blogeditor · 7 de marzo de 2017
Por: Atziri Ávila (@AtzirieAvila)
Hemos normalizado que un hombre golpee a una mujer, que la juzgue por la forma en la que se viste, que se les cuestione cuando han decidido no casarse o no tener hijos, que no accedan a puestos de toma de decisión, que se les interpele cuando caminan por las calles con frases sexistas y machistas. Normalizamos también la violencia contra nuestros cuerpos, la violencia feminicida que incrementa y queda impune.
Preocupantemente vemos en las calles y basureros cuerpos de mujeres que son arrojados después de haberlas violado y torturado.
Cada día, 7 mujeres son asesinadas en México, (esta cifra incrementó considerablemente luego del inicio de la llamada “Guerra contra el narcotráfico” de Felipe Calderón), y continúa en ascenso.
Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicido (OCNF) en el 2014 fueron brutalmente asesinadas 1,042 mujeres en 13 estados del país. Sólo el 33 % de estos asesinatos fueron investigados como feminicidios.
Asimismo, entre enero de 2014 y septiembre de 2015, el Sistema Nacional de Seguridad Pública registró 35,285 denuncias de violación sexual en México, sin embargo, dichos datos no representan la magnitud del problema, pues se estima que sólo el 10 % de las agresiones sexuales son denunciadas.
El estigma social frente a las víctimas de violencia sexual, el temor de las represalias del agresor, la ausencia de redes de apoyo para las víctimas y la desconfianza de los sistemas de procuración e impartición de justicia aminoran la probabilidad de que las mujeres denuncien.
Otros tipos de violencia contra las mujeres son: el acoso y hostigamiento sexual y laboral; los salarios desiguales; la desobligación de los padres frente a la responsabilidad de sus hijos/as; el impedimento para que las mujeres accedan a puestos públicos, de dirección y de toma de decisión; su acceso y desarrollo en los medios de comunicación; la garantía para que tengan acceso a una educación y servicios de salud dignos, su acceso y derecho a la tierra, entre otros.
A pesar de avances como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV-2007), los esfuerzos para prevenir, atender, sancionar y erradicar de manera urgente esta problemática están rebasados.
Frente a la omisión e ineficacia de las acciones gubernamentales y la propagación por diversos medios e instituciones de un sistema machista y patriarcal, somos las propias mujeres quienes impulsamos y construimos nuevas miradas, redes de solidaridad, tejidos de escucha, de lucha y de esfuerzos coordinados por una apuesta común: el cese a todos los tipos de violencia de género.
Este 8 de marzo, a través del Paro Internacional de Mujeres, cesaremos actividades durante el día completo o por porciones del tiempo en nuestros trabajos, escuelas o actividades; otras colocarán en su escritorio una bandera morada o negra o portarán brazaletes morados; habrá manifestaciones públicas, mítines, caravanas, maratones radiofónicos contra el sexismo, bicicletones, tianguis alternativos, representaciones artísticas, -todas ellas- acciones políticas que se suman a las acciones globales a favor del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.
Pararemos para denunciar y visibilizar todos los tipos y formas de violencia contra las mujeres, y para exigir que ésta ya no sea normal.
Pararemos porque estamos convencidas de que la respuesta a un problema global tiene que ser atendido de manera urgente y de manera integral, pero que antes que todo, nos tenemos a nosotras mismas.
Este llamamiento internacional nos interpela a todas, sin importar nuestra raza, color o profesión, es necesario que este 8 de marzo nos apropiemos de esta iniciativa y que la vayamos incorporando en nuestra vida diaria, haciendo ejercicio de nuestro propio poder y de nuestra autonomía: por las que estamos hoy, por las que nos hacen falta y por las que vendrán.
*Atziri Ávila, comunicóloga social y defensora de los derechos humanos, integrante de diversas organizaciones y redes feministas en México como el Colectivo por la Ciudadanía para las Mujeres, Mujeres por Comunidades Igualitarias, la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México y la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de los Derechos Humanos (IM-Defensoras).