blogeditor · 24 de agosto de 2017
Por: Ángel Soriano
“Las grandes ciudades modernas, Nueva York, París y Londres esconden tras sus magníficos edificios, lugares de miseria que albergan niños malnutridos, sin higiene, sin escuela, semillero de futuros delincuentes (…) México, la gran ciudad moderna, no es la excepción a esta regla universal”.
Fragmento de la película “Los olvidados” (1950).
Así inicia Luis Buñuel su retrato de la pobreza y de las personas que vivían en las calles en la década de los cincuenta. En aquellos años, para conocer el número de población y sus condiciones se utilizaba la “Encuesta colectiva para más de una vivienda en el Censo poblacional”. Sin embargo, esta encuesta no contemplaba estadísticamente hablando, a las personas que sobrevivían en las calles de la Ciudad; al carecer de vivienda, su destino terminaba siendo, tal y como le describe Buñuel, estar ocultas. Invisibles.
Cuando hablamos de contabilizar a las personas que viven en la calle, nos enfrentamos a que las instituciones públicas encargadas de generar datos poblacionales toman como punto de referencia la vivienda. En el caso de las poblaciones callejeras, esta variable los deja fuera del censo, pues su hábitat es la calle. Eso nos lleva a reconocer que por décadas las personas que habitan las calles han estado en la invisibilidad, se desconoce cuántos son, sus condiciones económicas, laborales y por supuesto su densidad poblacional.
Para saber cuántos personas viven en las calles es menester la generación de una metodología especifica, que permita reconocer la calle como espacio de sobrevivencia, no sólo de transito; reconocer que parques, plazas públicas, baldíos, edificios abandonados, estaciones de metro, entre otros, han sido refugio y espacio de vida para cientos de personas; vislumbrar que un censo de esta población debe incluir en su metodología la participación de la propia población callejera y de organizaciones civiles especialistas en el tema.
-Quiero casarme contigo
– ¿Cómo crees? Si ni tengo nombre ¿Quieres ser la mujer de perro?
Fragmento de la película “Perro Callejero” (1978).
La película Perro callejero deja en evidencia los grandes vacíos en cuanto a los derechos humanos de las poblaciones callejeras. La negación del los derechos económicos y sociales, el acceso a la justicia, el contar con una identidad, el derecho a vivir en familia, entre otros, da cuenta de la complejidad que viven estos grupos. La película corre a través de la vida de un joven llamado Perro, desde su primera infancia hasta la vida adulta, ello nos refleja la diversidad de grupos etarios los cuales no encuentran en las instituciones públicas alternativas para superar su condición de vida en las calles.
Un Censo-Catastro permitiría conocer datos desagregados sobre cuántos niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad sobreviven en las cales; además conoceríamos las características asociadas a sus formas de trabajo, el ejercicio de su sexualidad, las dificultades para tramitar documentos de identidad legal o la discriminación para acceder a servicios de salud o educación. Esta imagen diagnóstica es el principal insumo para generar políticas públicas y programas de gobierno de calidad que den respuesta a sus necesidades, porque cuando una población es excluida de estadísticas oficiales aumenta el riesgo de que vivan bajo lo que se ha conceptualizado como “Muerte Social”, es decir, la negación total de sus derechos humanos como personas.
“- ¿Y tu nombre?
– No te lo puedo decir, es mi personalidad secreta, no puede saberlo nadie”.
Fragmento de la película “Princesas” (España, 2005).
En el modo de vida callejero los constantes eventos de violencia y discriminación han llevado a estas poblaciones a ser una de las expresiones más claras de poblaciones ocultas, debido a que desconocemos su número, el acercamiento es difícil, se tiene una visión estigmatizada de ellos/as, (Perez, 2002). Estas poblaciones se ocultan para no ser identificadas; por ello los ejercicios de conteo o censo dirigidos a esta población en la Ciudad de México han tenido dentro de sus debilidades metodológicas no considerar en primera instancia la variable de movilidad.
Experiencias internacionales en Chile y España han mostrado que una propuesta innovadora y efectiva para contar a las personas en las calles es hacer el ejercicio en la madrugada, con un número importante de personal tanto de gobierno, OSC y voluntarios durante un periodo de cinco horas. Este tiempo permite tener la certeza de que las personas regresan a sus puntos o lugares de pernocta, impidiendo confundirlas con otras poblaciones que solo trabajan o comercian en la calle. De esta forma disminuimos el margen de error vinculado a la variable de movilidad. Es importante considerar que en paralelo al conteo de calle se hace un conteo en albergues, hospitales, ministerios públicos o juzgados cívicos debido que la noche es un momento de permanencia transitoria en estos espacios. De esta forma tendremos al final el número más cercano a la realidad de las poblaciones callejeras.
“Somos la crónica de las aceras, somos la irónica verdad de ciudades enteras, somos ellas, somos él, somos ángeles en medio de babel”.
Voces de la Calle (2009).
Cinco décadas han pasado desde aquella descripción hecha por Luis Buñuel sobre los llamados “ Niños y jóvenes de la calle”, aún estamos a la espera de un censo nacional que nos permita identificar cuántas personas forman parte de las poblaciones callejeras. El Instituto nacional de Estadística y Geografía, el Consejo Nacional de Población, las instituciones encargadas de desarrollo social, las organizaciones civiles y la academia tienen una deuda como parte del Estado Mexicano de dar visibilidad y reconocimiento como ciudadanos y ciudadanas plenos de derechos humanos a las poblaciones callejeras. Deuda que esperemos no tarden más décadas en saldar.
* Angel Soriano es el responsable del área de investigación de El Caracol AC (@elcaracolac), organización no gubernamental que trabaja con niños, niñas, jóvenes, hombres, mujeres y personas con discapacidad que viven en las calles, especializada en el acompañamiento educativo para construir proyectos de vida fuera de éstas.