blogeditor · 30 de marzo de 2022
Uno pensaría que el combo libertad – mecanismos democráticos es indisoluble, así como para formar el agua se necesitan dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, la relación no es tan sencilla. Los mecanismos de la democracia pueden ser paradójicamente usados para destruir las libertades. En 2003, Fareed Zakaria exploró en su clásico “El futuro de la libertad: las democracias iliberales en el mundo” el ascenso de los populismos autoritarios a principios del siglo XX y también el peligroso camino que recorrió el estado de California en la Unión Americana en la segunda mitad del siglo XX, de la mano de los mecanismos de referéndum, plebiscito y la revocación de mandato. ¿Cómo puede ser posible que la democracia decida practicarse un harakiri i y destruir las libertades que la fundaron?
Zakaria narra cómo en 1978 una figura de la derecha norteamericana, Howard Jarvis, harto de que los impuestos los ocupara una élite desconectada “del pueblo norteamericano”, organizó la propuesta 13 con la cual destrozó el sistema de provisión pública de servicios de California. Pronto Jarvis se reunía con figuras conservadoras internacionales de la época como Margaret Thatcher y Jacques Chirac para instruirlos en tácticas retóricas y electorales. Para Zakaria el impacto sobre la calidad de vida en California fue palpable: pasó de gastar el 22 % de su presupuesto en la construcción y mantenimiento de infraestructura en 1950 al 5 % en 2002. California pasó de ser la portada de Newsweek como el Estado #1 a ser materia del libro de 1998 de Peter Schrag “Paraíso Perdido”. Los referéndums durante esas décadas sacaron el 85 % del presupuesto de las manos de los tomadores de decisiones profesionales y los pusieron en la boleta electoral; el presupuesto de la Universidad de California, educación básica y parques públicos fue destrozado en esa era y sólo durante la segunda década de este siglo ha comenzado a recuperarse.
California no solo ha tenido problemas con iniciativas plebiscitarias, sino también su propio aluvión de revocatorios: desde 1913 ha habido 179 iniciativas para destituir mandatarios a través de las urnas, acorde a datos de su secretaría de estado. Es decir, casi 2 al año. En 2021 el gobernador Gavin Newsom enfrentó una campaña de revocación; a diferencia de México, la boleta incluye el voto por el sucesor. 276 millones de dólares fueron usados en la campaña sólo para que este continuara en el cargo. En 2003 es la última vez que un gobernador fue destituido por esta vía, el sustituto fue el actor Arnold Schwarzenegger. Nuestros paisanos, que en su administración perdieron el derecho a tener una licencia de conducir y acceder a servicios públicos, recordarán los funestos efectos de su gobierno. Peor aún sería el caso mexicano, en el cual la discreción de los mismos diputados del partido de gobierno decidirían quién sería el sucesor. ¿Una sucesión designada es distinta a una reelección? No quiero ni imaginarme ese caos constitucional.
Es por eso que no voy a acudir a votar en el Revocatorio del 10 de abril de este año. Los mecanismos de la llamada “democracia directa” han sido perniciosos ahí donde han sido puestos en práctica. Normalmente son ocupados por entusiastas minorías conservadoras que tratan de legitimar sus decisiones a través de una simulación electoral. Zakaria también señala cómo son utilizados para legitimar la destrucción de las protecciones a derechos humanos y minorías a través de la fachada de “respaldo popular” y cómo, contrario a lo que se supone, rompen el vínculo de rendición de cuentas entre los representantes electos y la ciudadanía. Los errores dejan de ser suyos y pasan a ser “voluntad popular”.
No obstante, renunciar a asistir a las urnas no significa renunciar a la participación política. Claro que esta va más allá de acudir a elegir representantes cada tres años. Al actual régimen le molestan las voces disidentes, todos aquellos que nos alejamos de su relato hemos sido acusados de ser perversos, corruptos o ignorantes. En los gobiernos de Calderón y Peña Nieto salí a las calles en diversas ocasiones, con muchos de los que hoy me preguntan “¿dónde estabas cuando..?”. Las calles, la manifestación y la voz no son potestad de un solo partido o línea ideológica. En estos días no he dejado de pensar en las palabras de Luis González de Alba en el número 394 de Nexos, en su ensayo “Mi pleito con la izquierda”, en el que habla de la corrupción de muchos de los personajes que hoy están al frente de la administración pública. Gónzalez de Alba concluye: “Quien les señala (sus) crímenes … es porque se pasó a la derecha. Lo asumo: donde quiera que ellos estén, yo estoy a 180 grados”. Hoy quisiera decirle a Don Luis (Q.E.P.D): No, Luis -como dice Diego Fonseca en el NYT– “esa izquierda es de derecha”. Tenemos derecho a alzar la voz y reivindicarnos ideológicamente quienes pensamos distinto. La disidencia es legitima y necesaria en la democracia.

Por lo anterior he decidido unirme a la convocatoria de la marcha nacional “Terminas y te vas”, convocada por una pléyade de organizaciones sociales y políticas, muchas con las cuales no coincido en varios temas, mas tenemos una coincidencia básica: la necesidad de respetar las reglas e instituciones de la democracia como piso mínimo para la convivencia en un México distinto. No voy a permitir que ningún funcionario público o vocero pagado de la presidencia me diga que por esto no amo al país o que no he marchado cuando desde los 15 años tomé mis pies para reclamar las injusticias de este país más allá de la ciudad de la que soy oriundo, Toluca, que en esta ocasión se unirá con su propio contingente en la Glorieta de Colón. Sé que después vienen diversas definiciones, muchas en las que tendré desencuentros con quienes sean mis compañeros en este contingente, pero todos ellos en el marco del entendimiento de que -como decía Rosa Luxemburgo- “la libertad, siempre es la libertad de los que piensan distinto”. No acepto caer en esta dicotomía de con ellos o contra, México siempre ha sido más que un dirigente político, un partido o una comunidad particular. Es por ello que marcharé. La crisis de salud, económica y de seguridad son de conocimiento público: necesitan soluciones, no fachadas democráticas.
* Saul Vazquez Torres (@Sawie) es maestrante en Estudios México – Estados Unidos en la Universidad Nacional Autónoma de México, licenciado en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y militante del PRD.
i Conocido también como seppoku es un ritual de suicidio de la cultura samurái en la cual un guerrero se practicaba una lesión en las vísceras para evitar morir a manos del enemigo y hacerlo por cuenta propia.