blogeditor · 20 de septiembre de 2016
Dicen que marchan por los niños. Dicen que se trata de su derecho a un papá y una mamá. Dicen que el matrimonio es un pacto natural e inalienable. Lo cierto es que nuestra especie lleva 195 mil años en la tierra y su familia natural —como ellos la entienden— sólo ha existido durante 7 mil. Menos del 10% de nuestra vida en este planeta. La evidencia de comportamiento homosexual en miles de especies tampoco es suficiente.
La táctica de siempre es rechazar la evidencia.
El movimiento profamilia es un brazo político para banalizar y deslegitimar la educación pública. La base ideológica de todo este numerito tiene que ver con una idea fundamental: los hijos son propiedad de los padres que los procrean y ellos tienen el derecho de educarlos como les plazca. Los videos, los panfletos y las entrevistas dan cuenta de la enorme preocupación que sienten de que el sistema educativo provea “ideología de género” en sus programas.
Lo que Norberto Rivera no quiere que sepas es que hay una industria —la educativa— que vale 850 mil millones de pesos al año y que los fundamentalistas religiosos quieren un pedazo cada vez más grande de este jugoso pastel.
Todo lo que tiene que pasar es que el sistema educativo colapse a pedacitos —cualquier parecido con la realidad no es coincidencia— y que flamantes empresarios estén dispuestos a construir y administrar escuelas religiosas a cambio de una cuota por estudiante.
Ahí, en lo oscurito, les pueden enseñar lo que ellos quieran: que la tierra es plana, que se creó hace 7 mil años y que no tiene cabida para pervertidos, libertinos y homosexuales.
Los villanos detrás de #NoTeMetasConMisHijos tienen un interesantísimo modelo de negocio dirigido a tres mercados:
Lo que parece una lucha política e ideológica es, en realidad, una batalla económica.
La derecha de todo el mundo tiene tres enemigos principales: la educación pública, la salud universal y el sistema de pensiones. Cuando estos tres eslabones funcionan bien sucede una catástrofe política: clase media y librepensadores.
Los que saben de dinero tienen clarísimo que, cuando se desploma un sistema público, son los mejor organizados los que obtienen los beneficios agregados. Por eso, la industria de la educación religiosa fundó un movimiento basado en el odio a la diversidad sexual con el único objetivo de hacer dinero. Le duela a quien le duela.
Este sábado el Frente Nacional por la Familia viene a la ciudad de México. Traen sus camiones, sus tortas, sus acarreados y sus mentiras. Lo peor es que traen a sus hijos. Un 10 % de ellos pertenecen -o van a pertenecer- a la fauna de la diversidad sexual. Les ahorro el suspenso. Cientos de miles de niños van a crecer en una familia que los violenta sistemáticamente al decirles que sus sueños, deseos y afectos están fundamentalmente mal.
Vienen de gira a la ciudad de México. Aquí, donde sí tenemos derechos, tenemos que dejarles muy claro que no son bienvenidos porque el lenguaje de odio no está protegido por la libertad de expresión.