Lo que Nuevo León decidió mirar

Jorge Avila · 14 de mayo de 2026

Lo que Nuevo León decidió mirar

Por Alejandra Arvizu Fernández

Inicios de mayo nos encuentra entre el Día de las Niñas y los Niños y el Día de las y los Docentes. Es esa parte del calendario que puede volverse caótica para mantener cierta normalidad en la rutina escolar: el Día de la Madre, el 5 de mayo, los puentes y las actividades escolares que se acumulan. Entre todo esto pasó algo el 27 de abril que merece no perderse de vista: Nuevo León publicó su nueva Ley de Educación. Y aunque una ley puede parecer menos vistosa que una conmemoración, puede decirnos mucho más sobre cómo un estado decide reconocer, en serio, a quienes aprenden y a quienes enseñan.

Pero, ¿por qué importa una ley estatal de educación? Bueno, la expedición de este tipo de ley es importante porque traduce el marco general de la Ley General de Educación a las condiciones concretas de un estado: sus escuelas, sus docentes, sus estudiantes, sus desigualdades territoriales y sus capacidades institucionales. Mientras la ley federal establece los grandes principios y obligaciones del sistema educativo nacional, una ley estatal aterriza cómo se organizan, priorizan y operan esas obligaciones en el ámbito local. Por eso, no es un trámite menor. Una ley estatal no resuelve por sí sola la implementación, pero sí puede fijar obligaciones, habilitar mecanismos de seguimiento y orientar las políticas que después deberán traducirse en presupuesto, programas y acciones concretas.

En Nuevo León, esa traducción no es menor: de acuerdo con la plataforma MONITO, el estado ocupa el lugar número ocho en población de 3 a 17 años en México. En el ciclo escolar 2024-2025, el sistema educativo estatal atendía a más de 1.6 millones de estudiantes, con más de 90 mil docentes y directivos en 7 mil 837 escuelas. Por eso, lo que una ley decide mirar importa: porque define qué cuenta como prioridad pública y qué condiciones deben construirse para garantizar el derecho a aprender.

Y hay tres temas específicos de esta nueva ley que marcan un avance importante: la inclusión de evaluación estandarizada, condiciones para la menstruación digna y formación docente. Hago la aclaración de que la relevancia de estos temas no es porque se mencionen en varias leyes estatales. Su relevancia está en que los articula dentro de una misma arquitectura normativa: medir aprendizajes para saber dónde mejorar, reconocer la gestión menstrual como condición de permanencia y dignidad escolar, y fortalecer la formación docente como base de cualquier mejora educativa. En un país donde muchas veces se legisla el derecho a aprender en abstracto, Nuevo León abre una oportunidad para discutir cómo se vuelve exigible en la vida cotidiana de las escuelas.

Empecemos por la evaluación educativa. La nueva Ley de Educación de Nuevo León no habla de la evaluación estandarizada y censal como un trámite administrativo ni como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para mirar el aprendizaje y orientar la mejora del propio sistema. Esto importa porque está directamente relacionado con la garantía del derecho a la educación. Como hemos insistido incansablemente en Mexicanos Primero, el derecho a la educación no se agota en tener un lugar en la escuela: es el derecho de niñas, niños y jóvenes a aprender. Y si el sistema no se evalúa, si no produce información amplia, comparable y pública sobre lo que sus estudiantes están aprendiendo, entonces camina a ciegas. No sabe si cumple, no sabe dónde falla y no sabe a quién está dejando atrás. Por eso, la evaluación no debe entenderse como una amenaza ni como un castigo, sino como parte de la garantía del derecho a aprender: una herramienta para que estudiantes y familias sepan si la educación que reciben está cumpliendo hoy, no solo en el discurso ni en la promesa de futuro. Y al menos en su nueva ley, Nuevo León parece haberlo entendido así.

Y si la evaluación permite mirar si el sistema está cumpliendo con los aprendizajes, la inclusión en la ley de la menstruación obliga a mirar otra dimensión igual de importante: las condiciones concretas en las que niñas y jóvenes viven la escuela. No se trata de un tema accesorio ni ajeno a la educación. Se trata de reconocer que aprender también requiere condiciones de dignidad, salud, información, infraestructura y trato. Para muchas niñas y jóvenes, menstruar sin información suficiente, sin baños adecuados, sin productos de gestión menstrual o bajo estigmas puede convertirse en una barrera real para asistir, permanecer y aprender en la escuela. Con ello, la nueva Ley de Educación de Nuevo Leónse suma a las 15 legislaciones estatales educativas que ya reconocían que hablar de menstruación también es hablar de condiciones para el aprendizaje. Si bien no llega al nivel de especificidad que algunas otras leyes han establecido sobre gratuidad de productos de gestión menstrual en los espacios escolares, avanza con paso firme al reconocer la necesidad de infraestructura adecuada, información específica y formación tanto para estudiantes como para personal escolar.

Falta un tercer punto que completa la ecuación: la formación docente. La ley también reconoce que ninguna mejora educativa ocurre sin maestras y maestros acompañados, actualizados y con condiciones para hacer bien su trabajo. Esto importa especialmente en estos días, cuando se acerca el Día de las y los Docentes y solemos llenar el discurso público de agradecimientos. Pero reconocer a las maestras y maestros no puede quedarse en felicitaciones: implica construir sistemas de formación, acompañamiento y mejora continua que les permitan responder a los desafíos reales de sus aulas.

¿Una ley estatal de educación resuelve por sí sola los problemas del sistema? No. Pero sí puede habilitar un paso adelante: declarar, con más precisión, qué está dispuesto a mirar un estado, qué obligaciones asume y qué condiciones quiere construir. En el caso de Nuevo León, la nueva ley deja una señal relevante: las niñas, niños, jóvenes y docentes importan más allá de una fecha en el calendario y más allá del discurso. Importan en los datos que el sistema decide producir, en las condiciones materiales que reconoce y en la formación que ofrece a quienes enseñan todos los días. Porque aprender importa, y para garantizarlo no basta con decirlo: hay que medirlo, cuidarlo y sostenerlo todos los días.

* Directora de Monitoreo de Políticas Educativas en Mexicanos Primero