blogeditor · 5 de enero de 2015
Es una casta globalizada aparte la de los grandes empresarios, sus amigos cercanos, satélites y familiares. La de los vástagos del sistema Chaebol, en sus múltiples acepciones y variantes, que ilustra todos los días la actitud patrimonialista y oligárquica que delata lo que son: señores y señoras feudales. En México, Corea del Sur e incontables esferas de influencia, donde las leyes son flexibles y los intereses de la oligarquía, intocables.
El más reciente añadido a la saga sin conclusión a la vista es el Nutgate, mayúsculo berrinche -con implicaciones internacionales- protagonizado por Cho Hyun-ah (hija mayor del director y accionista del consorcio aéreo, heredera del Grupo Hanjin, gigante de la logística que inició actividades después de la Segunda Guerra Mundial: una de las fortunas más grandes e importantes de su país) y las nueces macadamia mal servidas antes del despegue del vuelo de Korean Air Lines, con ruta JFK Nueva York – Incheon Seúl.

Miembros de la tripulación fueron agredidos verbal y físicamente por la júnior ‘agraviada’, de 40 años de edad, ejecutiva VIP de la empresa con estudios en la Universidad de Cornell y responsable en ese momento del servicio en todos los vuelos de KAL. Con furia mal contenida, obligó a hincarse ante ella y pedir sentidas disculpas a una sobrecargo y al supervisor acusados de ser causantes directos del desaguisado; por instrucciones suyas al capitán, el avión –que en ese momento esperaba instrucciones en pista para despegue- tuvo que regresar a plataforma a efecto de que el blanco principal de sus regaños se quedara en Nueva York. El volumen de sus reclamos se escuchaba hasta los asientos menos privilegiados de la clase turista. Con empujones y gritos destemplados alegó que las botanas debían haberse servido en platos, no en los envoltorios que las contenían.
La única consecuencia virtuosa del affaire de las nueces que le ha dado la vuelta al mundo es que incrementó la demanda popular de este producto. Por lo demás, quién sabe si hubiera acarreado las mismas consecuencias negativas de haber tenido lugar en algún aeropuerto de Corea del Sur. Pero ocurrió fuera de base, y el control de daños por parte de KAL se tornó imposible.
Poco tiempo después del zafarrancho protagonizado por ella, obligada por las circunstancias y la creciente presión mediática a disculparse (expediente al que tuvo que recurrir también su padre Cho Yang-ho -quien en 1990 pisó la cárcel por evadir impuestos– aclarando que la heredera había sido separada de todos los cargos relacionados con el consorcio), Cho Hyun-ah fue detenida y acusada de comprometer la seguridad del vuelo y entorpecer el curso de las investigaciones.
Esto, después de la evidencia de tentativas de encubrimiento por parte de KAL, e incluso indicios de que personal de la empresa había obligado al supervisor de sobrecargos a que asumiera por completo la responsabilidad del penoso incidente.
A pesar de asegunes y limitantes, queda demostrado que la procuración e impartición de justicia en la República de Corea es bastante más autónoma que en nuestro país. Aquí, historias como la de la hija del director de la aerolínea se contarían –de tener acceso a ellas- con los dedos de cientos o miles de manos.
Y como en México, el abuso de altos ejecutivos y sus herederos no se limita a la familia heredera de la fortuna cuyo emblema es Korean Air Lines, de acuerdo a una nota que el diario Guardian le dedica al asunto:
En 2007 el director del consorcio gigante Hanwha fue procesado por contratar golpeadores que atacaron con tubos de metal a personas involucradas en una riña de borrachos, afuera del bar donde fue golpeado su hijo. Recibió una sentencia de libertad condicional.
En 2010, un integrante de la familia fundadora de la empresa SK Group obtuvo también la libertad condicional por golpear, con bate de beisbol, a un viejo activista sindical. Le ofreció a la víctima el equivalente a once mil quinientas libras esterlinas como compensación por el ataque.
Las disculpas, sentidas o no, constituyen un avance significativo pero insuficiente. Allá las leyes tienden, como aquí, a favorecer a los propietarios del país. Aunque en ciertas oportunidades aisladas, no tanto.

“Pido disculpas a los ciudadanos, desde mi puesto como director de Korean Air y como padre de familia, por el daño que ocasionó el comportamiento idiota (sic) de mi hija. Lamento no haberla educado mejor”.
En México, la Casta Divina (marca siglo veintiuno) que alardea exhibiendo el cobre producto del capital acumulado e influencia política atribuible a los consorcios tipo Chaebol de su pertenencia -o Keiretsu, como se conocen a los descomunales Trusts en esas partes del mundo y en las escuelas de negocios- presume en redes sociales sus innumerables ‘proezas’. De vez en cuando, el escarnio popular obliga a sus dueños a clausurar cuentas de Facebook o Twitter, reactivadas en cuanto surgen nuevos motivos de descontento virtual, hasta que nuevos autogoles los obligan a cerrarlas. Espiral sin interrupciones ni visos de que vaya pronto a concluir.
En resumen, para el clan de Cho Yan-ho era preferible que la ropa sucia se lavara en casa. La realidad se impuso, el clamor rebasó fronteras y la resolución del embrollo contempla un escarmiento jurídico para la hija del Patriarca. Por lo pronto, ella tuvo que ensayar una variante coreana del humillante ritual contemporáneo: el Perp Walk (¿Marcha del Perpetrador, sin escolta policiaca ni esposas?), a la norteamericana.

Por añadidura y a pesar de resistencias iniciales, podrían fincársele cargos de consideración si se comprueban violaciones a protocolos de seguridad aérea. Cho Hyun-ah ya abandonó todos sus puestos (incluyendo el de administradora de los hoteles propiedad de KAL), pero mantendrá el porcentaje que le corresponde como tenedora del 2.5% de las acciones de la compañía.
Las diferencias entre nuestros países sí son profundas. Hasta en el idioma corporal.



Por vía de contraste, y como se ha abordado con anterioridad en este espacio, el gobierno sudcoreano tuvo que actuar con decisión en un caso emblemático, e infinitamente más grave que un Nutgate digno de simple anécdota: me refiero al hundimiento del transbordador Sewol, donde la negligencia criminal y el pésimo manejo de la tripulación del ferry produjo más de 300 muertes (la mayoría jóvenes de secundaria que usaban el barco para vacacionar en un balneario donde disfrutarían sus vacaciones escolares), y un reconocimiento explícito de las autoridades de máximo nivel obligadas -a diferencia de lo es norma, en tierras mexicanas- a dimitir.


En México el 2015 que comienza será otro año de contrastes entre visiones opuestas de los privilegios adquiridos. De un presidente como Enrique Peña Nieto, y la clase político-empresarial que sostiene y justifica la corrupción por inamovibles resortes ‘culturales’, pero que deberá enfrentar a sectores sociales poco dispuestos a que la arrogancia e impunidad (que la define) siga perpetuándose sexenio tras sexenio.
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Hoy se cumplen sesenta y siete meses de un crimen sin castigo: el incendio de la Guardería ABC. Impunidad absoluta, premiada y sin límite; 49 bebés que no debieron morir, ni otros, decenas más, sufrir lesiones de todo tipo.
Los familiares de las víctimas esperan en vano a que el presidente le asigne al tema, la prioridad que se merece. Así lo prometió siendo candidato.
No podremos, nunca, olvidarlo.