blogeditor · 1 de noviembre de 2011
Por: Gonzalo Ibarra (@yonofui)*
En los últimos meses hemos visto como del otro lado del océano ha iniciado una gran ola de manifestaciones que ha ido inundando poco a poco a varias naciones. Ciudadanos indignados han comenzado a salir a las calles exigiendo democracia auténtica, equidad económica y justicia social. Los “indignados” se han comunicado y coordinado a través de las redes sociales para ocupar plazas y manifestarse; han iniciado un esfuerzo para intentar desmontar el sistema que les oprime.
Muchos se han preguntado insistentemente ¿Donde están los indignados mexicanos? ¿Por qué en un país con marcados problemas de desigualdad no se han manifestado tajantemente como en el resto del mundo? Y quienes lo han intentado ¿Por qué hasta el momento no han obtenido resultados similares al resto de las manifestaciones? Para comenzar a encontrar las respuestas debemos aceptar que no somos como el resto del mundo, México es especial.
Durante décadas, incluso cientos de años, los mexicanos hemos vivido indignados. Una indignación latente habita en los corazones de los ciudadanos de este país quienes hemos soportado revoluciones, invasiones, emperadores, presidentes autoritarios, “dictaduras perfectas”, crisis económicas periódicas, despojos, corrupción, impunidad y violencia para “resolver” problemas. La indignación se convirtió en una costumbre, arraigada en un pueblo de costumbres.
En algo ha tenido gran éxito la clase política de nuestro país, en saber utilizar las diferencias entre mexicanos como un factor de fragmentación social y política, de polarización. Se han formado durante décadas mexicanos “perfectos”, desinformados, reclutados políticamente con fines electorales y comprometidos de conciencia con prebendas que al ser aceptadas aniquilan su dignidad y los hace cómplices del autoritarismo que los oprime. Elevar un grito coordinado y efectivo de indignación, un grito de unidad, podrá parecer imposible sin antes detenernos a razonar cómo romper con esta realidad e identificar las coincidencias.
¿Donde está el factor de unidad de un país con habitantes tan diferentes entre sí? La respuesta podrá parecer tan surrealista como México mismo, el factor de unidad podrá estar en reconocer y respetar nuestras diferencias e identificar nuestro papel como piezas únicas. Una respuesta tan surrealista como un alebrije de pluralidad cultural, de ideas. Podemos disfrutar de nuestras diferencias, como lo hacemos ya con el mole poblano, la tambora sinaloense o los patrones y colores de la cerámica de talavera.
Hoy hemos comenzado a crear y utilizar redes de comunicación y conocimiento que generan conciencia, que están despertando mexicanos. La voluntad de muchos se ha comenzado a unir como las chinampas construidas sobre el Lago de Texcoco, endebles al inicio, pero creando un terreno fértil donde las raíces que habrán de crecer en ellas brindaron la estabilidad para más tarde erigir la capital del imperio azteca. Ha iniciado una revolución de conciencias imposible de detener.
Ciudadanos hemos comenzado a unir esfuerzos, a encontrar coincidencias y a reconocer y respetar nuestras diferencias. La conciencia ciudadana está despertando en más mexicanos dispuestos a ocupar un lugar que habían cedido voluntaria e involuntariamente, a tomar control sobre quienes han orientado nuestro destino desde los 3 Poderes de la Unión. El mejor modo de impulsar la evolución de conciencias es mediante nuestro propio reconocimiento como ciudadanos.
Lograremos unidad, lucharemos pacíficamente por recuperar nuestra dignidad, tomaremos nuestro lugar, ocuparemos San Lázaro. El 1/11/11 coordinaremos el primer esfuerzo para poder avanzar como todos como uno. Somos conscientes, tenemos estrategia, somos fuertes, somos guerreros con corazón, pero sobre todo, somos los determinados.
*Gonzalo Ibarra es activista ciudadano, organizador y parte del movimiento de Ocupa San Lázaro.