Nuevos liderazgos políticos en seguridad ciudadana

Redacción Animal Político · 31 de diciembre de 2019

Nuevos liderazgos políticos en seguridad ciudadana

La información empírica disponible coloca a México en condición extrema de violencias e inseguridad, comparable a los peores escenarios en el mundo. Basta recordar que entre el 2000 y el 2017, México se colocó en el segundo lugar de crecimiento de homicidios violentos en todo el planeta, solo por debajo de Dominica. Algunas de las más recientes proyecciones anticipan cerrar 2019 con una tasa nacional equivalente a 30 homicidios intencionales por cada cien mil habitantes, habiéndose multiplicado más de tres veces de 2007 a la fecha.

Crecen de manera interminable y afortunada las investigaciones cuantitativas y cualitativas que profundizan en la interpretación de nuestra crisis de violencias, y ciertamente muchas de ellas construyen cada vez más sólidas recomendaciones de mejora. Sin embargo, aún es exigua la disponibilidad de evaluaciones oficiales e independientes de las políticas de seguridad.

Es un déficit, por cierto, extendido en toda América Latina (AL) y El Caribe. El pasado 6 de noviembre, en la consulta regional convocada por la ONU-DH y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, encaminada a actualizar el Informe sobre Seguridad Ciudadana y Derechos Humanos publicado por ésta en el 2009, señalé ante el grupo de trabajo la relevancia crítica de poder responder, desde AL y para AL, la siguiente pregunta: ¿qué funciona para construir seguridad ciudadana con Derechos Humanos? El comité organizador del ejercicio en efecto reconoció la centralidad del enfoque para los trabajos de actualización del reporte.  

México tiene ejercicios germinales que comienzan a responder la pregunta, pero no se ha construido aún la narrativa oficial, técnica, sólida y, sobre todo, sostenida en el tiempo, que nos permita distinguir lo que funciona y lo que no funciona.

Así como la mirada lejana hacia una pintura no permite ver los contrastes finos, exactamente igual podemos decir que, desde el punto de vista nacional, no se alcanzan a ver los contrastes locales en materia de políticas de seguridad. La mirada cercana, en cambio, los enseña a veces de manera contundente. Va un ejemplo: hay municipios que duplican la confianza en la policía, con respecto a otros; municipios donde el setenta y hasta más del ochenta por ciento de las y los adultos entrevistados afirma confiar en la policía, superando incluso los mejores registros históricos alcanzados por la Policía Federal, y colocándose cerca, a la par y hasta por encima de la confianza hacia las fuerzas armadas (según el estudio que se mire).

Hemos venido presionando por un cuarto de siglo para que el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) construya la respuesta de lo que funciona y lo que no funciona para construir seguridad ciudadana con Derechos Humanos. No lo ha hecho y no sabemos si algún día lo hará; mi hipótesis es que el diseño del SNSP hace imposible construir incentivos de mejora y competencia por buenas prácticas, gracias principalmente a dos grandes problemas: 1. El implementador y el evaluador están colocados en el mismo lugar; 2.  Los incentivos están orientados más hacia la negociación de recursos, a su vez atados a compromisos políticos, y menos hacia la evaluación del impacto de las decisiones.

En cambio, sí han madurado experiencias locales que comienzan a ofrecer respuestas. Más aún, emergen liderazgos políticos municipales que compiten por los mejores resultados, con o sin herramientas técnicas idóneas al alcance, con o sin rutas claras, con o sin metodologías explícitas, con o sin vinculación al conocimiento moderno.

Habrá que construir, con lo que tengamos y como podamos, el aparador de buenas prácticas que en 25 años no ha montado el SNSP. Habrá que hacerlo con los liderazgos políticos locales que ya están en esa ruta, pero aún no tienen el andamiaje metodológico afianzado para la adecuada verificación empírica del impacto, la rendición de cuentas, el aprendizaje y la sostenibilidad.

Es la buena nueva con la que inicio el 2020: además de la diaria orgía de atrocidades, están pasando otras cosas, gracias a liderazgos políticos diferentes -tan destacados como reducidos- que ya se ven invirtiendo más y más en la mejora policía, y en algunos casos más que eso, colocados en experiencias de frontera en prevención y justicia cívica.

Tiempo de trabajar mucho más con los nuevos liderazgos políticos en seguridad ciudadana.

@ErnestoLPV