Nuestra inteligencia social o colectiva

Centro de Análisis de Políticas Públicas · 7 de abril de 2011

Nuestra inteligencia social o colectiva

Por: José Tapia, Director de Investigación en México Evalúa

Los análisis y propuestas de cambio abundan, el trabajo de académicos, expertos, ciudadanos involucrados y activistas se da de manera constante. En fin, existen muchas ideas y propuestas, pero pocas que aterrizan como reformas accionables. ¿Por qué nuestras propuestas no terminan por cristalizar los tan anhelados cambios?, ¿qué nos hace falta para ser más efectivos?

Creo que aún somos incapaces de integrar pliegos de demandas coherentes y consistentes, que muestren el valor y viabilidad de lo que proponemos como ciudadanos. Aún nos hace falta encontrar un mecanismo eficiente de coordinación y colaboración cívica; nos hace falta generar inteligencia social o comunitaria; no me refiero a uno de los componentes de las “Inteligencias múltiples”, definidas por el psicólogo Howard Gardner, sino a la idea de una inteligencia comunitaria que busca el cambio y el bien común, esto es la auto-gestión para conseguir una meta.

En su libro La Sabiduría de las Masas (The wisdom of crowds) James Surowiecki, utilizando la tónica de comportamiento colectivo, argumenta que la inteligencia de la colectividad será por lo general la de mayor relevancia para la resolución de problemas, ya que supera a la interacción o “brainstorming” de un pequeño grupo de personas, aun cuando ellas sean excepcionalmente brillantes. Esto nos da un viso de esperanza: en la colectividad sí podemos generar soluciones viables.

Es cierto, nuestro lente crítico aflora en cada esquina, todos criticamos y cuestionamos. Sin embargo la participación cívica, que promueve cambio, se nos da de forma muy limitada. Respecto a esto, el Secretario Lujambio nos ha recordado en varias ocasiones que dentro del modelo educativo una materia de formación de valores fundamental se dejó de impartir por varios años: la educación cívica. Justo en el momento en que alrededor del mundo se gestaron y dieron revoluciones ciudadanas basadas en la coordinación de voluntades y la búsqueda de agendas comunes que permitieron, desde la ciudadanía, modificar el status quo. Nosotros desde ahí dejamos de progresar.

Hoy nos topamos con un problema claro y evidente, la necesidad de generar capacidades a nivel comunitario. Esto es desarrollar habilidades de diálogo, entendimiento y búsqueda de acuerdos que solidifiquen una base social organizada y con ello una comunidad que sabe lo que quiere y lo demanda. Para esto, es un prerrequisito que la ciudadanía cuente con una idea mínima de los valores que debemos compartir como sociedad (por ejemplo la igualdad, la justicia y la legalidad). Se piensa que lo valores no son suficientes o incluso son innecesarios en nuestra modernidad, nada más alejado de la realidad. Una discusión seria nos ayuda a entender que son estos valores los que establecen un piso mínimo de civilidad y solidez a la interacción social, donde la familia y la educación son pilares fundamentales para su avance y consolidación.

Aun así, creo que hemos avanzando por buen camino. Las organizaciones de la sociedad civil somos cada día más en número y en visibilidad, lo cual es, sin duda, un excelente logro para incentivar un cambio. Un siguiente paso debe ser la mayor y mejor coordinación entre nosotros, los ciudadanos, buscando pisos mínimos de acuerdos y promoviendo nuestras ideas y propuestas sobre esta base de “inteligencia comunitaria”. Y este esfuerzo colectivo (aun cuando se desestime o minimice como en el caso reciente de la consulta cívica por la alianza electoral en el Estado de México) es un componente que será cada vez más difícil acallar y dejar de incluir en cualquier tipo de discusión relativa al diseño de políticas y la gobernabilidad.

Debemos resarcir la pérdida de tiempo, formando cuadros ciudadanos con valores y entereza para sobreponerse a políticas unidireccionales. Ciudadanos con capacidad de diálogo y generación de acuerdos. Ciudadanos que transforman sus propuestas en acciones. Nuestro ánimo y la inteligencia colectiva que detentamos, son nuestros mayores activos para promover los cambios que anhelamos.