Jorge Avila · 22 de abril de 2026
Por Cuauhtémoc Osorno Córdova. investigador y consultor especializado en derechos humanos y políticas públicas relacionados al agua.
Después de leer el reciente informe de la ONU, donde con actualizada evidencia nos demuestra que en gran parte del mundo “ya no estamos en crisis hídrica, ESTAMOS EN BANCARROTA”, es necesario reflexionar cómo estamos en algunos números relacionados a la gestión del agua en Oaxaca, para realizar los cambios antes que el destino nos alcance.
Si comenzamos con el tema de las lluvias, en México se registra un promedio de 747 milímetros de precipitación al año, mientras que en Oaxaca los datos dicen que tenemos mil 386 milímetros al año (85% más que el nivel nacional), aunque no llueve parejo en las ocho regiones del estado, por decisiones caprichosas de la orografía que limitan el acceso a Cocijo y Dzahui.
Gracias a que parte de esa bendita lluvia nutre a los ríos, lagunas y también se infiltra a los acuíferos, disponemos para diversos usos de lo que se ha llamado “agua renovable”. En México se calcula una disponibilidad promedio de 3 mil 569 m3 de agua dulce por habitante al año, a diferencia de Oaxaca, donde disponemos de un promedio de 13 mil 785 m3 de agua dulce por habitante al año (casi cuatro veces la media nacional).
Los datos del párrafo anterior se podrían traducir de la siguiente manera: si Oaxaca fuera por sí solo un país, sería clasificado como una nación con ‘alta disponibilidad’ de agua por persona al año. Pero esta disponibilidad hídrica es desigual dentro del territorio, pues mientras en las regiones Papaloapan y Sierra Norte el líquido vital es muy abundante, en las regiones Mixteca y Valles Centrales se sufre de severas sequías.
En términos generales, del año 2015 al 2022 (último dato disponible), el agua renovable de Oaxaca solo se redujo un 0.09% (algo insignificante). La CONAGUA calcula que para el 2030, el agua renovable del estado se reducirá un 2.93%.
En las tierras oaxaqueñas están delimitados 21 acuíferos, donde se monitorean las aguas subterráneas. En 2015 no teníamos acuíferos en déficit, y para el año 2023, dos se reportaron deficitarios (Jamiltepec y Río Verde-Ejutla), localizados en mayor parte en la región de la Sierra Sur. Mientras que las cuencas ubicadas en Oaxaca, donde se miden las aguas superficiales, dos están en déficit (Río Mixteco y Río Tlapaneco), en la región Mixteca, donde ambas cuencas se muestran con recuperaciones en el periodo 2016-2023.
Con base en la nueva Ley de Aguas Nacionales, la CONAGUA tiene que revisar y actualizar la disponibilidad de los acuíferos y las cuencas cada dos años. Entonces, si la última publicación oficial fue a finales del 2023, en este 2026 tendríamos que tener los nuevos datos. ¿Cómo nos irá a Oaxaca considerando la dura sequía de los últimos dos años? ¿La disponibilidad se mantendrá estable o se encontrarán más cuencas y acuíferos en déficit?
En esta exposición de estadísticas, debemos considerar que del total de agua concesionada en el estado, 79% de los volúmenes se destina a la producción agropecuaria, 18% para el abastecimiento público y 3% para el sector industrial. Sin embargo, estas cifras no consideran los millones de litros que se extraen de manera ilegal y que disminuyen la disponibilidad hídrica.
Si bien todavía hay suficiente agua en el territorio, se requiere una gran red de infraestructura. En Oaxaca se registra que en 90.2% de nuestros predios y casas existe algún tipo de cobertura para abastecernos del líquido, pero solo el 41.2% de la población oaxaqueña tiene un suministro diario de agua. Un 18.2% recibe cada tercer día y al 40.5% nos llega el agua dos veces por semana, una vez por semana y de vez en cuando.
De acuerdo a la población encuestada en Oaxaca por el INEGI del año 2019 al 2023, las conexiones de la red de tubería pública a nuestras casas han ido en incremento, lo cual es positivo. Pero a la par, ha disminuido el suministro constante, la calidad del agua recibida, y en general, la satisfacción con el servicio público de agua. Cabe mencionar, que todos los porcentajes que a continuación muestra la gráfica, están por debajo de los promedios nacionales (los datos del 2025 aún no están disponibles).
Ante las grandes deficiencias de la gestión pública del servicio de agua, dos grandes negocios que han proliferado en el estado son las embotelladoras de agua potable y sobre todo, las organizaciones privadas de pipas de agua (donde hay mucha extracción clandestina). Cada minuto pasan pipas de todos los colores y tamaños por las calles del área metropolitana de Oaxaca, incluso a mayor magnitud que en alcaldías con histórica escasez hídrica como Iztapalapa o Milpa Alta en la Ciudad de México.
Cuando contaminamos las fuentes, se reduce la disponibilidad de agua. Del periodo 2012-2024, los análisis de calidad de agua en el estado, tanto superficiales (como ríos, lagunas y presas) como subterráneas (acuíferos), resultó con el 47.2% de los sitios con buena calidad, 26.5% con mala calidad y 26.1% con calidad intermedia. La principal causa que genera la contaminación es el desecho sin tratamiento de las diversas aguas residuales (solo 66% de las plantas de tratamiento operan y no a su máxima capacidad).
Otras dos situaciones ambientales que debemos considerar, son la deforestación y los incendios forestales, que son fenómenos que puede disminuir la captación e infiltración hídrica en las cuencas y acuíferos. En el periodo 2001 y 2023, Oaxaca perdió 408 mil 414 hectáreas de vegetación, lo que representó el 6.4% de la superficie forestal estatal. El cambio de uso del suelo hacia actividades de ganadería y agricultura fueron las principales razones.
En cuanto a los incendios forestales, desde principios de este año 2026, nuestra entidad ha sido la más afectada del país. En el periodo 2015-2024 Oaxaca fue el quinto estado con mayor superficie incendiada (452 mil hectáreas), es decir, una extensión de 50 veces el municipio de Oaxaca de Juárez.
Ante este complejo panorama, la sociedad civil junto con las comunidades y la academia, han propuesto nuevas formas para construir la gobernanza hídrica. Un ejemplo es el Foro Oaxaqueño del Agua que desde el 2003 ha realizado 68 encuentros multiactor en varios municipios. Y desde el 2024, organizaciones sociales crearon el Observatorio Comunitario Ciudadano del Agua de Oaxaca. En estos valiosos espacios se discuten y se proponen mejoras en la gestión hídrica en la entidad, ¿Qué tanto han sido escuchadas?
Por el lado gubernamental, la presente administración estatal reportó la ampliación del suministro en la red pública, al pasar de 190 litros por segundo a más de 600, cuando se requiere un poco más de mil litros por segundo para garantizar el abasto de la zona metropolitana. A pesar de este avance, aún se pierde por fugas un volumen cercano al 40%. En estos instantes, la apuesta institucional es la construcción de la presa Margarita Maza, ¿es la solución más sostenible a mediano y largo plazo?
De su parte, el congreso de Oaxaca tiene que actualizar la ley estatal de aguas a más tardar el 9 de junio de este año, para cumplir con las reformas federales, y así regular los derechos al agua y al saneamiento, reconociendo la autonomía de los pueblos indígenas. Esperamos que el congreso o el ejecutivo local pronto haga la invitación a mesas de trabajo para construir con la ciudadanía el futuro de la legislación del agua en el estado. En Querétaro, ya se inició el Parlamento Abierto para este fin.
Retomando el informe de la ONU, en Oaxaca aún no estamos en bancarrota hídrica. Pero ante la crisis climática, las soluciones no solo deben incluir infraestructura hidráulica, sino también la conservación y restauración ecológica de las cuencas, y en general fortalecer la gobernanza democrática. Ahora es el momento perfecto para que entre todos los sectores acordemos e impulsemos un nuevo modelo de la gestión del agua que sea sostenible, integral y participativo. Desde Oaxaca, podemos poner el buen ejemplo.