Nosotros los pobres

blogeditor · 30 de julio de 2013

Nosotros los pobres

Como seguramente ya todos saben, este lunes el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, mejor conocido como CONEVAL, dio a conocer la más reciente medición de pobreza en nuestro queridísimo México.

Sin profundizar en los datos que seguramente ya a estas alturas un buen de medios de comunicación ya los habrán reportado (les sugiero le echen un ojo a la infografía que publicó Animal Político) lo relevante del asunto es que, a pesar de los esfuerzos que se han hecho y las carretadas de dinero que se han destinado al combate, mitigación, reducción, eliminación o como se le quiera llamar, de la pobreza, parece que ésta es casi tan terca como la puerca realidad y no quiere ceder. Para el 2012, el porcentaje de los mexicanos y las mexicanas que viven en pobreza (a secas) era del 45.4%, es decir, más o menos 53.2 millones de personas. De hecho, la medición anterior hecha en el 2010 reportó que el 46% de la población o 52.7 millones de personas, eran pobres. Es cierto, hay una reducción de poco más de 3.7 millones de almas, pero ¿es mucho o poco?

Con respecto a las personas que vivían en el 2012 en pobreza extrema (los pobres de los pobres) el CONEVAL reportó un total de 10.4 millones, cifra 12.2% más pequeña que la registrada en el 2008, que fue de 11.8 millones. Esto significa que en el 2012 el 8.9% de los mexicanos y mexicanas vivían en tales condiciones que apenas les alcanzaba para subsistir.

Sin embargo, creo que las preguntas que tendríamos que hacer son si las políticas públicas que el Estado mexicano ha diseñado en los últimos 25 años han contribuido sustantivamente a cumplir su objetivo y si más bien, estas políticas públicas deben estar vinculadas o incrustadas en una estrategia más de tipo estructural, en la que se involucre el crecimiento económico, el incremento de la competitividad, la mejora en la calidad del gasto público.

Debemos recordar que el abuelito del actual programa Oportunidades fue el programa Solidaridad, diseñado en la época del entonces Presidente, seguido por el programa Progresa, de la época del presidente Zedillo. En todas las versiones de este multipremiado programa (inclusive se ha replicado a nivel internacional), el objetivo ha sido precisamente mitigar la pobreza en todas sus dimensiones. Sin embargo, si bien es cierto que una de las principales característica que han tenido todas las versiones de este programa ha sido la transferencia de recursos a los más pobres, lo que les permite reducir su nivel de pobreza extrema, también es cierto que se generó una alta dependencia financiera a esta política pública y por tanto, un fuerte clientelismo político.

De hecho, es muy probable que parte de la tímida reducción de la pobreza extrema se deba justamente a esa transferencia en efectivo que podría estar generando un efecto directo en las mediciones realizadas por CONEVAL, sobre todo, en años en que hay procesos electorales (federales y/o locales), y el 2012 no es la excepción. También es cierto que a lo largo de estos 25 años, nuestro querido país ha sufrido distintas crisis económicas y financieras, tanto de origen doméstico, como global (Calderón le llamaría la “Crisis que vino de fuera”), lo que impacta de manera directa en los resultados de las políticas públicas, en especial las de tipo social.

Entonces, ¿lo estamos haciendo bien? A juzgar por los resultados que nos presenta CONEVAL, parece que no del todo, no sólo porque hemos sido incapaces de reducir significativamente el número de pobres, tanto moderados como extremos, sino que tampoco hemos tomado las medidas estructurales necesarias para que los efectos de las políticas sociales se maximicen o, en el caso de una crisis financiera, los efectos negativos se minimicen.

Es probable que en este momento los resultados sobre la pobreza en México presentados por CONEVAL se interpreten como una especie de evaluación de los sexenios pasados, en especial el más reciente, y que los políticos que participaron en la última administración busquen defender su trabajo y editorializar los números. Sin embargo, creo que es más importante determinar cuál es el verdadero origen de la pobreza (o tratar de acercarnos lo más posible a él) para generar una adecuada estrategia que permita su eficiente y eficaz tratamiento. Los números ya están en la mesa. ¿Qué haremos con ellos? ¿Nos concentraremos en más programas que sólo atienden los efectos o nos fajaremos los pantalones y le entraremos a los temas estructurales?

En noviembre se deberán presentar por Ley los planes sectoriales derivados del Plan Nacional de Desarrollo, ahí se plasmarán no solamente los “qués”, sino los “cómos” y los “con qués”.