Nómadas digitales y el ¿acceso? a la vivienda digna

Redacción Animal Político · 17 de noviembre de 2022

Nací en la Ciudad de México hace ya 34 años, sin embargo nunca la había habitado como tal. Crecí toda mi vida en lo que hoy llamamos la periferia, la zona conurbana o el área metropolitana. He sido parte de lo que desde la academia se ha denominado “población flotante”. Mis estudios los cursé en la ciudad, mis trabajos han estado acá y mis vínculos afectivos más sólidos también habitan permanentemente la ciudad. Desde muy joven mantener estos aspectos de mi vida implicaron trayectos largos, como los que hacen diariamente tantas personas que pertenecen a la periferia, los cuales implican traslados de 2 o más horas, tráfico, colapso de la ciudad, bloqueos, desvelos, desmañanadas, inseguridad… y bueno, cuando sumamos la lluvia sólo nos queda resignarnos a sobrevivir al caos. Uno de mis sueños durante muchos años fue poder estar más cerca de la ciudad, acortar tiempos, distancia y cansancio.

Por estas vivencias sé que acceder a este habitar permanente no es sencillo; para lograrlo necesitas capital social, una red de apoyo fuerte, una historia familiar vinculada a la ciudad y, sobre todo, capital económico. Mi historia como habitante permanente en la ciudad no puedo contarla más que a partir de hace unas cuantas semanas, en las cuáles reconozco el privilegio que tuve al poder trasladarme. Oportunidades a las que pocos de mis antigu@s vecin@s pueden aspirar. Y que pese a compartir códigos culturales con quienes habitan la ciudad también existió en mí el afamado choque cultural. No es de sorprender, pues hablamos de una gran urbe llena de contrastes y multicultural, donde conviven personas de todos los niveles socioeconómicos, de distintas religiones, de diversos lugares de origen, niveles de estudios, oficios y profesiones; claro está que cada persona habita la ciudad de forma diferente, o sea “cada quién habla de cómo le va en la feria”.

Todas estas reflexiones coinciden con la reciente alianza firmada entre el gobierno de la ciudad de México, la empresa Airbnb y la UNESCO para “Convertir la Ciudad en la Capital del Turismo Creativo y un destino para los nómadas digitales”. 1 Esta decisión impacta a todas aquellas personas que residen permanentemente en la ciudad y también se convierte en una injusticia para la población flotante y periférica de la gran urbe; así como para los migrantes que vienen del sur del continente, que no son bien recibidos en este país, que padecen procesos largos, tortuosos, inhumanos y violentos; solo por no tener trabajos remotos, no ser blancos, no venir de países del norte global y porque su acceso no es a través de los aeropuertos internacionales. 2

Tendido improvisado de personas en situación de calle frente a edificio con departamentos de 2 millones de pesos, calle Leandro Valle, Centro Histórico. Foto: Eréndira Martínez.

Estos nuevos residentes itinerantes son personas extranjeras que buscan permanecer conectadas para trabajar vía remota mientras viajan por el mundo. Generalmente provienen de países del Norte Global o el mal llamado “primer mundo”. Su presencia en países como el nuestro impacta en diversos ámbitos: lo económico, lo social y lo cultural; y no precisamente para bien. Mantienen sus sueldos en dólares o euros, el costo de la vida fuera de sus lugares de origen les parece barato, pagar precios altos por vivienda, bienes y servicios. La vida que no podían tener en sus países es la que se dan en países en desarrollo. Migran a países como el nuestro porque en sus territorios no pueden pagar los altos costos de las rentas y lo cotidiano (Hernández & Emanuelli, 2022).

De esta manera es como logran acceder a las mejores zonas de países como México. Disfrutan de la infraestructura, museos, teatros, cines, exposiciones, conciertos, vialidades, áreas verdes, calles arboladas con aceras resanadas, arreglo de fachadas a los edificios antiguos, trasporte público, ecobici, etcétera, todo esto sin pagar los impuestos que toda la clase trabajadora pagamos. La investigadora urbana Silvia Emanuelli señala que no hay información sobre estos nómadas, no se sabe cuántas personas laboran en México bajo estas condiciones, cuánto tiempo llevan residiendo aquí, si pagan impuestos, de dónde vienen o cuánto tiempo van a quedarse.

Estos cuestionamientos no deben considerarse como xenofobia o discriminación hacia quienes deciden venir a radicar a nuestro país de esta manera. Pues, para hablar de ambos conceptos debe existir una relación desigual, lo cual no sucede con estos migrantes provenientes del norte global, a diferencia de lo que sí sucede con quienes migran de los países del sur. Las dinámicas con estos nómadas digitales son distintas, pues existe una disparidad en los ingresos, ellos poseen mayor poder adquisitivo en comparación con la población originaria de la ciudad, así como de quienes migraron a las periferias. La llegada de estos nómadas y su estancia trae procesos de blanqueamiento, encarecimiento y aburguesamiento de las zonas que alguna vez fueron populares y que se ponen de moda a través de la renovación urbana, procesos inorgánicos pensado desde las élites políticas y empresariales.

El encarecimiento e hipercentralismo de la vida cotidiana es lo que hace que acceder a todos los servicios otorgados por el Estado sea un privilegio, más que un derecho. Habitar la ciudad y disfrutar de la oferta cultural, educativa, lúdica y de esparcimiento es impensable para quienes habitan las periferias, pues las largas distancias, los trayectos de cuatro horas y el costo del trasporte vuelven la ciudad inaccesible para quienes ganan el salario mínimo.

Es claro que la ciudad no es para quien la trabaja y la vivienda tampoco lo es; la oferta inmobiliaria es amplia, tal como lo dejan ver la enorme cantidad de letreros a lo largo y ancho de la ciudad: departamentos de 35 m2 ¡DESDE 2 millones! Costo que pocas personas pueden darse el lujo de pagar. Para comprar una vivienda así, mínimo hay que tener ahorrados 200 mil pesos, un sueldo superior a 40 mil pesos mensuales (sueldo al que pocas personas en este país acceden), vivir sol@ (una familia en 35 m2 es impensable), tener apoyo familiar, trabajo estable, ser sujeto de crédito y contar con todos tus derechos laborales. No importa que lleves toda tu vida laborando en la Ciudad de México, sin esos requisitos tu destino es vivir a más de 2 horas de trabajo. Es para lo que alcanza.

Ciudad de contrastes: edificio por recuperar/habitar vs edificio recuperado/habitado, calle Palma, Centro Histórico. Foto: Eréndira Martínez.

Una nota publicada en Animal Político (octubre 2022) señala que “al menos en ocho edificios habitacionales se vivieron procesos de expulsión de habitantes para cederlos a Airbnb, 3 los cuales se ubican en las calles Justo Sierra, San Ildefonso, López, Revillagigedo, Bolívar, Isabel la Católica y Luis Moya”. Un caso similar se presentó en la Casa Covadonga, inmueble rehabilitado como vivienda social y que al final una gran parte fue comprada por un mismo propietario que alquila los departamentos por 120 dólares la noche en Airbnb (Lambertucci, 2022). Testimonios de habitantes de estos edificios señalan que “ahora todo es una casa fría, turistas y extranjeros que en realidad no vienen a echar raíces, sino a generar un beneficio económico, a vivir muy bien, pasarla muy bien y ya está”. (Alexandra en Torres, 2022). El tejido social y las redes de apoyo que durante años se mantuvieron se van desdibujando, para convertirse en una pasarela de extranjer@s.

La buena conectividad, la cercanía a las oficinas de trámites y servicios, el embellecimiento de calles, aceras y avenidas, así como los lugares de ocio son lo que hacen que se encarezcan las zonas. Estas cualidades se convierten en un privilegio para algunos, cuando debería ser un derecho para todas las personas que habitamos la ciudad. Resulta injusto que quienes permanecen en la periferia no puedan habitar la ciudad dignamente.

Si bien los problemas para comprar y rentar no son tema nuevo, tampoco basta con atenderlos y evitar la expulsión de la población originaria. No se trata sólo de recuperar espacios y hacerlos “accesibles”, sino que el Estado debe regular tanto los precios de las rentas habitacionales, como comerciales, ya que habitar la ciudad en lo cotidiano no es barato. Basta voltear a ver los exorbitantes precios que manejan los restaurantes que tienen terraza con vista al Zócalo capitalino, inflados más del 100% (Guillén, Beatriz & Zendryk Raziel, 2022). De igual forma comprar insumos diarios se vuelve una carrera de precios, las tiendas de conveniencia venden productos básicos que van desde los cinco hasta los diez pesos más caros de lo que valen en otras zonas; es claro que hay que sacar jugosas ganancias a costa del turismo, sin importar cuánto afecta el bolsillo de quienes habitan la ciudad permanentemente.

Vivienda recuperada por el gobierno de la ciudad, calle de Allende, Centro Histórico. Una vez que sea restaurada y habitable ¿para quién será accesible? Foto: Eréndira Martínez Almonte.

Vivir y mantenerse en estas zonas no es barato, más cuando gran parte de la población vive con sueldos no mayores a 6 mil pesos mensuales. Los cambios y regulaciones deben hacerse de manera holística, para que todas y todos quienes habitamos la gran urbe podamos mantener una calidad de vida digna. Según la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, el Acuerdo de París y marcos mundiales para el desarrollo, a nivel mundial nos encontramos en un periodo decisivo para entender que “si está bien planificada y bien gestionada, la urbanización puede ser un instrumento poderoso para lograr el desarrollo sostenible” (Urbanismo social, 2022). Sin embargo, debemos entender que el desarrollo urbano sin justicia social, sin igualdad de oportunidades y sin respeto a los derechos humanos básicos es mera propaganda, mero discurso y una manera más de defender la expulsión, el neocolonialismo y la expropiación.

Hasta el cierre de este texto el gobierno de la Ciudad de México sigue sin hacer público el contenido del acuerdo al que llegó junto con Airbnb y la UNESCO. De igual manera, diversas fuentes y organizaciones señalan que no se han presentado, ni realizado estudios de impacto social, económico y ambiental, así como el hecho de que no se ha hablado de ningún plan de regulación para los propietarios de inmuebles que se encuentran en la plataforma Airbnb.

Foto: Eréndira Martínez Almonte.

* Eréndira Martínez Almonte (@ErendiraTecpatl) es antropóloga social por el CIESAS y Etnohistoriadora por la ENAH, investigadora desde metodologías colaborativas, dialógicas y feministas. Estratega en Lexia.

 

Referencias:

Anglés, Susana (2020), “Cómo el ‘capitalismo cool’ se adueña de nuestras ciudades”, en El País, 30 de octubre de 2020, consultado el 8 de noviembre de 2022, aquí.

Comunicado de Organizaciones del Centro Histórico, viernes 28 de octubre de 2022, revisado el 9 de noviembre de 2022, aquí.

Hernández, Julio & Silvia Emanuelli (2022), “Población originaria en CDMX, sustituida por una de mayor poder adquisitivo: Emanuelli”, en Astillero Informa, 3 de noviembre de 2022, revisado el 8 de noviembre de 2022, aquí.

Guillén, Beatriz & Zendryk Raziel (2022), “Los desorbitados precios de las terrazas del Zócalo: seis dólares por un taco y 10 por una cerveza”, en El País, 7 de noviembre de 2022, consultado el 7 de noviembre de 2022, aquí.

Lambertucci, Constanza (2021), “La paradoja de Ciudad de México, la capital que busca vecinos para vivir en el centro”, en El país, 31 de mayo de 2021, consultado el 7 de noviembre de 2022, aquí.

Redacción Animal Político (2022), “Organizaciones exigen al gobierno CDMX suspenda alianza con Airbnb por impacto en el acceso a la vivienda”, en Animal Político, 29 de octubre de 2022, consultado el 7 de noviembre de 2022, aquí.

Torres, Octavio (2022), “Mr. W de Airbnb incrementa en 1600% la renta de un departamento en la Condesa”, en Expansión Política, 4 de noviembre de 2022, revisado el 7 de noviembre de 2022, aquí.

Urbanismo Social (2022), “Día del Ubanismo: Cómo avanzar hacía ciudades inclusivas”, en Urbanismo Social, 8 de noviembre de 2022, revisado el 9 de noviembre de 2022, aquí.

 

 

1 Tuit de la cuenta oficial del gobierno de la Ciudad de México, disponible aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.