No me emociona votar. ¿A ustedes si?

blogeditor · 7 de abril de 2015

No me emociona votar. ¿A ustedes si?

Por: Raúl Méndez (@rulwolf)

“¿Y qué hace el santo en la urna?”, preguntó Zaratrustra. El santo respondió: “Hago democracia y ejerzo mi derecho; y al hacerlo río, lloro y gruño, así soy un ciudadano”.

Cantando, llorando, riendo y gruñendo me conduzco como ciudadano de mi país. Mas, ¿qué propuesta es la que tú nos traes?

Cuando Zaratrustra hubo oído estas palabras saludó al santo y dijo: “¡Qué podría yo proponerles a ustedes!, ¡pero déjame irme a prisa, para que no les quite nada!”, y así se separaron, el ciudadano y el hombre, riendo como ríen dos muchachos.

Mas cuando Zaratrustra estuvo solo, posteó así en su Facebook: “¡Será posible!, ¡este ciudadano santo en sus notificaciones no ha visto todavía que El Voto ha muerto!”.

Cuando alguien dice que no quiere ir a votar, el motivo para esto es el de estar “decepcionado”, haber “perdido la confianza en el sistema”, que “no cree” en las elecciones. El voto se vuelve un asunto de las entrañas y entra al fluctuante terreno de las convicciones.

En el año 2013 Chile tuvo elecciones presidenciales y también de parlamento. En LEXIA no nos quisimos quedar con las ganas de inspeccionar cómo vivían su proceso los habitantes del país que vio nacer a Nicanor Parra, así que entrevistamos a una joven chilena días después de haber votado por primera vez.

Me desperté a las 8 de la mañana a votar y pensando si iba o no iba a votar todavía, porque no estaba segura. Descartando opciones, me levanté, tomé desayuno, y me iba a ir en bicicleta a votar porque me queda muy cerca y pensando con esa ansia de primera vez.

Mi voto ya lo había decidido antes, lo vi y marqué, no pensé si quiero otro, si estoy segura… sí, no tenía mucho conocimiento de los senadores y los consejeros regionales, entonces marqué los que había visto por los letreros, que eran amigos de un amigo y así.

¡Fue emocionante, fue gratificante participar de algo tan importante como elegir a un presidente!

(Joven chilena, estudiante de Pedagogía).

“Pensar con esa ansia” es como se resume la experiencia del voto. Es un acto emocional, instintivo, se ríe, se llora, se gruñe. Si bien implica un conocimiento y deliberación, la decisión está marcada por la influencia de amistades, familiares, valores y, siendo sinceros, de simpatías y antipatías. Desde la teoría del Behavioral Economics se puede decir que si las encuestas se responden con el Sistema 2 (reflexivo), el voto se ejerce con el Sistema 1 (instintivo, emocional).

El próximo 7 de junio México tiene elecciones intermedias donde se elegirán diputados y en algunos estados gobernadores y ayuntamientos1. Llegamos a estas elecciones sin desear votar.

En LEXIA hemos dado seguimiento a la situación emocional de México. Desde enero 2014 hablábamos de la ansiedad del país por conocer cuándo se verían las mejoras de las Reformas Estructurales2, llegamos al Mundial y vimos la tristeza e impotencia que una vez más se marcaba como el distintivo del destino de México3,4. Tras el caso Ayotzinapa notamos un generalizado sentimiento de desconfianza, enojo y llana desilusión5.

[contextly_sidebar id=”RieeTZ1iJsgUBwbJI4Hr43fHreYBz2uh”]Con esta mezcla de sentimientos somos convocados a participar del proceso electoral y nuestra respuesta es ¿para qué? Votar es un evento nihilista, una vacuidad de efectividad, “todo ya está arreglado”, “siempre ganan los mismos”. Desconfiamos de promesas y campañas, sabemos que “todos roban, aunque sea poquito”, y “que nunca nos cumplen”.

No se habla del “voto emocional” o votar porque una determinada campaña apeló a los niños, a los pobres, a los más vulnerables. Votar en sí mismo es un acto ligado a las emociones. Si no me emociona votar no hay razón para escoger un partido ni candidato y ni siquiera para acudir a las urnas. Lo que hace falta es que se generen vínculos emocionales entre el electorado por una parte y los partidos y candidatos por otra.

Héctor Suárez señala esto de forma sarcástica con su personaje Don Justo Verdad al defender irónicamente las candidaturas y cargos públicos de representantes de la farándula y los deportes, pues son personajes entrañables y emocionalmente más cercanos a la gente.

“Don Justo Verdad defiende las candidaturas de Lagrimita, Quico y Cuauhtémoc Blanco”

El riesgo de estas elecciones es que las propuestas efectivas, la viabilidad de las mismas y la decisión informada pase a segundo plano. Se viene un periodo desde ahora y hasta el cierre de campañas en el que los partidos intentarán conectar emocionalmente con los votantes, hacer que el voto nos emocione. Por nuestra parte los mexicanos tenemos el reto de no dejar convencernos por emociones e imagen, no llegar a las urnas recordando sólo las propuestas que más vimos “en los letreros”.

¿Será que los partidos políticos tienen el reto más fácil? ¿A los candidatos les emocionará la contienda?

 

* Rául Méndez es Antropólogo social por la UAM-Iztapalapa con especialización en cultura y antropología simbólica, galardonado con la medalla al Mérito Universitario. Investigador de LEXIA desde 2011, donde conformó la primer área de Insights Management en México dedicada a la gestión del conocimiento e inteligencia bajo un modelo de consultoría.

 

 

Notas:

1 Poder Judicial de la Nación. Calendario electoral 2015 . Disponible aquí.

2 Méndez, Raúl. La q-esta de enero. Publicado el 16 de enero de 2014. Disponible aquí.

3 Ross, Aline, Guerra zombie, la guerra contra nosotros mismos. Publicado el 4 de julio de 2014. Disponible aquí.

4 Barrita, Yolanda. El laberinto del no era penal. Publicado el 17 de julio de 2014. Disponible aquí.

5 Méndez, Raúl. Zombis, pastores y otras ilusiones aplastadas. Publicado el 31 de octubre de 2015. Disponible aquí.