blogeditor · 20 de mayo de 2016
Por: Daniel Berezowsky (@danberezowsky)
Historia uno. Norma asiste a una entrevista de trabajo y llega quince minutos antes de su cita. Su currículum en mano, el peinado perfecto y un atuendo sobrio, digno de la ocasión. La charla con quien la interroga ocurre sin contratiempo y las respuestas dan justo en el blanco. Felicidades, le dice su nuevo jefe, está usted contratada. Por favor lleve sus documentos a recursos humanos para iniciar el proceso. Norma agacha la cabeza preocupada, porque sabe que en su título universitario, todavía aparece su nombre de pila: José Luis. Sale de la oficina… otro trabajo que gana, otro trabajo que pierde.
Historia dos. Ernesto y Gloria llegaron al hospital poco después de las cinco de la mañana, cuando ella inició labor de parto. Decidieron no hacer ningún ultrasonido y esperar hasta ese día para conocer el sexo del bebé. El doctor la llevó de inmediato al quirófano y no pasó mucho tiempo antes de que diera a luz. Después de cortar el cordón umbilical, el médico volteó a ver a los padres y dijo: tenemos un problema. Su hijo ha nacido con genitales de ambos sexos; recomiendo que se le ampute el órgano masculino, para evitar complicaciones posteriores. En su ignorancia, ambos padres acceden. Su caso, les dice el doctor, es extraordinario y prácticamente inexistente. Lo cierto es que según estimaciones internacionales, sucede a 1 de cada 125 personas.
Historia tres. Carlos y Mario viven juntos desde hace doce años. El primero es abogado en un despacho de prestigio y el segundo es psicólogo, con su propia consulta. Hace treinta y dos meses lograron adoptar a Elisa… o bueno, Carlos lo hizo, en calidad de padre soltero pues la ley no les permitió hacerlo en pareja. En el acta de nacimiento de Elisa, el “nombre de la madre” aparece en blanco. La relación oficial de Mario con la niña es inexistente. Hace dos semanas, en un accidente automovilístico, Carlos perdió la vida… y Elisa perdió a su familia.
Historia cuatro. Gabriel cumplió once años la semana pasada. En el colegio, se inscribió para el concurso de talentos y decidió interpretar “Libre soy”. No era un mensaje oculto para salir del clóset… el niño simplemente sabía que era la canción favorita de Julia, de quien estaba profundamente enamorado. Sus compañeros no lo entendieron así y desde entonces, cada día que pasa es un infierno: mensajes de odio, empujones y palabras hirientes. En el peor de los episodios, Gabriel fue golpeado severamente en el baño de la escuela, hasta quedar inconsciente. Al acudir a la dirección, el titular del colegio le dijo: no puedo hacer nada por ti, mientras tú sigas comportándote de esa manera. Esa noche, Gabriel se quitó la vida. Prácticamente la mitad de los adolescentes que así lo hacen, están huyendo de la homofobia.
Y así como estas cuatro historias, podría seguir con miles más: la de la mujer trans que es violada cuando acude a denunciar un delito; la del hombre con VIH que es golpeado a muerte por acudir a una clínica de atención a personas con SIDA; o la del maestro que pierde su trabajo por contar a sus alumnos que tiene un novio.
Las necesidades de quienes forman parte de una minoría sexual son tan diversas como los colectivos que conforman el acrónimo LGBTI. E incluso quienes no lo son resultan, en ocasiones, severamente afectados.
El odio y la discriminación nos lastiman a todas y a todos.
Este 17 de mayo fue histórico. Por primera vez en México, un presidente de la República abrió la puerta de Los Pinos a personas de colectivos Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero e Intersexual.
Tuve la oportunidad de estar ahí, de sentir la emoción de personas que por décadas estuvieron esperando este momento. De ver los rostros ilusionados de quienes buscaban su nombre en las sillas que les habían sido asignadas. Y de escuchar el aplauso que no cedía cuando, además, se anunció la iniciativa de ley que pretende elevar a rango constitucional el matrimonio igualitario.
Porque con ello el presidente dio el banderazo de un diálogo que debe ser amplio. Que es de ese tema, pero no sólo de ese tema. No todo es matrimonio igualitario… hay una gran variedad de asignaturas pendientes. Y con ellas, hay mucho que como sociedad tenemos que seguir haciendo. Pero lo primero es eliminar tabúes y, como lo hizo el presidente este lunes, arrojar luz sobre lo que por demasiado tiempo no ha querido ser visto.
Postdata. Las iniciativas del presidente están sobre la mesa y el peor enemigo de ellas no sólo está en los grupos conservadores ni en los políticos añejos. Está en muchos de quienes integran los colectivos LGBTI, que están dispuestos a boicotear este gran paso, con tal de no ceder una victoria a un personaje al que le han declarado la guerra. Ojalá no se politice el debate y se pueda concretar un avance esperado por décadas. Pues por eso es una bandera arcoíris: todos los colores juntos, una misma causa, ¿o qué no?
* Daniel Berezowsky es analista y comunicador político. Cineasta y fotógrafo. Impulsor de los #DDHH.