No nos pararán las vallas, el día después del 8M

Redacción Animal Político · 9 de marzo de 2022

No nos pararán las vallas, el día después del 8M

Los cambios más importantes que el mundo ha visto en favor de la justicia y la igualdad se han dado gracias a la fuerza de los movimientos sociales. Si pensamos, por ejemplo, en la región y en cómo se ganó el derecho al voto para las mujeres, el derecho a la interrupción legal del embarazo, los derechos laborales para personas trabajadoras del hogar o el principio de paridad en la política institucional, en todos ellos podemos ver la fuerza histórica de los movimientos sociales de mujeres, de los movimientos feministas, como gran catalizador del cambio social, cultural o detonante para la modificación de normas y políticas públicas.     

Desde los feminismos seguimos abonando a la construcción de movimiento y a la formación de liderazgos sociales como una apuesta política vigente para cerrar las brechas de desigualdad, para lograr que las mujeres en todos sus contextos levanten la voz y demanden sus derechos, pero también para proponer cambios que cuestionen a los sistemas actuales y generen transformaciones colectivas que den paso a la construcción de otros mundos posibles, donde quepamos todas, todes y todos.   

La consolidación y visibilización de estos movimientos es inspiración y resistencia, en un sistema que promueve el individualismo y la competencia por encima de lo colectivo. Los movimientos lidian con la precarización de la vida, y una mayor demanda por la provisión de servicios o por la elaboración de proyectos sociales de impactos tangibles en el corto tiempo. Pero a pesar de esto, han desarrollado formas creativas para tratar de atenderlas, para enfrentar las emergencias como la del COVID-19 y, aun así, salir fortalecidos.  

Los movimientos sociales cuestionan las estructuras de poder, pero el movimiento feminista en específico se basa en entender cómo operan estas estructuras de poder, en especial las patriarcales, tanto en el espacio público como en el privado, y cómo estas se intersectan con otras tales como clase social, etnicidad, edad, preferencia sexual, etcétera. Hoy la fuerza de los movimientos feministas es innegable.

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Ayer 8M, Día Internacional de la Mujer, el movimiento feminista volvió a mostrar su fuerza, su potencia, su resistencia creativa, su resistencia festiva. Un movimiento diverso, imparable ante las amenazas y las murallas del Estado, en donde miles de mujeres salimos a tomar las calles, a tomar el espacio público, porque ese también es nuestro. Demostramos una vez más la legitimidad de las demandas y las luchas feministas, salimos a bailar, a gritar, a llorar, a abrazarnos después de un largo tiempo, pero sobre todo salimos para exigir colectivamente igualdad y justicia. Mujeres diversas, mujeres trans, mujeres indígenas, mujeres afros, mujeres jóvenes, viejas, anarcas, niñas, todas, todas juntas, cuidándonos unas a otras, y estremeciéndonos en el poder de las palabras, las demandas y las consignas que coro a coro se fueron enunciando. 

Este 8 de marzo, nos manifestamos de diversas maneras, algunas en las calles, otras cuidando o trabajando, pero todas en pie de lucha para demandar los cambios sustantivos que necesitamos para lograr que los cuidados sean corresponsables no solo al interior de las familias, sino entre el Estado, el mercado y la sociedad. Gozar plenamente de nuestros derechos sexuales y reproductivos, abrazar la diversidad, para tener mejores condiciones laborales y salarios dignos, por visibilizar las luchas de nuestras hermanas que defienden la tierra y el territorio, por eliminar la violencia machista, los feminicidios y un largo etcétera. 

Hoy volvimos a demostrar que somos fuerza, que somos miles y que somos todas, después de ayer, seguimos aquí, cada una desde su trinchera, pero tejiendo redes, tejiendo resistencias, tejiendo fino, para seguir desmantelando las estructuras patriarcales y de desigualdad que nos oprimen. Así seguiremos hasta conseguirlo, y ahí en las calles de las que ya están borrando nuestro paso, nos volveremos a encontrar, porque nunca volverán a gozar de la comodidad de nuestro silencio.

* Feminista, antropóloga y directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.