Redacción Animal Político · 10 de enero de 2025
En 2020, durante la recesión causada por el COVID, trabajaba en la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA en inglés). Desde ahí, argumenté en varios reportes por nuevos pactos verdes (green new deals), enfatizando su potencial para crear muchos empleos. Contento con la contribución en ese contexto, veo que, cinco años después, la conversación se ha estancado y no se ha adaptado a tiempos de recuperación.
En una recesión, políticas para estimular la demanda y crear (o mantener) empleos son necesarias. Mientras más empleos, mejor. Nuestro argumento era simple, pero sólido: la intensidad laboral de industrias verdes, como la solar, es mayor a la de las fósiles. Desde la extracción y refinación de minerales, la manufactura de los paneles, siguiendo por su instalación, mantenimiento, desmantelamiento e idealmente, reciclaje, se necesitan varias manos.
En 2025, sin embargo, no hay la misma necesidad de crear empleos. En México, la tasa de desempleo de 2.5 % tocó un mínimo histórico el año pasado. En cambio, el enfoque debe ser sobre mejorar la demanda —que en el mercado laboral son los puestos— a manera que la oferta —los trabajadores— la satisfagan. Para ello, la conversación debe pasar de lo cuantitativo —el número de empleos— a uno más cualitativo sobre calidad: buenos empleos que promuevan y otorguen un nivel de vida de clase media, beneficios adecuados, niveles razonables de autonomía personal, seguridad económica y ascensos profesionales.
Así, los modelos macroeconómicos que promoví hace cinco años quedan cortos hoy en día. Mis colegas y yo reconocíamos que los pactos verdes causarían desempleo en las industrias fósiles, pero lo justificábamos a través de dos puntos. Primero, había una “ganancia” neta en la mayor creación de empleos verdes sobre los perdidos en fósiles. Segundo, el Estado tendría que compensar aquellos que no pudieran ser absorbidos por las industrias verdes.
A nivel microeconómico y cualitativamente, nos faltó decir que las pérdidas duelen más que las ganancias. El desempleo conduce a depresión, adicciones e incluso la muerte. Además, más y más estudios muestran que, a pesar de que -efectivamente- las industrias verdes crean muchos empleos, estos son regionales. Sí hay un traslape entre las capacidades de las industrias verdes y fósiles —por ejemplo, excavación petrolera y geotérmica— que se pueden transferir con mínimo entrenamiento. Pero la gente no está dispuesta a mudarse por esos empleos verdes.
Aun así, en 2025, me encuentro en demasiadas discusiones con colegas que siguen persiguiendo un número de empleos verdes. Por todo lo anterior, me parece una narrativa incorrecta y anticuada.
Hoy, peleo por la manufactura. Si es sustentable —no necesariamente “verde”—, mejor. 1 La manufactura está cada vez más automatizada y no generará el número de empleos que burócratas buscan. Sin embargo, estos empleos serán buenos —acorde a la definición de arriba— y formales. No requerirán altos grados de escolaridad —en cualquier caso, la mayor parte de experiencia se adquiere en un empleo, no en escuelas— y serán también productivos, importante para México que está rezagado en temas de productividad laboral.
Además, tendrán derrames económicos grandes: las empresas manufactureras requieren distintos servicios a lo largo de la cadena de valor, como contables o logísticos. Estos son los empleos indirectos e inducidos que, a pesar de sí figurar en los modelos, políticamente tienen menos importancia. Del libro de texto macroeconómico, tomo que el incremento de productividad en la industria manufacturera aumenta también los salarios de un peluquero y otros servicios en la región. Esa es la historia que hay que fomentar. De los modelos que arrojan números de empleos verdes y de sus supuestos, me desenamoré mientras más los estudié.
El sabio puede cambiar de opinión. El mundo hace cinco años era diferente. Necesitábamos revivirlo y cualquier empleo verde era una solución. Ahora, hay que ser más selectivos y cuestionar su valor. ¿Agrega al desarrollo? ¿Es digno? ¿Canibaliza a otros quizá con mayor impacto? Ello requiere pasar de análisis cuantitativos a cualitativos. Y dejar de obsesionarse con el número de empleos verdes como objetivo final. Eso ya pasó de moda.
* Carlos Guadarrama es un experto internacional en política energética y beneficios socioeconómicos. Se especializa en el diseño y análisis de políticas para energías renovables y para transiciones energéticas justas e inclusivas. Ha enfocado su trabajo en África, Asia y Latinoamérica, desde organizaciones internacionales como en Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA). Es egresado del ITAM, de Harvard y está cursando doctorado en Oxford. Su opinión no refleja la de los organismos donde ha trabajado, ni la de las instituciones donde ha estudiado.
1 Que México, con sus problemas de agua, busque manufacturar baterías de litio que requieren excesivas cantidades a lo largo de la cadena de valor no es sustentable.