blogeditor · 5 de diciembre de 2022
Ser una persona joven defensora de derechos humanos, en un país cuyos tomadores de decisiones son todo, menos jóvenes, presenta diferentes retos, desde el rechazo a las nuevas tecnologías, hasta la incredulidad a las nuevas generaciones. Esto ha dado como resultado la falta de oportunidades y evasión al cambio; sin embargo el aumento en la influencia de los medios de comunicación nos permite ser un actor clave de la lucha por los derechos humanos.
Pese a los retos que diariamente enfrentamos, no sólo como personas defensoras, sino como mujeres defensoras, seguimos invitando a la gente a promover y defender los derechos humanos y nos hemos encontrado con una enorme cantidad de jóvenes que estamos dispuestos a mejorar la situación de México y, por supuesto, algunas personas mayores que se han inspirado de nuestra lucha y han comenzado a deconstruir las ideas y acciones con las cuales crecieron. El encontrar personas que se unen a nuestra defensa, impulsa nuestro trabajo y beneficia a toda la sociedad.
Dicho esto, la juventud y próximas generaciones de jóvenes tenemos un camino trazado por aquellas que les antecedieron, aunque no es tarea de todos, todas y todes dedicarse a la defensoría de los derechos humanos, debería ser una tarea cotidiana recordarnos que somos personas que merecemos una vida digna. Los lacerantes pasados y el presente pueden tener un futuro más luminoso que repare el daño que causaron las injusticias y que impida que continúen repitiéndose.
Algunos retos de nuestras generaciones
Uno de nuestros pilares es trabajar en conjunto con todos los grupos de edad, raciales, género, entre otros, que garanticen que las diversas voces sean escuchadas. No obstante, tenemos como obstáculo identificado al adultocentrismo. Cuando una persona joven busca inmiscuirse en temas sociales y políticos es común que los mayores perciban a nuestra generación como incapaces de comprender las múltiples coyunturas, ser empáticos y activos en las reflexiones y acciones por emprender. Nos ha tocado esforzarnos el doble para demostrar que la falta de oportunidades limita el desarrollo de una agenda progresista que incluya a jóvenes, basada en la garantía y el respeto a los derechos humanos. Como segundo reto vemos la situación del Estado mexicano hacia las juventudes, el ente que debería respetar y defender a su pueblo cuando se le violan sus derechos ha sido cómplice y a su vez obstáculo para alcanzar la justicia cuando suceden estos casos. Es por lo que ante este Estado encubridor y violador de derechos humanos es importante reconocer a quienes luchan por la verdad, la justicia y la no repetición.
Las redes sociales, ¿nuestras aliadas?
Por otra parte, los medios de comunicación tradicionales han ayudado a generar eco de muchas luchas alrededor de los derechos humanos; sin embargo, los medios masivos suelen manipular la información, siendo un canal no siempre confiable sobre la situación de México y el mundo. Las redes sociales han llegado a replantear el cómo comunicar y a quiénes les llega este mensaje.
En las nuevas plataformas han proliferado la participación y unión de una comunidad que se veía mucho más individualista, es la conexión entre las cuentas y otros espacios de diálogo los que han hecho que se escuche a las personas desde distintos puntos de vista, incluso desde lugares lejanos, promoviendo la solidaridad y empatía entre personas e historias que antes no tenía espacios para ser comunicadas.
Este crecimiento y evolución de las tecnologías ha permitido que las generaciones de la década de los noventa en adelante estén más cerca de lo digital, por lo tanto han estado permeados de información local y global. Contrario a lo que se cree de las nuevas generaciones, hemos podido mantenernos más abiertas y conscientes de todo lo que acontece a nuestro alrededor y a distancia, por lo que hemos logrado tener una perspectiva más amplia y crítica de lo que es la justicia, el bien social y la empatía.
Las nuevas generaciones tenemos una gran capacidad para crear contenidos atractivos que invitan a sensibilizarse con víctimas de diversas violaciones a derechos humanos. Se puede usar una tecnología en favor de miles de personas, amplificar voces y sumar fuerzas con otras luchas para que poco a poco salga a la luz la arbitrariedad y el abuso de poder de las autoridades.
Las actuales generaciones reconocemos los cambios que nos anteceden y con base en estos promovemos nuevas soluciones, en las que esperamos no repetir los mismos errores; prueba de ello ha sido la apertura a temas que antes eran considerados como tabúes y que ahora forman parte fundamental de los debates dentro de los medios de comunicación, como lo es la educación sexual, el respeto y apoyo a la comunidad LGBT+, entre otros . No obstante, es la falta de atención a nuestros sectores, por parte de los tomadores de decisiones, la que nos hace desconfiar en ser escuchades, aún así el activismo digital ha sido una práctica recurrente en las nuevas generaciones como muestra de interés en nuestro contexto y problemáticas actuales.
Las redes sociales han jugado un papel importante en los llamados a la acción ya sea para apoyar en catástrofes naturales o generar presión hacía los tomadores de decisiones, permitiendo a las juventudes ser parte de las exigencias que generan cambios en la sociedad. Algunos ejemplos del impacto de las redes sociales en la legislación y visibilización por parte del Estado mexicano han sido la colecta de firmas para detener la experimentación en animales en el desarrollo de cosméticos, el movimiento #MeToo, e incluso la presión mediática para exigir justicia en casos de feminicidios y otros casos de violencia.
Mujer joven defensora
Con todo lo mencionado anteriormente, hay un punto crucial para nuestra labor: la situación de ser una mujer joven defensora de derechos humanos. Desde nuestra perspectiva hemos aprendido varias cosas, la principal ha sido incorporar la sororidad; nos hemos dado cuenta que a pesar de los retos y los obstáculos, cuando trabajamos juntas somos más fuertes y capaces, juntas resistimos y nos deconstruimos constantemente. Nuestras experiencias nos unen y nos ayudan a crecer, hemos entendido que nuestras propias historias de injusticia nos hacen compartir un sentido de pertenencia y una lucha constante por hacernos escuchar. Los testimonios propios y ajenos nos motivan a cambiar la situación de nuestro país y entre nosotras encontramos la fortaleza que se necesita para transformar el sistema que muchas veces nos quiere silenciar y nos quiere separar.
La admiración mutua que sentimos en este camino de defensoras de derechos humanos y nuestra valentía nos hace surgir como la constante resistencia que México necesita para alcanzar la justicia y combatir la impunidad.
Para concluir, añadimos las experiencias individuales de nuestro paso como voluntarias en la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción a los Derechos Humanos (CMDPDH):
“La CMDPDH ha sido un lugar fundamental para iniciar mi trayectoria como defensora de derechos humanos, he aprendido cosas que llevaré conmigo el resto de mi vida profesional, desde el crear campañas para invitar a otros a unirse a nuestra causa hasta trabajar directamente con víctimas, cuyas historias se han vuelto sumamente valiosas para nosotras y nos motivan a continuar luchando día con día hasta alcanzar justicia. Además, el compartir esta lucha con mis compañeras en la comisión ha sido de mis experiencias favoritas, aprendo mucho de ellas y hemos formado un gran equipo. El compartir una misma convicción me inspira y me impulsa a seguir, nos apoyamos y juntas somos capaces de crear cosas increíbles para transformar nuestra realidad actual”: Aracely.
“Gracias a la era tecnológica, estoy convencida, de que el reto que vive nuestra generación, es la existencia de tomadores de decisiones que ignoran lo que sabemos, que no escuchan lo que pedimos, y que sólo entienden lo que a voces unidas gritamos. Es por lo anterior que, las herramientas actuales deben promover la acción de la ciudadanía mexicana. Cómo cualquier persona de mi edad quiero cambiar al mundo y esta Comisión es lo más cercano que he estado para poder hacer un cambio, el trabajo que hacen y la manera en la que buscan comunicar siempre va enfocado en ayudar, pero también en aprender. Así que esta es una invitación para que tú también defiendas y promuevas los derechos humanos, y, sobre todo, a que te acerques a los sectores de cambio dentro del país”: Mariana.
“Durante toda mi formación universitaria tuve la fortuna de vivir experiencias que me ayudaron a formarme en el camino de la defensa de los derechos humanos. Mi camino comenzó defendiendo la libertad de expresión y el derecho a la educación, posteriormente los derechos de las mujeres y, finalmente, los derechos de la comunidad LGBTIQ. Al salir de la universidad, buscaba experiencia en el campo de derechos humanos y la CMDPDH me abrió las puertas para poder seguir adquiriendo destreza para desenvolverme en el área de la comunicación desde la empatía y la crítica”: Eréndira.
“Ser defensora de Derechos Humanos, para mí, significa empatía, sororidad, honestidad, nobleza y el hartazgo de las injusticias ante violaciones a nuestros derechos; estoy convencida que el único camino hacia la reparación del daño, la no repetición, la promoción y la defensa de los derechos humanos se hace caminando a lado de organizaciones como la CMDPDH, que cariñosamente nombramos como ‘La Comi’; me voy feliz de haber aprendido tanto, con las convicciones a flor de piel, el deseo de seguir por este camino y motivar a que más personas se sumen”: Ariadna.