blogeditor · 6 de agosto de 2013
A principios de julio una nota nos colocaba a la cabeza de la obesidad mundial: “De acuerdo con el informe El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2013, la prevalencia de obesidad entre los estadOunidenses es de 31.8 por ciento, en tanto que la de los mexicanos asciende a 32.8 por ciento”. Días después salieron algunas precisiones: aunque el informe se publicó en 2013, los datos que allí se consignan, tanto para Estados Unidos como para México, son del 2008, los más recientes que había disponibles el año pasado al momento de escribir el informe.
Fuéramos o no los más obesos del mundo, la nota tocó fibras sensibles: México tiene un problema en esa área de salud. De acuerdo con una encuesta de Defoe, el 91% de los encuestados considera que, efectivamente, la obesidad es un problema de salud.
Y 79% considera que el gobierno debe invertir en políticas públicas para combatirla. Los cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señalan que el precio para tratar la obesidad en el sistema de salud mexicano sería de 12 dólares per cápita. Y hace un par de años, el entonces Secretario de Salud, Córdova Villalobos explicaba que “los costos indirectos en productividad relacionados con el sobrepeso y la obesidad son de 23,000 millones de pesos anuales, en los próximos 10 años superará los 150,000 millones. Es prácticamente el presupuesto de la Secretaría de Salud (SSA) y para todos los estados del país, y esto puede representar una carga insostenible para el sistema de salud”.
Entre las personas que consideran que el gobierno debe invertir en la implementación de políticas públicas para combatir la obesidad, encontramos a quienes cuentan con edades entre 36 a 45 años.
De las personas que respondieron que el gobierno “no ” debería invertir en políticas públicas para combatir esta enfermedad que ha alcanzado niveles de epidemia, el 58% considera que es un problema individual y que debe ser resuelto de la misma manera.
Desafortunadamente esto es falso, la obesidad sí es un problema de salud pública y la bomba de esta epidemia ya nos explotó en las manos. Pero, todavía no todo está perdido, estamos a tiempo de lanzar proyectos preventivos en los que a edades tempranas se introduzcan correctos patrones de alimentación, hábitos saludables, orientación nutricional, y actividad física. Si ser obeso fue alguna vez una elección, dejar de serlo puede ser otra.