La obsolescencia humana frente a la Machina sapiens

Redacción Animal Político · 10 de abril de 2024

La obsolescencia humana frente a la Machina sapiens

Ha llegado el tiempo en el que la tecnología no es la única dimensión ontológica que tiene como cualidad fundamental el llegar a ser obsoleta. Actualmente, la obsolescencia se ha filtrado en las regiones ontológicas de la dimensión humana. Es decir que la existencia humana, frente a su mundo configurado por la tecnología y la ciencia, ahora se puede volver obsoleta o, lo que es lo mismo, caer en desuso, en tanto que se ha vuelto inadecuada en ciertas circunstancias.

El desarrollo de la revolución industrial fue un primer acto para reemplazar agricultores y artesanos por las máquinas, no por completo en el terreno de la agricultura, pero encaminado en esa dirección. El segundo acto han sido los procesos digitales que empiezan a reemplazar a miles de humanos entrenados en procesos administrativos o financieros. Como si el desarrollo de las tecnologías hubiera mostrado la obsolescencia de la “naturaleza humana” y las habilidades humanas, que ya no se pueden ajustar del todo a la dinámica tecnológica, pero el desuso del ser humano no sólo se limita a la incompetencia frente a las máquinas y a la tecnología automatizada. La velocidad de la tecnología excede por mucho la velocidad humana, por ejemplo, la creación de naves que puedan viajar a velocidades altas y a distancias largas, que el cuerpo no va a poder soportar; la generación de información infinita en internet en relación con las capacidades cognitivas humanas finitas; el desarrollo de la inteligencia artificial que ahora está poniendo en crisis las esferas humanas, que orilla a repensar nuevos valores éticos, en torno a las metas del ser humano y a reflexionar desde la filosofía sobre el ser, la naturaleza y la vida.

Cada vez hay más una gran asimetría en las relaciones entre el ser humano y su entorno mecanizado y digitalizado. Al considerar tal asimetría vale la pena preguntarse si el homo sapiens podrá, con sus características “naturales”, competir contra la Machina sapiens, o si habría que mejorar a los seres humanos para que estén a la altura del despliegue de la tecnología, si no su vida inmersa en una matriz tecnológica será como usar aparatos viejos en aparatos novedosos (tratar de usar disquetes en computadoras que ya solo tienen entradas USB).

Ahora bien, la “naturaleza humana”, tan discutida últimamente, 1 es una naturaleza inacabada, imperfecta y frágil como cualquier otra entidad biológica, comparada con otros mamíferos y, de manera específica, con otros primates: límite de años de vida, susceptibilidad a enfermedades patogénicas y a enfermedades crónico-degenerativas, capacidades determinadas y limitadas, necesidad de elementos básicos (por ejemplo, agua, alimentos, reposo, entre otros). Sin importar dichas limitantes, que a su vez han sido condiciones de posibilidad, la historia de la humanidad puede entenderse como el esfuerzo continuo por sobreponerse y superar dichos límites (educación, vacunas y medicamentos, medicina terapéutica, avances tecnocientíficos, incorporación de prótesis al cuerpo, objetos externos para suplir alguna deficiencia o limitación, etcétera). Sin embargo, a pesar de todas las mejoras que se pueda hacer a la “naturaleza humana”, el desnivel con los alcances tecnológicos sigue siendo muy amplio.

Es cierto que no sólo ha sido la tecnología la que reta al ser humano al mejoramiento, también ha sido un deseo mucho más profundo de nuestra especie, tan antiguo quizás como tener conciencia de la muerte, pero potenciado ahora por el desarrollo de la tecnología. El viejo mito sumerio de la Epopeya de Gilgamesh ha renacido en una nueva mitología genomizada en torno al desarrollo biotecnológico, al aumento del conocimiento sobre la hebra de DNA y al desarrollo de técnicas como la de CRISPR/Cas9. En tal sentido, la humanidad, a lo largo de su historia y por diversos procesos específicos de cada cultura, ha intentado mejorarse mediante la construcción y acumulación de conocimiento, así como por medio de técnicas rudimentarias para mejorar tanto la mente (educación: lectura y escritura; disciplina en el ejercicio de la memoria con meditación, entre otras) como el cuerpo (dietética, ejercicios físicos, como caminatas, yoga, deportes, prácticas sexuales, horas de sueño, etcétera) o de técnicas novedosas ahora reconocidas bajo el título del biomejoramiento, que ha revolucionado las formas en las que las tecnologías se incorporan al cuerpo, para incrementar la productividad y la creatividad, prolongar la vida, fomentar la serenidad y fortalecer el cuerpo y la mente, a través de los nuevos avances en las tecnologías emergentes como la nanotecnología, los sistemas microelectromecánicos, la ingeniería genética, la robótica, las ciencias cognitivas, la tecnología de la información, la farmacología, etcétera. 2

En cierto sueño transhumano, construido desde perspectivas evolucionistas (iniciadas a partir de las ideas de Julian Huxley quien acuñó el término transhumanismo en 1957), 3 al parecer la mejora de los seres humanos en todos sus aspectos apunta en la dirección fantástica de producir un superhumano mejorado, al menos un homo cyborg o en su caso nuevas especies (humanas-sobre humanas-poshumanas), más adecuadas al tiempo tecnológico, aunque resultaría problemático pensar en términos de la especie biológica: habría que imaginar el hecho nada sencillo de cambiar a miles de millones de individuos alrededor del mundo o intervenir en cada nacimiento mediante la edición genética en embriones, y reescribir en ese genoma al ser humano idealizado que supere los límites de lo que hoy delinea la fragilidad de “naturaleza humana”. Tal vez sea más factible inventar una nueva especie que prolifere por medio de recursos artificiales y mecanizados fuera del cuerpo —como la fecundación in vitro, una nueva especie que, sin la necesidad de usar la reproducción sexual como un medio de continuidad de nuestra especie, establezca nuevas formas de interacciones interpersonales.

En suma, conceptualizar la “naturaleza humana” desde la perspectiva de la obsolescencia ofrece motivos para pensar en mejorarla por todos los medios posibles, de tal manera que le permitan estar a la altura de las circunstancias tecnológicas del mundo digitalizado.

* Jorge Vélez Vega es posdoctorante en el Departamento de Biología Evolutiva De la Facultad de Ciencias, UNAM; es integrante del Seminario Universitario de Evolución. Ricardo Noguera Solano es profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias; miembro del Programa Universitario de Bioética donde coordina el “Seminario Raíces evolutivas de la capacidad moral”; actualmente, también es secretario técnico del Seminario Universitario de Evolución, UNAM.

 

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1 Diéguez, A. 2017. “Concepto fuerte de naturaleza humana y biomejoramiento humano”. En Técnica y ser humano, editado por J. Sanmartín Esplugues y R. Gutiérrez Lombardo, 81-98. México: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.

2 Lin, P. y F. Allhoff. 2008. “Untangling the Debate: The Ethics of Human Enhancement”. Nanoethics 2 (3): 251-264.

3 Huxley, Julian. 1957. The Transhumanism, New Bottles for New Wines, London: Chatto and Windus.