blogeditor · 9 de febrero de 2022
En las semanas que siguieron a la revolución de febrero de 1917 en Rusia, tras la caída del zarismo, Lenin formuló sus famosas Tesis de abril, un compendio de lineamientos de política bolchevique que vale la pena traer a cuento a nuestra zarandeada realidad nacional.
Si bien las Tesis comprendían algunas medidas económicas (por ejemplo la fusión de todos los bancos en uno solo controlado por el Soviet de los trabajadores, la desaparición de la burocracia, de la policía y del ejército, así como la nacionalización de la tierra para su colectivización), en materia política Lenin i) prohibía cualquier negociación con el gobierno provisional emanado de la abdicación del zar y ii) rechazaba la creación de una república parlamentaria a favor de una república de los soviets.
Desgraciadamente para la tradición política de la izquierda, (si el/la lector(a) lo desea podemos hablar de testamentos políticos) lo que Lenin inauguraba era un patrón cáustico, autoritario y antidemocrático que aún lleva en su seno la idea de que la política es el espacio en el cual debe aniquilarse al adversario (en el caso del leninismo, del stalinismo, del maoísmo o de los jemeres rojos la aniquilación de los oponentes no fue una metáfora) y de que cualquier diálogo o negociación implica la traición de una pureza química sólo presente en las cabezas de los fanáticos que sustentan esta idea.
Además, desde una óptica clasista (digamos inversa), Lenin exigía a los bolcheviques y a toda Rusia que sólo quienes suscribieran estas tesis (y, claro, que se plegaran a las concepciones y praxis del propio Lenin) y se integraran a los soviets podían participar del gobierno, del proceso de toma de decisiones (gobierno condenado a cumplir el programa leninista, no a decidir nada que no estuviera contemplado en él). Nadie que defendiera ideas o programas distintos debía tener cabida ya no en el gobierno, sino en la vida social misma de la Rusia post zarista.
Finalmente, en las Tesis de abril subyacía la intención de erosionar instituciones esenciales del Estado y de la vida social para sustituirlas con instancias que llevaran a la práctica las ideas leninistas. El germen mismo del totalitarismo.
Pues bien, como la historia parece ser regida en ocasiones por el eterno retorno, hoy nuestro lopezobradorismo abreva en esta lógica leninista e insiste en impulsar una reforma política antidemocrática y regresiva, justo después de insistir en la organización de una revocación del mandato que ha violentado cada uno de los principios que deben regir un ejercicio de esa naturaleza.
Las amenazas constantes a los consejeros del INE desde la presidencia de la república y desde el Congreso de la Unión, la intencional falta de presupuesto para la revocación del mandato, las firmas obtenidas de los beneficiarios de programas sociales para su puesta en marcha, la intención de capturar y debilitar al árbitro electoral, la negativa a discutir, por ejemplo, una reforma que garantice la representación perfecta (sin fórmulas que inflen la representación en el Congreso de ciertas opciones electorales a costa de otras), o una reforma que fortalezca al INE frente al permanente intento de captura de las fuerzas políticas, son engranes de una misma lógica destructiva: hacer de la república un botín y un espacio sólo de aquellos que se plieguen a las ideas de uno.
Si bien podemos rastrear la lógica de las Tesis de abril en el actual lopezobradorismo, hay que reconocer que también estamos ante algo singular: una reforma política ideada e impulsada por quienes han violado sistemáticamente las normas electorales: un presidente que reconoció, ufano, tener las manos metidas en la elección pasada y que de manera reiterada ha desoído a la autoridad electoral en su diaria campaña política, que ha defendido a dos hermanos que han cometido presuntos delitos electorales, que vindica y conserva en su gabinete a una secretaria de educación que cobró diezmos a los trabajadores de un ayuntamiento para fines electorales, un gobierno que ha usado los programas sociales y a los siervos de la nación para los mismos propósitos, un movimiento-partido en el que se destacan como servidores públicos de alto nivel personas que hicieron depósitos bancarios en carrusel con recursos ilegales para financiar a su partido.
Durante muchas décadas las Tesis de abril de Lenin cancelaron la posibilidad para millones de rusos de disponer de instituciones que garantizaran su derecho al disenso, a la libertad y a la representación política. La cultura -el núcleo de ideas y prácticas- emanada de esas Tesis fue y es muy costosa y profundamente antidemocrática. Ojalá evitemos que nuestras tesis de abril nos hagan recorrer ese camino. Ante el pensamiento del líder, la pluralidad. Ante la facción, el intercambio y la negociación. Ante la erosión de instituciones e ideas, su defensa y fortalecimiento.
* Sergio López Menéndez es investigador en Controla Tu Gobierno, A.C. (@ControlaTuGob).