Nos quieren callados: defender animales no debería costar la vida

Opinión y Análisis · 7 de octubre de 2026

Nos quieren callados: defender animales no debería costar la vida

Todos los que defendemos animales en este país hemos oído la misma frase, con distinto tono y distinto interlocutor: “¿no tienes cosas más importantes de qué ocuparte?”. Nos la dicen en la sobremesa, en el chat familiar, en las audiencias, a veces con desprecio. Hoy la respuesta es fácil. Sí, hay algo más importante: que a quienes lo hacemos nos amenazan de muerte.

Jerónimo Sánchez, director de Animal Héroes, lo está viviendo. Ha promovido amparos contra los instrumentos de tortura en las corridas y, a cambio, denuncia, ha recibido amenazas contra su vida, le han exigido que se largue del país y han publicado un domicilio que, aclara, no es el suyo. Según informó, presentó denuncia ante la Fiscalía y le otorgaron medidas de protección. Ese es el precio de pedirle a un juez que aplique la ley.

Fíjate en la secuencia, que conocemos de memoria. Primero la burla: sentimentales, exagerados. Luego la descalificación de la persona: extranjero intervencionista. Luego la sospecha del dinero: ¿quién te paga? Luego la dirección de tu casa. Nadie empieza con la amenaza. Empiezan quitándote la legitimidad, para que cuando llegue el miedo parezca que te lo buscaste.

Lo del pasaporte, además, es jurídicamente insostenible. El artículo 33 constitucional prohíbe a los extranjeros inmiscuirse en los asuntos políticos del país, pero la misma norma les reconoce los derechos humanos y las garantías de cualquiera. Presentar un amparo no es hacer política, es litigar. Y cuando el único reproche a un argumento es el pasaporte de quien lo presenta, es que no hay nada que responderle.

Y no es solo Jerónimo. En Querétaro, Erika Rosales, de La Última Jaula, denunció amenazas y comentarios sexuales dirigidos a su labor; presentó denuncia y le dieron medidas de protección, aunque advierte que la ley va más despacio de lo que quisiera. Elizabeth Soto denunció que dependencias estatales sacrificaban perros que no lograban dar en adopción y, según relató, encontró después en su puerta una réplica de ataúd, una corona de flores y fotos de su hija. Y Diana Belén García Alfaro, rescatista de perros en Tultitlán, había denunciado durante meses ante la Fiscalía amenazas y agresiones de personas a quienes identificó como vecinos; escribió que solo esperaba que la ayudaran para no terminar siendo “un número más”. En marzo fue hallada sin vida. Las tres hicieron lo que se debe hacer: denunciaron.

Una medida de protección es un papel

Como abogado te lo digo sin adorno: una medida de protección es un papel. Vale si detrás hay una patrulla, una carpeta que avance y un responsable con nombre y apellido. Sin eso, es el acuse de recibo del miedo.

Que nadie me malinterprete: toda organización que recibe donativos debe rendir cuentas. Pero se pide ante el SAT y con oficios, no publicando una dirección. Quien quiere saber de dónde viene el dinero pide un informe. Quien quiere asustar, publica un domicilio.

El maltratador, cuando se le acaban los argumentos, contesta con la amenaza, con el miedo, con el daño. Es su única lengua, y en una sociedad moderna no hay lugar para ella. Podemos discutir de cultura, de empleo, de tradición. No podemos discutir si alguien tiene derecho a intimidar a otro por acudir a un tribunal.

Los números, que no son de Jerónimo sino de quienes defienden el ambiente y el territorio, dibujan el terreno donde caminamos. En 2025 el Centro Mexicano de Derecho Ambiental documentó diez defensores que perdieron la vida, menos que los 25 de 2024. Pero los ataques subieron: 135 eventos de agresión y 314 agresiones específicas, casi 44 y 33 por ciento más que un año antes. Más de la mitad, 53.8 por ciento, fueron estigmatización, intimidación y difamación, y 107 personas fueron criminalizadas por su labor. Según el propio informe, el gobierno, en todos sus niveles, participó en más de la mitad de los eventos: 76 de 135. La violencia no distingue si defiendes un río o un toro, y la impunidad tampoco.

Los defensores de animales no están solos

A quien defiende animales y me lee: no estás solo. Somos más de los que quieren hacerte creer. Valentía no es imprudencia, cuídate. No publiques tu domicilio ni tus rutas y vigila lo que tu familia comparte en redes. Guarda cada mensaje y hazlo constar ante notario, con fe de hechos. Denuncia siempre, aunque parezca inútil, porque una carpeta con fecha es la diferencia entre una amenaza y un antecedente. Pide medidas de protección a la Fiscalía y explora los mecanismos federales y estatales. Si el riesgo es inmediato, llama al 911. Un frente común es más difícil de ignorar que una voz suelta.

No es casualidad. El domingo fue el Día Mundial de los Animales y llegó con una ley que el Senado aprobó el 29 de septiembre, con 115 votos a favor: la Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales. Trae cosas útiles, como un padrón de infractores. Pero me quedo con una pregunta incómoda: discutimos cómo cuidar a los animales y todavía no resolvemos cómo proteger a quienes los defienden. La ley le permite al denunciante pedir que no se revele su nombre, pero no prevé medidas de protección para quien, aun así, termina amenazado. Y tiene un problema más hondo. Su pieza central es declarar a los animales seres sintientes y sujetos de cuidado, y eso, jurídicamente, no arregla nada: reconocer que un animal siente es reconocer lo evidente. Un sujeto de cuidado depende de que alguien decida cuidarlo; un sujeto de derecho puede ser defendido por sí mismo. Lo que de verdad le falta a esa ley, y por qué importa, lo veremos la próxima semana.

La tauromaquia puede debatirse con argumentos, en tribunales y de frente. A quien la cuestiona no se le amenaza. Si permitimos que la incomodidad se pague con miedo, mañana la pagará quien defienda un río, un humedal o al perro de la cuadra. Hoy son Jerónimo, Erika, Elizabeth. Antes fue Diana Belén. Nos quieren callados, y no les vamos a dar ese gusto.

Todos tenemos una opinión sobre esto. Esta es la mía. Tú tendrás la tuya propia.♦ 

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