No soy un poeta, soy un peatón

blogeditor · 20 de abril de 2016

No soy un poeta, soy un peatón

Por: Roberto Remes Tello de Meneses (@ReyPeatonCDMX)

Un poema de Jaime Sabines, El Peatón, sintetiza la igualdad en la figura del peatón.

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta”. Y lo que reconforta a Sabines es descubrir su esencia peatonal: “Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila”.

Sabines, el que quería bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo, en el número 43 de la Calle de República de Cuba, Centro Histórico, recuerda algo: en la calle nadie, y en la casa menos, nadie se da cuenta que soy el Rey Peatón.

Foto: Roberto Remes
Foto: Roberto Remes

El 10 de marzo recibí una llamada que era consecuencia de lo que yo he definido como “señales de humo”. Dos semanas antes, la Coordinación General de la Autoridad del Espacio Público había quedado vacante. Mi nombre sonaba en redes sociales, formalmente sólo allí, informalmente había elementos lo mismo para reflexionar sobre un “qué pasa si…” o un “mantén la cabeza fría, Robertorremes”.

¿Obliga la condición de activista? Los mexicanos, en general, somos sumamente subjetivos en las posiciones relativas entre política, sociedad, gobierno, empresa. Para unos es mal visto la colaboración gobierno–sociedad, gobierno–empresa, políticos de un bando u otro. Podemos incluso rayar en el absurdo. Ideas políticas que “valen menos” por ser de partido. Los funcionarios son castrados de su parte ciudadana al entrar en funciones; no niego que deban ser prudentes, pero siguen (seguimos) contando con derechos ciudadanos y nuestro acotamiento sólo se refiere al ejercicio de la función pública.

Nunca me planteé ser activista. Es más, descubro que fui activista hasta que los medios destacaron “activista al frente de la AEP”. En la calle nadie, en la casa menos, nadie se da cuenta que soy (fui) activista.

En mi llegada a la Autoridad del Espacio Público hay tres momentos clave desde mi trayectoria política en la movilidad y el urbanismo. Dos que fueron recordados por los medios y un tercero que en mi cabeza luce como el más importante. Los dos primeros, Río Mixcoac y Chapultepec; el tercero, mi posición frente al cierre de la línea 12 del metro.

En septiembre pasado, durante la inauguración de un evento sobre el futuro del actual Aeropuerto de la Ciudad de México, mientras el Jefe de Gobierno hablaba sin mencionar nombres propios, soltó el mío. Al término del discurso se acercó a saludar a la primera fila y estiró la mano hasta la segunda. Fue la primera vez que lo saludé.

La siguiente ocasión fue en diciembre, “gusto en verte, Rober”, me dijo frente a los ganadores del #AsíNo en la Consulta sobre el Corredor Chapultepec. Por tercera vez, estreché su mano el 14 de marzo pasado. Saliendo de allí ya era Coordinador de la AEP.

[contextly_sidebar id=”LwAUxM35vt95VdnmlCwukEi0sX8jFdSO”]¿Qué hace un crítico de la administración de Miguel Ángel Mancera entrando en la recta final a un cargo de gabinete ampliado? Insisto, nunca me planteé ser activista, lo que me planteé es influir en las políticas de la ciudad. Río Mixcoac me dejó una gran satisfacción: el proyecto dejará un muy buen espacio público, a pesar de la polémica por la tala de árboles. Llegar al proyecto ejecutivo del Deprimido Mixcoac fue una tarea difícil. Ocupé el recurso de revisión en el INFODF; y aun así, mientras revisaba carpetas y carpetas de planos me avisaron “la Contraloría nos requirió ESTAS carpetas y tenemos hasta las 3 de la tarde para enviarlas”. Una vez que terminé de fotografiar los planos que me interesaban me retiré nervioso de las instalaciones del metro Zapata y con paranoia cuidé no ser seguido en mi camino a casa. Respaldé la información y la subí a la nube. Estábamos en campañas así que decidí esperar unas semanas antes de hacer algo. Pasando la elección hice un video donde explicaba que el proyecto era un peligro para el peatón. El video tuvo miles de visitas y detonó una primera plana de Diario de México, que ha seguido con atención las causas vecinales.

A partir de allí se inició la interlocución con el gobierno de Mancera. Patricia Mercado, Edgar Tungüi, Manuel Granados, Tanya Müller. El diálogo fue positivo, y si bien al inicio había desconfianza, lo que encontré fue la oportunidad de influir en ciertas decisiones en las materias que me apasionan. En Patricia Mercado siempre he encontrado a alguien receptivo, atenta a escuchar mis puntos de vista.

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El proyecto de Río Mixcoac tiene autorizada la tala de aproximadamente 900 árboles; con las modificaciones se redujo a 600. No juzgaré si son muchos o son pocos. Idealmente ningún proyecto público debería talar árboles, pero en la práctica muchos lo hacen tanto por la plaga de muérdago que ha afectado al arbolado de la ciudad, como por las restricciones mismas de cada proyecto: plazas, calles, metrobús, obras viales, han requerido talas y medidas de mitigación.

La decisión de colaborar a mejorar el proyecto fue difícil. Sin embargo, tampoco parecía que pudiera detenerse, sólo mejorarlo. Había dos opciones: con base en ese activismo espontáneo debía profundizar en mis razones para no construir el túnel y no apoyar a las autoridades; o debía confiar y ayudar a mejorar el espacio público y los puntos de riesgo vial.

Cooperar o no cooperar, el dilema del prisionero. Ese cambio hacia la cooperación fue clave para un acercamiento, e incluso mensajes indirectos con el jefe de gobierno. Chapultepec volvió a tensar la relación. Tenía claro que los impactos negativos para la ciudad eran altísimos, pero francamente no quería estar en todas las batallas. Cuando se hizo público estaba en contra, pero insisto, no pretendía tener un papel protagónico.

Lo que me inclinó a participar mucho más en Chapultepec fue cierto grado de presiones para que no participara. Al igual que cuando salí del metro Zapata con fotos de los planos, tuve días de mucha preocupación en los que cuidaba que nadie estuviera vigilando mi casa, mi oficina o a mí mismo. Sin duda exageré, pero también escuché voces que me decían, si el proyecto es estratégico, cuídate.

Una semana antes de la consulta el triunfo era lo más lógico en mi análisis. El “No” generaba entusiasmo, el “Así No” lo abarataba, el “Sí” conllevaba cierto grado de vergüenza. Aun así, el día de la elección había la posibilidad de acarreos. Creo que los hubo en ambas direcciones, pero la posición de la sociedad era tan fuerte que nadie pudo parar la embestida social.

Cuando acudimos a ver a Patricia Mercado encontramos en ella sensibilidad para seguir un “Cómo Sí” en Chapultepec. Miguel Ángel Mancera también se mostró receptivo, abierto y dispuesto a un nuevo proyecto. La titular de la Autoridad del Espacio Público quedó encargada de dar seguimiento, y ello también fue clave para dos cosas: primero, mi reconciliación con ella: fuimos amigos, pero luego hubo diferencias; segundo, habiéndose dado la reconciliación, mi llegada a la AEP terminó siendo lógica.

Yo estoy hecho en el quehacer público. Salí de Petróleos Mexicanos en 2009. Fui Director General en Semarnat hasta el 31 de enero de 2007. Y meses después me incorporé a Pemex, por tercera vez. Nunca estuve a gusto. De pronto me di cuenta que me había quedado allí por las prestaciones, la comodidad económica, pero me sentí frustrado de que, a pesar de estar en la dirección general, mi distancia fuera enorme respecto a la toma de decisiones. Mi salida de Pemex tuvo simultaneidad con dos hechos: la salida de Jesús Reyes Heroles y un asalto a mano armada en el que se llevaron entre otras cosas mi computadora, euros y pesos, mi teléfono, mi saco y el mejor auto que he tenido.

Trabajar en gobierno exige ciertas formas. En Pemex, en Semarnat, en Profepa, muy a mi estilo, seguí esas formas. Al salir del sector público, más aún después del asalto, no estaba muy dispuesto a permanecer callado a cambio de nada. Esto coincidió con el auge de tuiter y mi acercamiento al mundo “oenegero”. La prudencia vino después.

En el Congreso Peatonal de Pachuca presenté una ponencia en la que reflexionaba sobre el rol que debía seguir el movimiento peatonal para influir en la dirección deseada. Llevábamos años de ver las imágenes más ridículas de puentes peatonales para cruzar dos carriles, rampas que conducen a una pared o gente caminando en el arroyo porque la banqueta está ocupada.

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Estructurar las ideas de una manera estratégica, y no fui el único que lo hizo en Pachuca, nos ayudó como Liga Peatonal para ir construyendo un discurso consistente. Allí estaba planteando un enfoque no sólo de campo sino también de política pública para transformar las decisiones que afectan a los peatones.

Aun así estos dos años de Liga Peatonal han sido remar contracorriente. Las organizaciones de movilidad sustentable no acaban de entender muchos de los planteamientos del movimiento peatonal. A falta de manubrio hemos sido los apestados, en los que nadie cree. Recién alguien se quejaba que en plena discusión sobre los contenidos de movilidad para la Constitución de la Ciudad de México, los movimientos de peatones volvieron a ser excluidos de un evento público.

Cuando el asalto del Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 1 de enero de 1994 se cuestionó que algunos de los guerrilleros sólo traían un palo en las manos. En una entrevista Marcos respondió que era más fácil correr con algo en las manos que con las manos vacías, dado que no había armamento para todos. El movimiento ciclista tiene un fetiche, la bicicleta misma. El movimiento peatonal surge sin fetiches, pero al mismo tiempo eso le da mucha claridad, así haya que correr con las manos vacías.

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No quiero generar expectativas de mi llegada al gobierno. No quiero ser un poeta, ni un profeta, sólo un peatón: un funcionario público cumpliendo su función con disciplina y con pasión, que además camine su ciudad como cualquier otro peatón. Estoy pensando en el Espacio Público hacia el futuro más allá de lo inmediato y más allá de mí mismo. Sí me encantaría arreglar tal o cual espacio, pero le apuesto mucho más al imaginario público, a que la gente sueñe espacios transformados y que la transformación se dé a través de los sueños.

La Liga Peatonal es para mí un conjunto de soñadores estratégicos y apasionados que caminan en una dirección. En este proceso de vivencias sociales estoy agradecido con mucha gente que me enseñó caminos que no conocía, también estoy agradecido con mi predecesora en la AEP, porque de nuestras diferencias surgió un aprendizaje inmenso, y estoy agradecido con el propio Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, porque a pesar de las críticas y que realmente no nos conocemos lo suficiente, me ha designado en un cargo de mucha responsabilidad y en donde debo incorporar, hasta donde me sea posible, planteamientos de la sociedad civil respecto del espacio público y los peatones.

 

@ZoonPeaton

@LigaPeatonal