blogeditor · 3 de mayo de 2012
Para mis puntos suspensivos, mis tildes y mis eÑes, que me asaltan a traición mientras duermo.
Cuando la fábula se confabula con la vida real, se obtiene sobrada materia prima para construir una novela ambiciosa. Es innegable que el uso del realismo en la obra literaria, adquiere matices de fascinación, escalofríos incómodos, o quizás, oleadas de empatía en el interlocutor adecuado. Podría traducirse como el equivalente narrativo de encontrarse de súbito en una habitación tapizada de espejos. Evidentemente, depende del refinamiento del autor en la nada fácil tarea de salpimentar de ficción una historia basada en hechos reales. Nosotros, desde nuestra trinchera lectora, gustamos devorar buenas historias (no importando si su naturaleza es compleja o simple), porque el factor que determina una lectura disfrutable, es la habilidad para representar ante nuestros ojos cualquier realidad –incluso la más elemental- y verla convertida en una novela entrañable. El estilo usado para configurar realidades, es la clave que codifica la transmisión de lo indescriptible; una pluma inteligente marca rumbos y destinos en nuestra imaginería. Los lectores amamos envolvernos en un sincronismo personalísimo con el autor.
En 1964, el periodista y escritor mexicano Luis Spota, publicó la novela titulada “La carcajada del Gato”, es conocido por todos que para la construcción narrativa de esta obra, se inspiró en la –aparentemente inofensiva- nota roja de un periódico local guanajuatense en 1959. En la nota periodística de marras, se daba cuenta de que las autoridades descubrieron un anómalo caso de encierro familiar. La policía detuvo a Rafael Pérez Hernández por el delito de secuestro de su esposa y sus seis hijos (cuyos nombres denotaban el delirio del patriarca: Indómita, Libre, Soberano, Triunfador, Bien Vivir y Libre Pensamiento). El cautiverio que Rafael infligió a su propia familia se prolongó 15 años, tiempo en el que los alimentó únicamente con avena y frijoles, alegando que esta dieta estricta estimularía su espiritualidad. Eran prácticamente esclavos en su próspera empresa de raticidas y los mantuvo alejados de cualquier tipo de contacto humano. Spota utilizó estos elementos para construir una novela cuyo protagonista Lázaro, utilizó para su experimento más delirante, a su propia familia. El director Arturo Ripstein filmó en el año 1972 “El Castillo de la Pureza”, utilizando el guión del propio escritor para contar su propia versión de “La Carcajada del gato”, siendo esta ultima una notabilísima non-fiction-novel de manufactura nacional.
Traigo a colación la novela de Spota, porque al leer el recién publicado libro de la escritora Ana Terán “No te detengas” (Plaza y Janés) no pude menos que encontrar semejanzas interesantes entre los protagonistas masculinos de ambos libros. Ana Terán (Sonora, México), es una escritora que no utilizó la nota roja de ningún diario, a cambio de ello, echó mano del testimonio de la protagonista y de su propia construcción imaginativa, para entregarnos su primera novela inspirada en la vida de la otrora modelo, actriz y reina de belleza Martha Cristiana, quien fuera su alumna en los talleres literarios que ha impartido durante más de quince años.
En entrevista para el periódico la Jornada el pasado 20 de abril, Ana Terán detalló acerca de la aventura que le significó construir ficción sobre hechos reales: “Una biografía la tendría que haber escrito alguien más. No quería tener que adherirme a todos los hechos que ella podía contarme; mi interés era más fabular, como siempre. “Hay escritores que nada más inventan y fabulan. Yo no. Yo soy alguien que parte de la realidad para fabular; entonces, sabía que era la manera como podía sentirme con esa libertad. La memoria nunca es fiel, lo sabes; uno mismo hace ficción de la propia. Sin embargo, hacer ficción de la memoria de otro me pareció más interesante que ceñirme a los hechos. Lo importante es la historia, es decir, contarla como yo la pudiera concebir de alguna manera, imaginarla.”
La historia de Crista –Martha Cristiana- es una oda a la enfermiza búsqueda por la perfección exterior. El tirano más implacable de Crista, fue su propio padre. La historia muestra a un hombre para el que su hija significó una masa moldeable a su entera voluntad, ideal para construir más que un maniquí, una reina de belleza absoluta y a la que preparó con la meticulosidad de neurólogo, cada detalle, incluso antes de su concepción. Usó sin reparos a su hija como un fértil campo de centeno con el que alimentaría su insana megalomanía.
Lázaro –el patriarca de la carcajada- y Pablo –el padre de Crista- , desarrollaron métodos distintos para ejecutar su cautiverio, aunque el fin resulta tan símil como fronterizo: conseguir a cualquier costo, el obsesivo proyecto de superioridad de raza con su propia descendencia. Ambos contaron con la complicidad hermética de las madres de sus hijos -quienes no mostraron mayor reticencia-, para educar a sus retoños con crueldad innecesaria. Los usaron como vehículo para mitificar en ellos la perfección y pureza, de acuerdo –claro está- a su personalísima moral.
No te detengas es una novela cruel. La atmósfera que arropó las primeras dos décadas de Crista, carecen de cualquier indicio de normalidad. La obsesión del padre por la perfección de su propio cuerpo, no es más que una premisa; la perfidia paterna constituyó un tormento más profundo, porque cada cuidado prodigado, constituía un nuevo martirio físico y mental. La autora dibuja un mundo –que no es otro más que el nuestro- en el que la factibilidad de lograr una descabellada empresa –por perversa que esta sea- puede conseguirse con impunidad. El argumento formula sin eufemismos, la facultad cuasi ilimitada que poseemos los padres, para convertir a nuestras anchas, a seres vivos en semidioses, monstruos, o cadáveres ambulantes.
La futilidad de la crueldad, la negación de la libertad, significaron la única ruta posible de
tránsito para los vástagos de Lázaro, aunque Crista tampoco fue ajena al cautiverio. La libertad parece ser el único bien y recompensa para romper el círculo de desdicha. En alguna ocasión, uno de mis escritores favoritos escribió: “Si la suprema libertad de la alienación por el amor no es la libertad verdadera, no hay ni puede haber otra”, comparto absolutamente esta visión.
La novela de Spota resolvió la libertad de los cautivos, mediante un inminente asesinato:
“Y es en la atmósfera de esta casa sin relojes, calendarios o espejos donde habrá de
consumarse un crimen que no tendrá castigo. Al término de una hora determinada este hombre será ajusticiado como su mujer y sus dos hijos mayores han resuelto: sin piedad y sin remordimiento.”
Desconozco si la libertad de Crista atesore espejos que reflejen algún tipo de imperfección de sí misma; de la misma forma, ignoro la dimensión del rencor o la piedad otorgada a su tirano. ¿Continuarán las luces de su baño simulando el arca luminosa guardiana del secreto de su génesis? Todo lo que sé, es que Ana Terán nos regala una novela que vale la pena leerse. Nunca sobran letras, menos aún si estas rebozan delicadeza y pulcritud. Y hacen falta tantos lectores. . .
América Pacheco.
No te detengas, se presentará el próximo 17 de mayo en el Club de Industriales (Andrés Bello 29, Polanco), a las 19 horas. Participarán Martha Cristiana, Nicolás Alvarado y la actriz Úrsula Pruneda. No falten.