Redacción Animal Político · 15 de mayo de 2024
El personal médico tiene la obligación de no hacer daño de manera intencional. Esto no sólo se manifiesta al egresar, cuando realizan el juramento hipocrático, sino desde que ingresan a las aulas y comienzan su formación: con sus conocimientos en anatomía, bioquímica, farmacología, etc., adquieren los conocimientos y la habilidad de hacer daño a otra persona, pero no lo hacen porque, a partir de sus valores y principios (principio básico de todo sistema moral, bonum est faciendum et malum vitandum: hacer el bien y evitar el mal) sabe que sus conocimientos son para curar, ayudar y servir a sus semejantes. Lo anterior debe quedar claro para quienes desean estudiar una carrera relacionada con la salud.
Este tipo de personal debe considerar no sólo quedarse con el conocimiento adquirido en la universidad, sino que es importante mantener actualizados sus conocimientos mediante la educación continua (cursos, congresos, participar en sociedades académicas, colegios, artículos científicos, etc.), todo aquello que pueda ampliar sus conocimientos y realizar aquello para lo cual se está capacitado; que el dinero no sea el único motor de la práctica médica. Estamos formados para desarrollar ciertos procedimientos y no debemos realizar aquellos para los cuales no hemos sido capacitados o sólo de manera parcial (diplomados o cursos de capacitación) que, si bien nos sirven para actualizarnos, no nos garantiza que tengamos el conocimiento teórico y práctico suficiente para ejercerlos en la práctica médica. Debemos conocer nuestras limitaciones para referir con especialistas a aquellos pacientes a quienes no podemos atender porque carecemos de los conocimientos necesarios. Por ello es importante recordar la ética de Aristóteles, quien plantea la relación que guardan las virtudes entre sí y con los vicios, como el término medio entre dos vicios. Ejemplo de ello es el coraje que se encuentra entre los extremos de la cobardía y la temeridad, no siendo cobardes en el ejercicio médico porque para ello se han formado, pero sin ser temerarios para realizar actos médicos para los cuales no fuimos formados (en cuyo caso sería mejor referir).
En 1930, sir David Ross escribió el libro The right and the good donde se plantea que la vida moral es aquella que se constituye en los principios básicos que los seres humanos consideran, inicialmente, obligatorios (o prima facie). La no maleficencia es uno de los cuatro principios del principialismo bioético de Beauchamp y Childress, que se presentaron publicados en su libro Principles of biomedical ethics. Pero éste no fue el primer momento de aparición de este concepto, ya que la no maleficencia es el principio más importante de la Antigüedad.
Diego Gracia sostiene que el principio de no maleficencia es el fundamento de la ética médica, siendo este principio el básico de todo el sistema moral. Es prudente recordar que las reglas típicas referidas al principio de no maleficencia son las siguientes:
La no maleficencia aprueba, en lugar de rechazar, la realización de juicios con relación a la calidad de vida. Los daños físicos, incluyendo el dolor, la discapacidad y la muerte, sin negar la importancia de los daños mentales y las lesiones de otros intereses. William K. Frankena, citado por Ricardo Páez Moreno, en su artículo “La riqueza del principio de no maleficencia”, une las obligaciones generales de la no maleficencia con la beneficencia en los siguientes puntos:
Desde la postura de la bioética clínica y social, la no maleficencia debe ser visto como el principio que privilegia el no abandono del paciente, tener la precaución de los actos médicos por realizar (seguridad del paciente) y la responsabilidad que debe existir por parte de los profesionales y de las instituciones de salud. En el ámbito de la práctica médica se puede cometer un error en el tratamiento que ponga en riesgo la vida de la persona. La seguridad del paciente, bajo el lema de “ante todo no hacer daño”, tiene como objetivo global crear estrategias para reducir la incidencia de enfermedades y muertes asociadas directamente con la atención en salud.
Reconocer el riesgo desde la visión bioética permite que se pueda dar respuesta al manejo de los riesgos dentro de la atención médica y que su comprensión sea un análisis de la información, fundamentado no sólo desde el punto de vista biomédico. Cualquier acto médico en el que se demuestre la mala práctica clínica está incurriendo en el principio de la no maleficencia, pudiendo ser no sólo por fallas técnicas, sino también en el desempeño profesional, sin observar el principio de autonomía y los derechos humanos del paciente como un deber de los profesionales de la salud.
Por lo tanto, es posible cuestionar si el error en la atención medica es evitable. No existe una respuesta única y es necesario considerar varios factores: el profesional de salud debe desarrollar su labor basado en la evidencia para que la medicina sea considerada una ciencia y no sólo una práctica. Para que esto pueda ser una constante es necesario practicar una medicina con técnica y ciencia y que el personal médico adopte una actitud favorable con una buena relación médico-paciente, privilegiando la comunicación, la empatía y los intereses del paciente.
* José Eduardo Orellana Centeno es médico estomatólogo, especialista en Bioética; maestro en Salud Pública y doctor en Educación. Se desempeña como profesor investigador, tiempo completo, en la Universidad de la Sierra Sur (UNSIS) y es candidato del Sistema Nacional de Investigación; es profesor de tiempo completo (Programa para el Desarrollo Profesional Docente – PRODEP), coordinador del Cuerpo Académico, en Consolidación Inter y Transdisciplinariedad en las Ciencias de la Salud, y miembro activo de las sociedades Nacional de Investigadores en Odontología y Mexicana de Salud Pública, y del Consejo Nacional de Cuerpos Académicos de Odontología. Roxana Nayeli Guerrero Sotelo es licenciada en Derecho, pasante de la licenciatura en Filosofía, maestra en Derecho y doctora en Procesos Políticos; es profesora investigadora de tiempo completo en la UNSIS; es PRODEP y miembro del Cuerpo Académico en Consolidación Inter y Transdisciplinariedad en las Ciencias de la Salud. Verónica Morales Castillo es médico cirujano con especialidad en medicina familiar y estudiante de la especialidad de Bioética, así como maestra en Administración y doctora en Alta Dirección y Organización de Sistemas de Salud; es médico familiar del Instituto Mexicano del Seguro Social, del Hospital Gea González/Medicina Familiar y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, en Rioverde, San Luis Potosí.
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Referencias:
Koepsell, D.R., M. H. Ruiz de Chávez. 2015. Ética de la investigación, integridad científica. México: Comisión Nacional de Bioética, Secretaría de Salud.