuada ante estas emergencias. Este es ya su segundo año en funciones y tal parece que no tienen experiencia ni conocimiento de las mínimas labores a realizar. Después de dos tragedias ambientales durante este gobierno me parece que es un buen momento para evaluar la capacidad de estos funcionarios y hacer los relevos necesarios. Esta no será la última tormenta, ni la más fuerte. La inutilidad de estas áreas las paga el pueblo mexicano a un precio muy elevado.

Pobre respuesta, pobre gobierno, pobre de Baja…

En esta ocasión, como en Acapulco, la respuesta fue lenta, descordinada e inicialmente desastrosa. Según narraciones de la gente en San José del Cabo, no fue sino hasta el 20 de septiembre, seis días después del impacto, que se empezó a sentir la presencia de autoridades y un poco de control en la región. Fueron seis días de anarquía e incertidumbre para la población local. Para entonces, el pánico y la desesperación ya se habían convertido en turbas que saqueaban cuanto comercio, tienda de autoservicio o de conveniencia veían a su paso. La población desesperada y un tanto abusiva pasó de llevarse comida a tomar televisores, refrigeradores, ventiladores y lo que encontró a su paso.

Parece exagerado, pero si estás encerrado en lo que quedó de tu casa, no hay agua, no hay luz, no funciona el celular ni el teléfono y tu coche está inservible, después de 48 horas de incomunicación es normal que empieces a inquietarte. Si sales y lo primero que ves son actos de rapiña en el Oxxo de la esquina, es fácil entrar en pánico. Como me dijo un pariente residente de San José del Cabo a su llegada el DF: “San José es una locación de Walking Dead”. Por eso la gente optó por cerrar su casa como pudo, subirse a uno de los aviones del Ejército y huir de la zona de desastre. “Ya volveré, cuando todo se haya calmado. No se puede estar así sin seguridad ni información.”

Aquí agrego un video que atestigua el estado de las cosas dos días después:

Tras la tormenta, el tema de la comunicación es fundamental. Evidentemente en este escenario fue particularmente más complejo (con el 90% de los postes eléctricos derrivados). Vale la pena decir que el gobierno municipal se ha mantenido completamente ausente durante toda la crisis. Las autoridades estatales, ante un ciclón que afectó prácticamente todo el territorio estatal fueron inmediatamente superadas por la situación. Por esas razones, todo un equipo de emergencias de Protección Civil de SEGOB, Marina y Ejército debería de haber estado instalado días antes de la llegada del huracán Odile a tierra.

El “cuarto de crisis” debería estar instalado en el lugar de los hechos. no como esta imagen muestra el cuarto de guerra en la SEGOB (varios días después del evento). ¿Dónde está el cuarto de crisis en Baja California Sur? ¿Cómo se está dando la coordinación con el gobierno estatal? ¿Quién es el funcionario federal a cargo de la situación de seguridad y protección de la ciudadanía en Los Cabos, La Paz y localidades aledañas? Perdón, pero el Secretario de Gobernación no puede estar al frente de todos los incendios del país, y en estas situaciones no se puede coordinar efectivamente las tareas desde una sala en Bucareli. La ejemplar Secretaria de Turismo, aunque dispuesta a atender la emergencia, no me parece que sea la que tenga que estar al frente de este tipo de situaciones.

En este sentido, ¿dónde está el titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil de SEGOB? ¿Hay alguna declaración de él? ¿Se le vio en las fotos de la gira del Presidente a Baja California Sur? Primero aparece la Secretaria de Turismo antes que el encargado de la atención de la seguridad de la población civil en situaciones de este tipo. Primero el Secretario de Haciendo hace anuncios de préstamos y deducción de impuestos que el titular de Protección Civil, de Salud o de la misma Sedesol para asegurar la seguridad y abasto de alimentos y agua a la población local. Evidentemente, hay un problema de orden de prioridades y de cumplimiento de un protocolo de actuación en situaciones de emergencia que no le quedan claras a esta administración.

Antes que el anuncio de las medidas económicas y de recuperación de la economía local, que obviamente serán necesarias en su momento, es indispensable primero garantizar la seguridad de la población, el control del territorio, el abasto y suministro de agua y alimentos para toda la población afectada (que en esta caso, es la gran mayoría de los 238 mil habitantes del municipio de Los Cabos), el control de posibles plagas (como dengue) y enfermedades, así como el censo de los daños y el restablecimiento de los servicios básicos (agua, luz, gas, telefonía, etc…). Después viene la activación de la economía, la reconstrucción de la infraestructura no prioritaria, la puesta en marcha de programas de empleo temporal y otras medidas necesarias en la fase 4 o 5; pero totalmente inadecuadas para la fase 1. Por alguna razón era lo que más interés tenían en comunicar desde el primer momento.

Protocolo, protocolo, protocolo…

Tuve la oportunidad de estar presente durante la emergencia por las severas inundaciones en la ciudad de Villahermosa, Tabasco, en 2007. En aquella ocasión, un par de tormentas provocaron que un gran porcentaje de la ciudad de Villahermosa terminara bajo el agua. Entonces, me tocó por unas semanas estar en campo, desde la Sedesol, cooperando para el suministro de alimentos y víveres a los distintos albergues que estaban instalándose en la ciudad. Desde esa experiencia me quedó claro que no contamos con protocolos de actuación en casos de situaciones de emergencia. Cada dependencia y gobierno va por su lado. La coordinación de las distintas dependencias y niveles de gobierno no era la mejor entonces, pero no veo mucha diferencia ahora.

A 29 años de la tragedia del terremoto en la ciudad de México, que conmemoramos el pasado 19 de septiembre, aún no hay protocolos claros de actuación ante emergencias. Por ello, agregaré aquí un conjunto de protocolos que encontré en diversas búsqueda: un manual de emergencias en caso de huracanes para la coordinación de gobiernos municipales, estatales y federales. Así como un manual a nivel local muy sencillo y útil como éste, e incluso hay manuales de procedimientos para el personal y los vehículos de emergencia utilizados durante una contingencia ambiental.

Pero, lamentablemente, en esta búsqueda no encontré un solo manual para México. Ni a nivel municipal, estatal o federal. Tal parece que no existe un solo documento de este tipo que establezca las pautas para la actuación de autoridades en situaciones de emergencia como un ciclón tropical. Ojalá me equivoque. Hay muchas declaraciones de buenas intenciones, pero nada concreto en blanco y negro que sirva como guía para los gobiernos estatales y locales de este país. Simplemente nadie ha tenido la ocurrencia de escribir “el manual de actuación de los gobiernos en caso de desastre natural”. ¡Qué lástima! Me parece una omisión muy grave. Por lo tanto, no es de sorprenderse que en cada huracán haya que improvisar todo de nuevo.

A continuación, ya para terminar, agrego otro manual ante emergencias climatológicas muy sencillo (en español). En cambio, si se trata de localizar algo similar dentro de la Coordinación Nacional de Protección Civil, esto es lo mejor que encontramos.

Me he quedado sin palabras. Esta historia continuará…

 

@rodaxiando