No queremos más ‘NiNis’

geraldinag · 5 de abril de 2011

No queremos más ‘NiNis’

La semana pasada se comentó, tanto en la prensa como en redes sociales, la iniciativa de los gobernadores de Chihuahua y de Nuevo León para reclutar en el servicio militar a jóvenes mayores de 18 años que no estudien ni trabajen (NiNis), como una medida para combatir la participación de los jóvenes en hechos delictivos. Muy mala idea.

Antes que nada, la palabrita ‘NiNi’ me parece ofensiva pues lleva a la idea de que ni quieren trabajar ni quieren estudiar, estereotipa a los jóvenes como unos ‘sirve para nada’, ‘sicarios latentes’ o ‘narcos en potencia’. La iniciativa de los gobernadores suena como consejo de abuelita ‘para que no anden de ociosos, mejor que se unan a la disciplina militar’, ‘la disciplina es buena, aleja de las malas tentaciones’. La propuesta además de sexista, pues habla sólo de hombres y también hay mujeres jóvenes que no tienen ni trabajo ni lugar de estudio, pretende resolver el problema de la falta de oportunidades de miles de jóvenes mexicanos alistándolos al ejército, como si lo que México necesitara fueran más soldados, en lugar de plazas de trabajo, sitios de formación, escuelas y universidades de calidad para todos y todas. El problema de la criminalidad y el círculo en que han ingresado los jóvenes sin oportunidades y el reclutamiento por parte de la delincuencia organizada, no se resuelve reclutando a los jóvenes ‘en el otro bando’.

El problema se resuelve creando oportunidades para que esos chicos y chicas que no ven su futuro claro, no opten por el dinero fácil que les ofrecen las bandas de narcotraficantes, y opten por apoderarse de sí mismos, de estudiar, de trabajar, de diseñar ellos mismos su presente para caminar hacia un futuro más brillante y suyo.

Precisamente esta semana leía sobre el modelo educativo de Finlandia, que es uno de los mejores del mundo y que arroja los mejores resultados en los examenes PISA de la OCDE. La apuesta finlandesa está en sus maestros, pues no los ven como medios sino como el estandard educativo. ¿Les suena? Supongo que el secretario Lujambio y Elba Esther Gordillo tendrían algo que decir sobre esto.

Mientras México no se proponga mejorar la educación y preparación de nuevas generaciones, seguiremos inflando el porcentaje de jóvenes sin futuro. La economía de México depende de ellos.

Hoy vemos que existen jóvenes que no encuentran trabajo o preparación, pero también que en ciertos casos se trata de jóvenes que no son emprendedores, que dependen de que alguien les dé empleo o les dé educación. Es apabullante el victimismo aunado al paternalismo que se vive en México. Todo es culpa de los demás y “si no me ayudan, no puedo hacer nada por mí”. Jóvenes sin creatividad, víctimas de un sistema educativo que no los pone a pensar, no los hace razonar, entender, emprender, hacerse dueños de sí mismos. Un sistema que los convierte en sujetos pasivos, que los des-responsabiliza de su futuro. Chicos que no conocen sus derechos, que no entienden sus obligaciones y responsabilidades como personas y como ciudadanos. Un sistema en donde la idea es memorizar y pasar, donde el alumno es un ente pasivo –esponja, en el mejor de los casos- que cacha lo que el maestro arroja, si es que lo hace, y lo hace bien. Si nuestros maestros fueran pitchers, serían los reyes de las ‘bolas’ y a los alumnos ni los enseñan ni a batear.

La falta de oportunidades de los jóvenes en México, se debe a una falla monumental en el sistema educativo, y en ciertos casos, el incremento de la delincuencia se debe a la falta de oportunidades de los jóvenes en México. Es un círculo vicioso en manos de un incompetente Secretario de Educación y de una corrupta líder del síndicato de maestros. De ninguna manera comparto la idea de que los jóvenes sin oportunidades necesariamente se conviertan en delincuentes. Pero es un hecho que algunos encuentran en la delincuencia organizada y en el narcotráfico (sobre todo en el narcomenudeo) una salida.

La esperanza de que algo suceda con el sistema de oportunidades que México ofrece a los niños, niñas y adolescentes todavía existe.

La semana pasada se aprobó en el Senado una importante reforma, que nadie comentó. Se trata de una adición a a los artículos 4 y 73 de la Constitución para reforzar los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes.

Esta reforma, que ya había sido aprobada por la Cámara de Diputados en octubre pasado, fue aprobada con modificaciones el pasado 31 de marzo por la Cámara de Senadores, por lo que deberá volver a la Cámara de Orígen para que sea definitivamente aprobada por el Congreso y pase a las legislaturas para su incorporación en la Constitución.

Se trata de una reforma importante que adecua las normas constitucionales con las obligaciones internacionales en lo que se refiere a los derechos de los niños, se establece como principio fundamental el interés superior del niño y la exigibilidad de que todas las tareas del Estado sean realizadas de acuerdo con éste. Asimismo, la reforma plantea que el Congreso podrá expedir leyes concurrentes para que la Federación, los estados y los municipios se coordinen en cuanto a los derechos de los niños. Ello, en conexión con la reciente reforma de Derechos Humanos, hará que los derechos de los niños y las niñas sean un objetivo prioritario en el diseño de las políticas públicas, que sean vinculantes de manera inmediata, que sean progresivos y que sean exigibles a través de mecanismos jurisdiccionales. Estas son buenas noticias.

Desde 1990 la Convención sobre Derechos de los Niños es obligatoria en México, en ella, se introducen dos cambios muy importantes: 1) los niños dejan de ser víctimas que proteger, para convertirse en sujetos de derechos y 2) dejan de ser el colectivo protegido “la niñez” para tener autonomía “el niño, la niña, el/la adolescente”. Si bien es cierto, que por su minoría de edad, los niños y las niñas no pueden por sí mismos ejercer sus derechos, pero ello no es óbice de su disfrute. Los niños son seres humanos, por tanto, iguales en dignidad y derechos que los adultos, la incapacidad de ejercicio no los hace distintos en dignidad e individualidad. La Convención –y la reforma que comento- reconoce una serie de derechos que deben ser respetados, protegidos y garantizados a todos los niños y las niñas, y establece que todas las medidas adoptadas por el Estado deben tener en consideración el interés superior del niño. El Estado deja de ser un mero garante de la seguridad de los niños y las niñas, para convertirse en un verdadero promotor de sus derechos.

Los padres y tutores tienen también el deber de cuidar el bienestar y los derechos de los niños y las niñas. Efectivamente, los padres no son dueños de sus hijos, aunque sean quienes ejercen la patria potestad y por tanto sean sus representantes, las madres y padres tienen el deber de respetar sus libertades y derechos y el Estado tiene la obligación de promoverlos y hacerlos respetar. La Convención protege a los niños, cuando es necesario, frente a sus padres, sus tutores o cualesquiera otros adultos que puedan abusar de ellos o no respetar sus derechos. Siempre, frente a todo, se encuentran en primer lugar los derechos de los niños y las niñas y su interés superior. Esto no implica que el Estado vaya a decidir por los padres, implica que los niños y las niñas estarán siempre protegidos de los abusos que en nombre del “derecho natural de los padres” pudieran cometerse. Uno de los derechos fundamentales que protege la Convención es el derecho a la familia y el derecho de los niños a crecer con sus padres.

En México todos estos derechos de la Convención son obligatorios por la vía del artículo 133 constitucional que incorpora al sistema jurídico los tratados internacionales, y por la vía del artículo 4to. constitucional. Sin embargo, parece que se trata de derechos en el papel, cartas de buenas intenciones. Cuando leemos las cifras de jóvenes sin oportunidades, de jóvenes catalogados como NiNis, estamos leyendo sobre el fracaso de México para proporcionar oportunidades y para respetar la dignidad y los derechos de nuestros niños y niñas.

Sabemos que para aspirar a un buen aprendizaje, se necesita salud y una buena alimentación, inclusive desde el periodo prenatal. Sabemos que para aspirar a una buena educación, se requieren maestros preparados y escuelas dignas. ¿Qué hace México por sus niños y niñas en estos rubros? No mucho.

Entre los derechos que la Convención reconoce se encuentran los derechos a la salud, a la alimentación y a la educación, a una vida libre de violencia y discriminación, a la familia, a un medio ambiente sano, al juego y el esparcimiento. Es importante entender que los derechos, todos, parten de la dignidad de los niños y que forman una cadena de funcionalidad. Se necesitan unos derechos para hacer funcionales a los otros, están interconectados. La Convención parte del principio básico de que todos los niños tienen derecho a “crecer, aprender y desarrollarse”, para ello el Estado tiene la obligación de diseñar e implementar una estructura básica donde estos derechos se hagan realidad. No basta con reconocerlos aprobando un tratado, no basta con llevarlos a la norma fundamental, ni con crear leyes generales. Hace falta voluntad política y social para hacer realidad los derechos de las niñas, los niños y los adolescentes en México.

Me sorprende escuchar muy poco sobre el tema de desarrollo y educación de niños y niñas en las incipientes propuestas electorales rumbo al 2012. Pienso que este es el tema crucial para las próximas elecciones. México no puede seguir soslayando la desigualdad con que inician sus vidas las niñas y los niños, es ahí en donde se encuentra la solución a un gran número de nuestros problemas, no en las balas y los tanques, no en reducir el número de curules, ni en poder comprar anuncios de TV para apoyar a un partido político.

Por ello, espero que al haber insistido en reformar la Constitución para hacer realidad, al menos normativamente, los derechos de los niños y las niñas de México, nuestros legisladores estén conscientes de este fracaso y sus partidos asuman esta responsabilidad. Esperamos sus propuestas.

Es mucho lo que México debe a sus jóvenes, qué tal si dejamos de endeudarnos con cada nueva generación y comenzamos por darles a los niños y las niñas de hoy lo que merecen: IGUALDAD DE OPORTUNIDADES y CALIDAD EDUCATIVA.

¿Será mucho pedir?

Aquí una propuesta ciudadana para mejorar la educación en México, únete y participa, es crucial.

Acá el sitio de Educación a Debate, una propuesta periodística que busca contribuir a la discusión, evaluación, análisis e información de los temas educativos del país.

Lazos es una propuesta privada, donde yo participo como madrina desde 1997, desde entonces 4 ahijados han terminado la primaria.