blogeditor · 24 de octubre de 2014
Da pena ajena saber que el Presidente de México va a estrenar el avión más caro del mundo en contraste con la tragedia de la Normal de Ayotzinapa, en la que nos enteramos que los estudiantes duermen en el suelo, con cartones en vez de colchones y con huacales en vez de escritorios.
El pretexto, en defensa de Enrique Peña Nieto, es que fue el ex Presidente Felipe Calderón el que compró el avión, pero bien pudo Peña haber cancelado esa compra y no lo hizo. No tuvo ese gesto de decencia elemental.
Porque con un poquito de decencia no podría aceptar la compra de ese avión sabiendo que en el país que gobierna hay 53.3 millones de pobres. Es inaceptable tener un avión presidencial que cuesta $6 mil 308 millones de pesos mientras el salario mínimo en el país es de $67.29 pesos diarios. Se van a necesitar 93.7 millones de salarios mínimos para pagar el avión de un solo hombre. Abusar del poder para el beneficio personal es corrupción. El mensaje polìtico es clarísimo: la desigualdad y la corrupción no son asuntos que le preocupen a la Presidencia. Al contrario, las reproduce.
Para reclamarle a un Presidente distante del pueblo como del cielo a la tierra, en las protestas de los últimos días hubo muchas pancartas que decían: “Los muertos se ven mejor desde tu avión”. Y es que no estamos para esos lujos, mucho menos ahora que hay miles en la calle exigiendo justicia. Sufragar esos gastos con nuestros impuestos es abuso, burla, cinismo y agresión por parte del gobierno hacia todos los mexicanos.
Ya decía Edgardo Buscaglia la semana pasada en la entrevista ¿Qué hacer para detener la violencia en México? que para eliminar la corrupción y limpiar al Estado hay que empezar de arriba hacia abajo. El Presidente debería,por principio, regresar ese avión. Bajarse de las nubes y entender que las prioridades presupuestales están en las normales y en todas las escuelas públicas del país.
La insensibilidad política y la pena ajena no terminan con Peña Nieto. La lista es larguísima y va desde los aviones privados y yates de lujo del Senador y líder sindical Carlos Romero Deshamps, hasta las bolsas Louis Vuitton que usa Rosario Robles mientras coordina la cruzada contra el hambre. Esta semana se sumó a la lista nada menos que el encargado de vigilar al gobierno: el Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Raúl Plascencia, que según información del periódico Reforma se compró una casita en el Pedregal con un valor estimado en $20 millones de pesos. A Plascencia le han llovido acusaciones de corrupción por parte de muchos activistas, defensores de derechos humanos y organizaciones civiles; la casa es la cereza del pastel.
El Presidente más austero del mundo, José Mujica, ha dicho que él no se considera pobre por vivir con poco ya que “pobre no es el que tiene poco, sino el que necesita mucho”. Ojalá tuvieramos presidentes que pensaran como él, pero Peña Nieto y Plascencia claramente necesitan mucho. En México tenemos pobres presidentes.