blogeditor · 3 de julio de 2021
A partir de febrero, en las calles a lo largo y ancho del país se empezaron a observar a miles de personas con unos curiosos chalecos rosados (que por un tiempo estuvieron en boga por haber sido diseñados por un famoso couturier), mochilas negras y una enorme lista de ciudadanos que tenían que visitar y encima, convencer para que participaran como funcionarios y funcionarias de casilla para las (entonces) próximas elecciones. Por poco más de cuatro meses, yo fui una de esas personas, los capacitadores-asistentes electorales (CAE de ahora en adelante) quienes teníamos la francamente gigantesca tarea de conformar las mesas directivas de casilla en las secciones que nos fueron asignadas. En ese corto tiempo, me pude percatar de lo bueno, lo malo y lo feo del INE, pero en el balance final, estoy convencido de que es una de las instituciones del sistema político mexicano que más vale la pena proteger y seguir perfeccionando.
Democracia a la mexicana
En mis casi 28 años de vivir en México, me he dado cuenta de algo: nos encanta compararnos con nuestros vecinos del norte, en cualquier aspecto imaginable. La economía, la cultura, el arte, la política, la comida, los modales, que la ética protestante del trabajo contra la flojera del latino/católico, que el sueño americano contra el “no pasa nada” mexicano, y así ad infinitum. Y muchas veces, esta comparación es para confirmar la profecía autocumplida de la superioridad gringa sobre México. Sin embargo, puedo decir con seguridad que el sistema electoral mexicano y el INE, con todo y sus defectos y matices, no le piden nada al estadounidense. Ya que este es un tema que se podría explorar en cientos, si no miles de páginas, usaré una de mis frases favoritas: para muestra un botón.
El 3 de noviembre de 2020 se celebraron las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América. A diferencia de nuestro INE, la Comisión Federal de Elecciones estadounidense (FEC por sus siglas en inglés) tiene facultades mucho más limitadas, y son cada uno de los 50 estados más la capital, Washington, D.C., los encargados de organizar la elección en su territorio. Entonces, las elecciones presidenciales no son una gran elección, sino 51 mini-elecciones, evidencia de las diferencias entre el federalismo americano y el mexicano. Pero ¿cuál es el problema con esto?
Uno de los problemas es que los diferentes estados tienen diferentes capacidades para contar los votos, y en algunos este proceso tardó semanas, especialmente aquellos donde los resultados fueron reñidos. En Arizona, por ejemplo, Donald Trump ganó en 2016 pero en 2020 pasó a Biden por una diferencia de sólo 10,000 votos, y el 30 de noviembre, más de tres semanas después de la elección, se certificó a Joe Biden como el ganador en ese estado. La elección se celebró el 3 de noviembre, pero no fue hasta el 9 de diciembre, más de un mes después, que todos los estados y el Distrito de Columbia terminaron de certificar sus resultados presidenciales, lo cual fue más que tiempo suficiente para que Donald Trump convenciera a muchos de sus seguidores de que la elección había sido arreglada en su contra por los Demócratas, y lo demás es historia. Desafortunadamente, esto también sucede con elecciones más pequeñas que la presidencial. Mientras escribo estas líneas, se acaban de llevar a cabo las elecciones primarias1 del partido Demócrata para alcalde de la ciudad de Nueva York, el 22 de junio. A pesar de que ya se cuenta con resultados preliminares, no se espera que se declare un ganador o ganadora oficial hasta mediados de julio. Varias semanas para contar los votos de una ciudad de 8 millones de habitantes
El hecho de que en Estados Unidos se tarden tanto y sean tan ineficientes para contar los votos no es asunto menor. Crea un sentido de incertidumbre en la ciudadanía que como vimos, puede ser explotada por actores políticos deshonestos.
Resultados confiables y oportunos
Del otro lado tenemos al INE, que cuenta con varias herramientas para reportar resultados de forma confiable a partir de la misma noche de la Jornada Electoral: el conteo rápido, el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y los cómputos distritales. A mí me tocó participar en cada uno de éstos.
El conteo rápido se realizó en la noche del 6 de junio, y funciona seleccionando una muestra aleatoria de casillas en cada uno de los 300 distritos electorales, para que reporten los resultados de la elección en esas casillas y así tener un estimado de las tendencias electorales lo más pronto posible. Recuerdo que en la tarde de la Jornada Electoral la vocal de Organización Electoral de mi distrito me llamó para informarme que una de las casillas a mi cargo había sido seleccionada para participar en el conteo rápido. El procedimiento fue bastante sencillo: una vez que los funcionarios de casilla terminaron de contar los votos y llenar el acta de escrutinio y cómputo con los resultados de la elección de diputados federales, les pedí prestada el acta un momento para copiar los resultados a un formato que tenía. Después de llenar dicho formato, le regresé el acta a los funcionarios y llamé a un número telefónico donde me contestó un operador a quien le reporté cuántos votos obtuvo cada partido político, coalición, candidato independiente y cuántos votos nulos hubo en esa casilla. Probablemente no transcurrieron más de diez minutos desde que empecé a copiar los resultados y hasta que terminé la llamada. Pero esos diez minutos, esa acción aparentemente simple y sin mucho impacto, fue repetida por 5,039 CAE más en todo México, lo cual nos permitió empezar a tener una idea de las tendencias del voto tan sólo unas horas después de que se cerrara la votación. Y al final, el conteo rápido resultó ser altamente confiable, ya que logró predecir casi con completa exactitud el porcentaje de votos que obtuvo cada partido político, así como el que obtuvieron las candidaturas independientes y la participación ciudadana 2. Quisiera reiterar este punto: mientras que en Estados Unidos se tardan semanas para contar los votos, incluso de elecciones más pequeñas, en México el INE se encarga de que la misma noche de la elección ya tengamos resultados que, si bien no son definitivos ni oficiales, son altamente confiables.
Luego tenemos el Programa de Resultados Electorales Preliminares, o PREP, que inició el 6 de junio a las 20:00 y se cerró 24 horas después, el 7 de junio a la misma hora. Para este programa se utiliza la llamada Acta PREP, que en realidad es la primera copia del acta de escrutinio y cómputo antes mencionada, la cual los funcionarios de casilla deben guardar en una bolsita rosa y colocarla en una funda de plástico al costado del paquete electoral. Los CAE utilizamos una app diseñada para tomarle una foto al Acta PREP y enviarla, para que así se tuviera de forma inmediata la información. Además, al entregar los paquetes electorales en la sede del consejo distrital los capturistas del INE se aseguraron de que dicha acta se encontrara al costado del paquete y la retiraron para capturar los resultados plasmados en ella. Era aproximadamente la 1 AM cuando llegué (exhausto) con mis cuatro paquetes electorales 3, uno por cada una de mis casillas, a la junta distrital del INE para entregarlos, junto con muchos otros compañeros y compañeras. El PREP utiliza las actas que los funcionarios de casilla llenaron después de clasificar y contar los votos y, por lo tanto, confía en que hayan hecho el conteo de forma correcta e imparcial. Pero ¿acaso no es posible que los funcionarios hayan cometido errores al momento de contar los votos o llenar las actas? Por supuesto. Después de todo, el mismo nombre lo indica, el PREP sólo arroja resultados preliminares.
Para contar con los resultados definitivos y legales, están los cómputos distritales. Éstos iniciaron el miércoles 9 de junio a las 8:00 AM en cada uno de los 300 distritos electorales con el sábado 12 de junio como fecha límite para finalizarlos. Para realizarlos, se dividió a todos los CAE y supervisores electorales de mi distrito en grupos que debían acudir a la Junta Distrital en jornadas de 12 horas. A mi equipo y a mí nos tocó presentarnos el miércoles a las 8:00 PM, para supuestamente ir saliendo el jueves a las 8:00 AM, así que nos advirtieron que nos preparáramos para una labor maratónica. Lo que se hace en los cómputos es que el personal del INE trabaja en equipos y se van abriendo los paquetes electorales integrados por los funcionarios y, en presencia de representantes de partidos políticos, cuentan los votos válidos y nulos. La tarea era relativamente fácil, puesto que los funcionarios de casilla ya habían agrupado las boletas por partido político, coalición, y votos nulos, y a nosotros sólo nos tocaba cerciorarnos que todo estuviera correcto. Claro, también tuvimos casos en los que un voto válido se había registrado como nulo, o viceversa, pero en su gran mayoría los votos habían sido contados y clasificados de forma correcta. Aproximadamente a la 1 de la mañana se nos avisó que ya nos podíamos retirar y que el equipo de la mañana siguiente sería nuestro relevo. Se había contemplado que estuviéramos ahí doce horas, pero al final sólo nos requirieron por cinco. Para el viernes, ya se le estaba entregando su constancia de mayoría a la candidata ganadora en mi distrito.
Una vez más, quisiera enfatizar la importancia de esto: las elecciones ocurrieron el domingo, para esa misma noche ya teníamos el conteo rápido que nos ofreció tendencias en su mayoría precisas, al día siguiente ya teníamos los resultados del PREP que son aún más confiables, y para el sábado siguiente ya habían concluido el escrutinio y cómputo de los votos en todos los distritos del país. Verdaderamente, el INE ha creado un sistema de vanguardia, eficiente y confiable, que además se apoya en la participación de la ciudadanía, para tener los resultados electorales a una velocidad impresionante. Y eso es algo que celebrar.
¡Ay, joven! ¿Y yo por qué?
Al poco tiempo de empezar mis recorridos para encontrar a los ciudadanos que fueron sorteados para ser funcionarios de casilla, ya tenía mi speech preparado, con todos los argumentos que les podía dar para que aceptaran. Y uno de esos argumentos era éste: que las mesas directivas de casilla no estaban integradas por políticos, ni partidos, ni burócratas del gobierno, ni personal del INE. Debían ser integradas por ellos y ellas, ciudadanos que trabajan, que tienen un negocio, que pagan sus impuestos, que tienen una familia, pareja, amigos, que viven en una comunidad y que velarían por que se hiciera valer la voluntad de sus vecinos a través del sufragio.
Por supuesto, no dudaría ni un segundo en decir que ésta fue una de las partes más difíciles de este trabajo. Encontrar, literalmente, a decenas y decenas de personas cuya respuesta inmediata a enterarse de que habían salido sorteadas era “¡Ay joven! ¿Y yo por qué?”, otros que ya ni siquiera vivían en ese domicilio desde hace años y nunca notificaron al INE, otros que se negaban a sí mismos, otros que se agarraban de cualquier excusa y también muchos otros que tenían razones perfectamente válidas para no participar: que trabajaban los domingos, o que estaban al cuidado de un familiar, o que (con justa razón) temían contagiarse de COVID por estar en la casilla. Tampoco faltaron uno que otro que sin mayor provocación te insultaba, o de menos te daba una barrida con la mirada antes de cerrarte la puerta en la cara. Me viene a la mente el familiar de una funcionaria (quien terminó aceptando el cargo y que hizo muy buena labor en la Jornada Electoral) que me dijo que yo era la escoria de México por el simple hecho de trabajar en el INE. En fin, en momentos era sumamente frustrante, y hasta un poco decepcionante y deprimente, ver a tantas personas que simplemente no les importaba cumplir con su deber ciudadano, y a algunas otras que eran abiertamente hostiles.
Pero también hubo muchos otros momentos que fueron profundamente gratificantes. Conocí a muchas personas sumamente amables, que me recibían en sus hogares con una sonrisa que se lograba ver a pesar del cubrebocas, que aceptaron el cargo hasta con emoción, incluso algunas que requirieron un poco de convencimiento pero que terminaron estando completamente involucradas y comprometidas. Y a esos funcionarios y funcionarias les agradezco, porque hicieron que los cientos de horas caminando bajo el sol, o la lluvia, o en el frío, o buscando a los ciudadanos hasta después de las 9 de la noche, o soportando los malos tratos de algunos de los ciudadanos y la inmensa presión por parte de la Junta Distrital, que todo eso y más valiera la pena.
Estoy convencido de que justo esto es uno de los pilares esenciales no sólo de las elecciones o del funcionamiento del INE, sino de la democracia mexicana en general. La participación de las ciudadanas y los ciudadanos. Como dije al inicio, en este trabajo conocí mucho de lo bueno y lo malo del INE. Pero si con algo me quedo de toda esta experiencia, es que vale la pena protegerlo. Porque al final, nuestro INE no lo tiene ni Obama 4.
* Fernando Carrera (@cockriotmx) es Licenciado en Relaciones Internacionales egresado del Tecnológico de Monterrey. Cuenta con experiencia en consultoría y auditoría de sistemas de gestión, docencia de idiomas y a nivel preparatoria, y actualmente es Capacitador Electoral en el Instituto Nacional Electoral.
1 Estas no son las elecciones para elegir al próximo alcalde de Nueva York, sino para determinar quién será el candidato o la candidata Demócrata para la elección que se llevará a cabo el 2 de noviembre. Sin embargo, es casi seguro que el candidato Demócrata termine convirtiéndose en alcalde
2 De hecho, el conteo rápido no le asigna un porcentaje específico a cada partido político, candidaturas independientes o a la participación ciudadana, sino que proporciona un intervalo con límite inferior y superior en el que probablemente caigan estos números. De todos los resultados, el conteo rápido sólo falló en predecir el de Fuerza por México y el de las candidaturas independientes. El conteo rápido estimó que Fuerza por México obtendría entre el 2.60 y el 2.80% de la votación, pero en los cómputos distritales obtuvo 2.56%. En cuanto a las candidaturas independientes, contemplaba que obtendrían entre el 0.10 y el 0.30%, pero tras los cómputos distritales obtuvieron 0.09%. También sucedió esto con la participación ciudadana, ya que el conteo rápido calculó que había quedado entre el 51.7 y el 52.5%, pero los cómputos distritales revelaron que fue un poco más alta, con 52.66%.
3 En procesos electorales anteriores, era responsabilidad de los funcionarios de casilla, específicamente del presidente o la presidenta, trasladar los paquetes electorales a la sede del consejo. Sin embargo, este año los CAE fuimos los responsables de esta tarea para evitar aglomeraciones y contagios de COVID-19.
4 Aquí quisiera agradecer a mi querido amigo Saúl Vázquez (@sawie) por darme la idea del título cuando estábamos platicando sobre la elección primaria en Nueva York.