Redacción Animal Político · 8 de julio de 2025
Dos eventos ilustran los nuevos términos de nuestra relación con los Estados Unidos: los señalamientos del departamento del Tesoro norteamericano respecto del lavado de dinero que se facilitó desde CIBanco, Intercam y Vector Casa de Bolsa, y el acuerdo que estaría alcanzando Ovidio Guzmán con las autoridades de los Estados Unidos. Frente a ambos eventos la presidenta de la república reaccionó iracunda exigiendo pruebas, cuestionando la falta de cooperación intergubernamental y, en el caso de Ovidio, señalando la negociación con delincuentes.
En el primer caso, a pesar de que la presidencia y la Secretaría de Hacienda dijeron que no tenían información al respecto, al pasar los días, nos enteramos que la Unidad de Inteligencia Financiera conocía desde agosto del 2024 de las irregularidades denunciadas por el departamento del Tesoro. La presidenta exigía pruebas, los mercados sancionaron; donde la presidenta veía conjeturas, los mercados vieron certezas.
Al final, la autoridad reguladora ha asumido temporalmente el control administrativo y operativo de los bancos. Mal trago que se agrava por el hecho de que uno de los personajes involucrados en el lavado fue jefe de la oficina de la presidencia de López Obrador. El cerco se acorta.
En el segundo caso la reacción fue similar: cualquier revelación o acusación deberá acompañarse de pruebas. La molestia presidencial confirma la vulnerabilidad que enfrenta: la decisión del hijo del Chapo de declararse culpable y colaborar con las autoridades supone la revelación de información muy delicada, y que se estime creíble. Ello abre un frente incontrolable de conflictos.
Ni el caso de lavado de dinero ni la decisión del hijo del Chapo debieran llamar a sorpresa, hubo avisos; lo que parece provocar la rabia presidencial es que el ritmo de las revelaciones se establece unilateralmente en Estados Unidos, que se ha perdido la mínima cortesía de anticipar los anuncios. Los márgenes de maniobra se estrechan. Nuevas pruebas para la presidenta.
Pero al final del día, lo que debiera preocuparnos a todos es la sistemática constatación de los avances del crimen organizado en todos los ámbitos de la vida pública. Confirmar los vínculos del grupo gobernante con el crimen organizado no es una buena noticia, es una alerta poderosa sobre cómo debemos repensarnos como país. Ni más ni menos.
* Rodrigo Morales M. (@rodmoralmanz) fue consejero electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal y en el Instituto Federal Electoral. Actualmente es consultor internacional en materia electoral.