blogeditor · 10 de mayo de 2019
Para muchas mujeres el no ser madre es ya una opción de vida. Esa frase -muy limitante por cierto- de que sólo si tienes hijos te realizas como mujer está perdiendo credibilidad por minuto. Hoy sabemos, quienes hemos tomado esa decisión, que la actitud maternal no se expresa exclusivamente si tienes hijas e hijos. Podemos “maternar” de muchas maneras: con sobrinas y sobrinos, hijos de nuestras amistades, con los integrantes no humanos de nuestra familia, con proyectos, causas y de muchas otras formas.
Esta opción no es tan sencilla como suena, sobre todo, cuando existe un andamiaje cultural que gira en torno a “la madre” como ese ser aglutinador de las familias y a partir del cual se articulan y explican dinámicas familiares, sociales, culturales y en los últimos tiempos, comerciales. Ese fortalecimiento de la madre como eje articulador del tejido social lo que pone en evidencia, también, es una cultura profundamente heteropatriarcal que sigue asignando a la mujer el espacio privado como espacio natural y en el que se respeta y da valor a quien cumple ese rol sin cuestionarlo. Quien sale de ese papel no la tiene tan fácil en la sociedad y ésta se siente con facultades para cuestionarla.
Ojo, no critico ni cuestiono a quienes han decidido ser madres y lo gozan profundamente. La verdad es que son personas a quienes respeto y admiro profundamente, porque el rol de madre es complejísimo y se trata de una chamba de tiempo completo, mal pagada, que sólo se reconoce -en el mejor de los casos- una vez al año y que dura toda la vida. No se pueden sindicalizar y se espera que no se quejen de ese trabajo.
Mi énfasis está en la decisión que hoy podemos tomar las mujeres de no jugar ese papel, desempeñar otros, y defender el derecho de asumir otras alternativas. Ser madre debería ser una elección para las mujeres, no una imposición social ni el único rol que se espera de ellas. Ninguna mujer debe ser juzgada, cuestionada ni valorada por el hecho de tener o no hijos.
A mí el 10 de mayo me genera muchas emociones y sentimientos encontrados. Sé que a muchas madres les emociona la fecha, a otras no les importa, y las tiendas y restaurantes hacen su agosto en mayo. Tal vez sean estos últimos los más felices con la fecha.
Se trata de un “festejo” que pocas veces se cuestiona y que la costumbre y nuestra cultura lo ha convertido en día intocable. Se vive la paradoja de festejar a la “santa madre” en su casa y generarle el doble de trabajo pues su familia la celebra, pero es ella quien organiza todo. Para quienes son un poco más juiciosos y reconocen el trabajo que esto implica, la llevan a comer “para no cargarle la mano”. En el fondo, el tema sigue siendo el mismo: se esperan milagros de esa mujer que la cultura ha convertido en “súperser” que tiene que estar dispuesta y disponible para todas y todos sus hijos y descendientes, y que glorificamos, casi canonizamos. Así se construye la figura y se define el mandato de la “buena madre mexicana” y de la “buena madre” en general. Se les reconoce en público pero no se valora su trabajo en privado, se da por sentado.
Desde niñas a las mujeres se nos ha enseñado que es un día en el que nos tocará ser festejadas y que de alguna manera nos pertenece porque eventualmente seremos madres. Durante mucho tiempo esto fue algo que no se debatió, pero que la realidad actual está poniendo en tela de juicio, con todo y las inercias y reacciones en contra.
Hoy, las mujeres y las familias nos encontramos frente a una gran gama de opciones. Las familias ya no son las tradicionales: hay nucleares, extendidas, monoparentales, homoparentales, ensambladas, de hecho. En ellas la figura de “la madre” tradicional ya no encaja; la realidad laboral, social, económica, política, cultural y hasta geográfica ya no les permite jugar ese rol. El tema es que en muchas, a pesar de las nuevas condiciones, se sigue esperando que cumplan la “descripción de puesto” que ello implica y se les observa y cuestiona desde esa óptica. Cada tipo de familia está definiendo también un nuevo tipo de maternidad, y abriendo así posibilidades para que las mujeres vivan realidades diferentes.
En todo caso, y a propósito del Día de las Madres, felicito a las mujeres que aman serlo y que lo son plena y gozosamente y reconozco a quienes han decidido no serlo, o serlo a partir de roles diferentes, y con su decisión están fortaleciendo el camino y la posibilidad de elegir y decidir para otras mujeres.
Que cada quien elija la forma en que quiere vivirlo y el significado que le da.