¿Qué tipo de violencia ha desistido y persistido durante la cuarentena?

blogeditor · 10 de agosto de 2020

El pasado 28 de julio la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) informó por medio de redes sociales que, durante el primer semestre del 2020, se había alcanzado una disminución en el delito de robo a negocios: uno de los tipos de robo más investigados a nivel nacional por las Fiscalías de Justicia junto al robo de vehículo, a casa habitación y a transeúntes en vía pública.

Esta declaración no esconde ninguna falsedad: efectivamente, el número de carpetas de investigación abiertas por las Fiscalías entre enero y junio de este año por casos de robo a negocio ha sido igual a 47 mil 467 carpetas; un número que -a pesar de no ser el más bajo de los últimos 5 años- es significativamente menor a las 61 mil 006 carpetas que se abrieron en 2019 durante los mismos meses. Además, este no es el único tipo de robo que ha registrado disminuciones similares, pues lo mismo ha sucedido con el robo a casa habitación, a transeúntes y de vehículos o autopartes.

Ante este tipo de declaraciones, debemos considerar que una gran parte de la reducción en carpetas de investigación alcanzada durante este primer semestre del 2020 podría encontrarse más relacionada a las medidas de aislamiento requeridas por la actual crisis de COVID-19 que al desempeño de las Fiscalías de Justicia. Si hay menos personas caminando por las calles o usando el transporte público, en números absolutos, no sería extraño que bajaran los robos a ambos.

¿Qué tan justo es entonces presumir que la incidencia delictiva ha sido mitigada desde la política pública durante este 2020? ¿O qué tanto es un efecto mecánico de la reducción en movilidad que vino con el COVID? En Data Cívica nos dimos a la tarea de responder a estas preguntas analizando la misma fuente de información que la SSCP utilizó para respaldar su declaración: las carpetas de investigación que las Fiscalías de Justicia reportan mensualmente a través del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

¿Dónde están los ladrones?

Con base en la información del SESNSP, es posible realizar una comparación entre las cifras delictivas registradas en el primer semestre del 2020 contra lo registrado en los primeros semestres de años anteriores. Por medio de esta comparación, lo primero que pudimos observar es que durante el primer semestre de este año existieron disminuciones en el número de carpetas de investigación abiertas a nivel nacional para todos los tipos de robo.

Gracias a esta disminución, el número de carpetas de investigación abiertas para estos delitos en abril y mayo no sólo es menor al registrado en 2019 durante esos mismos meses, sino comparativamente menor al promedio registrado entre 2015 y 2018. Cabe mencionar que, durante este periodo, las tasas nacionales de carpetas de investigación reportadas fueron significativamente menores a las del último año y medio.

Asimismo, las tasas acumuladas que se obtienen al sumar el total de investigaciones abiertas por robo desde enero hasta mayo, muestran que -a excepción del robo a transeúntes en espacio abierto- todos los tipos de robo han registrado tasas menores a las del 2019. Para varios de estos, las tasas acumuladas han llegado a ser iguales o incluso menores a las que se promediaron entre 2015 y 2018. Esto significa que el total de carpetas de investigación abiertas durante esta primera mitad del 2020 por casos de robo ha sido menor al total que se registró en el primer semestre del 2019 y se ha acercado más a los totales registrados entre 2015 y 2018.

Sin embargo, antes de congratularnos, debemos aclarar dos puntos críticos. El primero es que, en la mayoría de los tipos de robo, el 2020 comenzó registrando más carpetas de investigación que entre 2015 y 2018. Es decir, este año comenzó siendo uno de los más inseguros del último lustro en términos de robo denunciado, pero mostrando niveles menores a los experimentados en 2019 (a excepción del robo de autopartes y a transeúntes en espacios abiertos).

Lo anterior significa que 2020 comenzó siendo un año violento, pero no tan violento como el 2019. No obstante, aquí también es importante distinguir entre los tipos de robo que presentaban cifras menores a las del 2019 antes de que la cuarentena empezara -tal como el robo a negocio, a transeúntes en vía pública y de vehículo automotor – y entre los que antes de iniciar dicho periodo reportaban cifras iguales o mayores a las del 2019 – robo de autopartes, a transeúntes en espacios abiertos y en transporte individual.

Lo anterior es una distinción importante en la medida en que los delitos que pertenecen al segundo grupo podrían regresar a tener cifras similares o incluso mayores a las de 2019 una vez que las medidas de aislamiento requeridas por la actual contingencia se reduzcan. La última actualización en los datos del SESNSP nos muestra la factibilidad de dicho escenario, pues entre mayo y junio se registró un aumento en el número de carpetas de investigación abiertas por casos de robo, terminando con la tendencia a la baja que se había registrado durante los primeros meses de la actual crisis sanitaria.

El aumento experimentado de mayo a junio ocurrió, sin excepción, en todos los tipos de robo. Este incremento no tan solo provocó que, en varios casos, el número de carpetas de investigación abiertas en junio fuera más alto que el promedio registrado entre 2015 y 2018 para este mismo mes, sino que incluso se llegaron a registrar tasas que volvieron a ser iguales o mayores a las de junio 2019.

Es importante recordar que una disminución en el número de investigaciones realizadas no necesariamente implica que el número real de robos ocurridos haya disminuido. Al igual que muchos otros delitos, la mayoría de los robos no son investigados de manera oficiosa, sino que los hechos ocurridos deben ser denunciados por las víctimas para que las autoridades comiencen sus investigaciones. Debido a lo anterior, la reducción experimentada durante esta crisis sanitaria podría ser efecto tanto de una reducción en el número real de delitos cometidos, como de una reducción en los niveles de denuncia por parte de las víctimas, o incluso de una disminución en la actividad de investigación por parte de las fiscalías de justicia.

En este sentido, hoy los mexicanos podemos presumir que durante 2020 hemos vivido uno de los periodos con menos carpetas de investigación por casos de robo abiertas. Sin embargo, carecemos de argumentos para afirmar que lo anterior es resultado de una mitigación en las causas estructurales de la incidencia delictiva y no de un breve receso tomado por autoridades, víctimas y perpetradores a causa de la contingencia actual. Es cierto que gracias a las reducciones experimentadas en este primer semestre, 2020 probablemente terminará registrando muchas menos carpetas de investigación que en 2019, pero no habrá mucho más que presumir si las reducciones alcanzadas no logran mantenerse más allá del periodo de contingencia.

Nada que presumir: la violencia homicida y feminicida que persiste

Durante la actual crisis por COVID-19 los homicidios dolosos y los feminicidios han seguido una tendencia distinta a los robos: lejos de haber registrado los niveles más bajos del último lustro o de haber mostrado una reducción significativa respecto al 2019, el número de carpetas de investigación abiertas por estos delitos durante el primer semestre del año muestra que este tipo de violencia continúa experimentado una crisis severa1.

Para ser exactos, durante los primeros seis meses del 2020 se abrieron 15 mil 27 carpetas de investigación por casos de homicidio doloso y 473 por casos de feminicidio, lo cual equivale a una tasa anualizada de 23.51 investigaciones por homicidio doloso por cada 100 mil habitantes y una tasa de 1.45 investigaciones por feminicidio por cada 100 mil mujeres. De esta forma, la diferencia entre el número de carpetas de investigación del primer semestre del 2020 y las del primer semestre del 2019 por casos de homicidio fue de apenas 83 carpetas, mientras que la de feminicidios fue solo de 42.

Asimismo, las tasas mensuales de investigación para estos delitos durante la primera mitad de este año no tan solo se encuentran por arriba de las que se registraron entre 2015 y 2018, sino que incluso llegaron a superar a las del 2019 en algunos meses. En el caso de los homicidios dolosos, durante el pasado marzo se abrieron un total de 2705 carpetas por este tipo de delito, registrándose así una tasa mensual de 2.1 carpetas de investigación por cada 100 mil habitantes: la tasa más alta que se ha registrado para este mes según los datos actuales. Por su parte, las carpetas de investigación por casos de feminicidio incrementaron drásticamente tanto en febrero como en junio, con 91 y 94 carpetas abiertas respectivamente y superando la marca histórica de ambos meses para este tipo de delito.

Lo anterior significa que, incluso considerando las disminuciones que la crisis sanitaria pudo haber originado, la violencia homicida y feminicida se ha mantenido en uno de sus niveles más altos de los últimos años. Cierto, en el caso de los homicidios dolosos, las carpetas de investigación han disminuido de forma constante desde entre abril y junio, pero aun considerando esta disminución la tasa acumulada de investigaciones durante la primera mitad 2020 continúa ubicándose muy por arriba del promedio registrado entre 2015 y 2018, y es prácticamente idéntica a los niveles experimentados en 2019. En el caso de los feminicidios, dicha tasa es incluso mayor a la del año pasado.

Por su parte, el aumento de las investigaciones por casos de homicidio y feminicidio durante esta primera mitad del 2020 se ha experimentado en la mayoría de las entidades federativas.

En el caso de los homicidios dolosos, al comparar la tasa de investigación de cada estado entre enero y junio del 2020 contra las tasas que se registraron en años pasados durante esos mismos meses, podemos observar que la gran mayoría de las entidades presentan tasas de investigación por casos de homicidio prácticamente iguales o incluso mayores a las que reportaron en 2019; además, solo siete entidades alcanzaron tasas más bajas a las que en promedio registraron entre 2015 y 2018. Algo similar sucede si comparamos las tasas estatales de investigaciones por feminicidio, con la diferencia de que los incrementos porcentuales para este delito han sido muchos mayores

Esto significa que no tan solo hemos sido incapaces de regresar a los niveles, de por sí graves, que se registraron entre 2015 y 2018, sino que la crisis de violencia del 2019 se ha mantenido igual, o incluso empeorado, en la mayoría de las entidades.

La entidad con el aumento más grande de 2019 a 2020 en términos de homicidio doloso fue el estado de Michoacán, en donde durante los primeros seis meses de este año se alcanzó una tasa de 20.5 investigaciones por homicidio por cada 100 mil habitantes, lo cual representó un incremento del 44% respecto a la tasa obtenida durante la primera mitad del 2019. A esta entidad le siguen Zacatecas y Sonora, en donde este incremento ha sido del 36% en ambos casos.

Sin embargo, a pesar de este aumento, estos estados ni siquiera representan las entidades con las tasas de investigaciones por homicidio más altas. Dicho título pertenece a Chihuahua, Baja California y Colima, en donde se registraron tasas de 32, 34.5 y 40 investigaciones por cada 100 mil habitantes durante enero y junio de este año.

Por su parte, en el caso de las investigaciones por casos de feminicidio, la entidad con la variación porcentual más grande fue el estado de Nayarit, en donde entre enero y junio de este año se registró una tasa de 1.09 investigaciones por cada 100 mil mujeres: un aumento de casi el 400% respecto al promedio que se había registrado en dicha entidad entre 2015 y 2019 durante estos mismos meses. A su vez, las entidades con las tasas de investigación por feminicidio más altas fueron Nayarit, Nuevo León y Colima en donde entre enero y junio se registraron tasas de 1.2, 1.5 y 1.9 investigaciones por cada 100 mil mujeres.

Una normalidad sin novedades ni presunciones

Más que darnos razones para presumir avances sustanciales en materia de seguridad y combate a la delincuencia, los datos provenientes de las Fiscalías de Justicia nos dejan entrever que la nueva normalidad podría ser una en donde los niveles de violencia e incidencia delictiva permanezcan altos. Por ello, la nueva normalidad pondrá a prueba la capacidad de las autoridades para mantener las disminuciones registradas en ciertos delitos, y para hacer frente a los retos y deudas aún vigentes de la violencia homicida y feminicida en nuestro país.

No podemos saber con exactitud qué hubiera pasado con los niveles de violencia en México si la cuarentena no hubiera existido. No obstante, las cifras aquí analizadas indican que la crisis sanitaria que desató el COVID es suficiente para frenar la crisis de violencia. Para detener la normalidad violenta en la que vivimos hoy, hará falta mucho más que una cuarentena.

 

Nota metodológica

Todos los datos y scripts para replicar este análisis se encuentran en esta carpeta.

1 Desde luego, este análisis no considera como ha cambiado la probabilidad de que un homicidio de mujer se clasifique como feminicidio en el tiempo, y como pudo haber cambiado de 2019 a 2020. Un tema que hemos explorado aquí.